Atención, spoilers (y II)

Un amigo músico me decía que lo más importante al interpretar una pieza era el principio y el final. Lo demás es muy importante —teóricamente igual de importante, es el desarrollo y todo eso—, pero el público tiene una especial reacción en esos dos momentos, y especialmente en el final.

Cualquier avezado trequi recordará All good things [1. Capítulo doble final de la serie Star Trek: La nueva generación.] como uno de los mejores finales (si no el mejor) de todas las series de todos los tiempos. Da igual lo pésimas que fueron las dos o tres primeras temporadas. Uno acaba llorando a moco tendido, no hay nada que resolver y el capítulo es soberbio. Qué más se puede pedir.

Los series finale en la ciencia ficción americana (excepto en las canceladas prematuramente, claro) son tradicionalmente recopilatorios; la acción ya ha terminado o poco le falta, los problemas se han resuelto y sólo queda el broche final. La guinda del pastel, el remate, el colofón, llamémoslo como queramos. En esta tradición tenemos los finales de Voyager, Enterprise o Babylon 5, y por supuesto, de Espacio Profundo Nueve.

Ronald D. Moore fue coproductor ejecutivo o supervisor de producción en 128 episodios de Deep Space Nine de 1994 a 1999. Escribió 30 de esos episodios, y además fue coguionista de All good things (y de otros 27 capítulos de TNG[2. Título abreviado de La nueva generación: The Next Generation.]). El curriculum es impresionante, y yo ya lo conocía.

La decepción, pues, una vez visto el final de Battlestar Galactica fue doble, o triple. La estructura del guión estaba clara, y aquí debo hablar del paralelismo entre DS9 [3. Título abreviado de Star Trek: Deep Space Nine.] y BSG: había que hacer fundamentalmente dos cosas. La primera y más importante, cerrar las cuestiones que habían quedado sin resolver en la frenética cuarta temporada; qué o quien eran Starbuck, Seis y Baltar (los otros Seis y Baltar), cuál era el papel de Hera en todo este estrafalario y onírico escenario, a dónde se dirigía la humanidad y cuál sería su futuro, el líder moribundo y el teatro de la ópera, el destino de Anders…

La segunda era despedir a los personajes de sus devotos fans, tras cuatro temporadas sufriendo el negro y abrasador destino de cuarenta mil desahuciados vagando por el universo como almas en pena.

Ni que decir tiene que ninguna de las tareas a completar llegó a buen término. No tengo que contar nada; nada se resolvió (satisfactoriamente). Lo de los angelitos fue una solución rápida y fácil a un berenjenal filosófico-astrológico con demasiadas pretensiones. La muerte de Laura Roslin me recordó mucho el entierro de Kirk a manos de Picard en Generations.

Me quedo con la bonita historia del padre de Gaius Baltar y la entrañable Seis, y el conmovedor relato de la muerte de la familia de Roslin, y vuelvo a recordar mi serie de ciencia ficción favorita. El final de la guerra del Dominio, el genocidio de ochocientos millones de cardassianos por orden de La Fundadora; Romulanos, Klingons y humanos contra Jem’Hadar y Breen, la curación de los metamorfos, el sacrificio del Emisario para confinar a los Pah’Wraith, las historias de amor y amistad de Miles O’Brien y Julian Bashir y Ezri Dax, la marcha de Sisko, la grandiosa despedida en el local de Vic Fontaine en la holosección, la soledad de Kira Nerys tras la marcha de Odo. Y tantas otras que en ese espectacular episodio de hora y media escasa dejan en bragas a la mejor serie de ciencia ficción de la historia.

Por eso DS9 es mi serie favorita de ciencia ficción. Porque después de siete temporadas no pude contener las lágrimas en sólo una hora y media. Porque mientras veía alejarse la estación, Kira y Jake me estaban mirando a mí, que era el que realmente se iba. Ellos siguen allí.

Ronald D. Moore intentó atrapar nuestro corazón de la misma manera en BSG. Es lo que no le perdono, que no lo consiguiera.

Creo que Espacio Profundo fue la serie que llevó a Star Trek lo más lejos que podía llegar. Está La Serie Original, que es una referencia y que marcó la pauta, cambiando la manera en que la ciencia ficción se presentaba en la televisión, al menos la basada en el espacio. Entonces vino La Nueva Generación, la cual, pese a todos sus legítimos logros, no dejaba de ser una variación del original, era aún parecida. Vale, era otra nave, era otro capitán, era diferente, pero era una variación del original. Entonces llegó Espacio Profundo, y jugó la partida de otra manera. Dijo ‘vale, ¿tú crees que sabes lo que es Star Trek?’ Pongámosla en una estación espacial, y hagámosla más oscura y hagamos una historia continua, y desafiemos al espectador continuamente sobre lo que significa este icono americano [Star Trek]. Pienso que fue el último logro de la franquicia. Personalmente creo que es la mejor serie de todas, una maravillosa obra”. Ronald D. Moore, 2002

PD. SciFi España ha anunciado que estrena la segunda parte de la cuarta temporada de BSG el 11 de junio. Cariñosamente, que les den por culo.