Exabruptos

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Es tan des­ca­be­llado creer que las ca­tás­tro­fes na­tu­ra­les se de­ben a la vo­lun­tad de Dios como creer que la pro­pia na­tu­ra­leza tiene vo­lun­tad al­guna. ¿Por qué lo pri­mero está mal visto y lo se­gundo no?

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Últi­ma­mente en la prensa, quiero creer que in­cons­cien­te­mente, se da a en­ten­der que las di­sen­sio­nes en­tre cien­tí­fi­cos en de­ter­mi­na­das cues­tio­nes (por po­ner un ejem­plo re­ciente, so­bre las bac­te­rias que pue­den vi­vir en amo­níaco) su­po­nen una merma de cre­di­bi­li­dad en el mé­todo o una grieta en el edi­fi­cio aca­dé­mico. La base de la cien­cia mo­derna es la fal­sa­bi­li­dad de sus teo­rías, y el de­bate cien­tí­fico, cons­tante y en oca­sio­nes vehe­mente, el ci­miento de su va­li­dez. El trato pe­rio­dís­tico que en oca­sio­nes —de­ma­sia­das — se da a las no­ti­cias so­bre cien­cia la equi­para a la po­lí­tica o, peor aún, al co­ra­zón, como si exis­tiera al­guna si­mi­li­tud en­tre ellas. No ol­vi­de­mos que el ob­je­tivo de la re­tó­rica es con­ven­cer y el de la fi­lo­so­fía lle­gar al co­no­ci­miento. Pues eso. En­con­trar una bac­te­ria no es lo mismo que en­con­trar un no­vio, mis que­ri­dos cha­far­de­ros. Aplí­quense en apren­der a es­cri­bir sin fal­tas de or­to­gra­fía y en no dar opi­nio­nes so­bre cien­cia. (Y so­bre tan­tas otras co­sas im­por­tan­tes que a buen se­guro des­co­no­cen). Ah, y de­jen de una santa vez de lla­mar La má­quina de Dios al LHC.

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El es­cep­ti­cismo or­to­doxo, como to­dos los fundamentalismos, nos des­poja de la fan­ta­sía y por tanto de la ca­pa­ci­dad de ma­ne­jar im­po­si­bles. Sin esa ca­pa­ci­dad arrin­co­na­mos la ha­bi­li­dad para tra­ba­jar fuera de la caja y nos con­ver­ti­mos hoy en los con­ser­va­do­res de ma­ñana. En nue­vos di­no­sau­rios, que se ex­tin­gui­rán tal como se ex­tin­guie­ron. Y no me ma­lin­ter­pre­ten; esto no tiene nada que ver con la po­wer balance.

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Pa­garé con gusto un viaje en el tiempo —en el pre­ciso mo­mento en el que la má­quina esté dis­po­ni­ble— a to­dos esos nos­tál­gi­cos de épo­cas pa­sa­das que por su­puesto no han vi­vido. Con una sola con­di­ción: no traer­los de vuelta hasta que po­da­mos oír sus sú­pli­cas y sus la­men­tos desde allá donde se encuentren.

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Di­ga­mos que como buen amante de la cien­cia fic­ción, lo único que me im­porta es lo que se me ave­cina. Sé que para mi sa­lud men­tal es im­por­tante mi­rar ha­cia ade­lante, sin re­go­dearme en mis fa­llos o arre­pen­tirme de mis ac­tos pasados.

Por ello, y sin acri­tud, me im­porta un bledo la His­to­ria, y mu­cho más cuando está más que visto que no nos ayuda en ab­so­luto a co­rre­gir nues­tros errores, ni nos hace ca­pa­ces de apren­der de ellos. El uso — siem­pre, no nos en­ga­ñe­mos— tor­ti­cero de esa His­to­ria, la tra­di­ción y la costumbre, lo único que con­si­gue es con­ta­mi­nar nues­tra per­cep­ción del mundo y em­pon­zo­ñar la re­la­ción con nues­tro pró­jimo, ha­cer enemi­gos donde no los hay y lle­nar nues­tra vida de fan­tas­mas y de muertos.

Mien­tras no po­da­mos cam­biarlo, el pa­sado no existe. A la mierda lo que sólo sirve para amordazarnos.

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Y no soy un cien­tí­fico, al me­nos al uso. Y el in­sulto a la in­te­li­gen­cia me en­fu­rece. Me explico.

Mi ac­ti­vi­dad como lec­tor de blogs y de me­dios tra­di­cio­na­les (en in­ter­net) es di­la­tada. No tengo pre­fe­ren­cia por la orien­ta­ción ideo­ló­gica de las per­so­nas que es­cri­ben siem­pre que no in­ten­ten en­ga­ñarme ni –como dije an­tes– in­sul­tar a mi inteligencia.

No suelo co­men­tar en bi­tá­co­ras (mu­cho me­nos en las de los pe­rió­di­cos) y si al­guna vez lo he he­cho, ha sido para co­rre­gir al­guna inexac­ti­tud o para ex­pre­sar mi ra­zo­nada opi­nión con­tra­ria a al­gún ar­gu­mento con el que dis­crepo pro­fun­da­mente. Nada ex­traño, a mi modo de ver.

Pues bien, aun­que pa­rezca una pe­ro­gru­llada, sólo en­cuen­tro ac­ti­tu­des po­si­ti­vas en blogs cien­tí­fi­cos o de­di­ca­dos a la di­vul­ga­ción de la cien­cia. Sólo en ellos he ha­llado per­so­nas ca­pa­ces de dis­cu­tir con ama­bi­li­dad pun­tos de vista con­tra­rios a los pro­pios, con es­pí­ritu cons­truc­tivo. Nunca con con­des­cen­den­cia ni con su­fi­cien­cia. Son si­tios donde el lec­tor se siente có­modo par­ti­ci­pando, donde las du­das que se plan­tean se dis­cu­ten sin pre­jui­cios y donde se co­la­bora en el plan­tea­miento y la re­so­lu­ción de cues­tio­nes que preo­cu­pan al pú­blico que vi­sita el sitio.

Por des­gra­cia, no en to­dos los blogs se pro­cede del mismo modo. La­men­ta­ble­mente. El con­tra­punto lo dan los blogs ideo­ló­gi­ca­mente orien­ta­dos. Sue­len ser si­tios donde los lec­to­res y el/los autor/es se de­di­can a do­rarse las res­pec­ti­vas píl­do­ras hasta la náu­sea, ca­li­fi­cando de troll (como poco) a todo aquél que ama­ble­mente dis­crepa de sus pon­ti­fi­ca­les te­sis, no tie­nen su mismo sen­tido del hu­mor u osan co­rre­gir una inexac­ti­tud evi­dente en al­guno de sus es­cri­tos (no me pre­gun­ten por qué los leo; quizá al­guna vez pu­bli­ca­ron algo que me pa­re­ció in­tere­sante y no los he bo­rrado del lec­tor de feeds, qué se yo).

Así, es ab­so­lu­ta­mente im­po­si­ble man­te­ner una con­ver­sa­ción me­dia­na­mente in­te­li­gente so­bre el aborto o los to­ros en una bi­tá­cora de orien­ta­ción pro­gre­sista o so­bre el ma­tri­mo­nio ho­mo­se­xual o el cam­bio cli­má­tico en uno con­ser­va­dor. Es como in­ten­tar dis­cu­tir so­bre la Teo­ría de la Evo­lu­ción en un foro de cris­tia­nos evan­gé­li­cos. Al me­nos ellos van a las cla­ras y no pre­su­men de intelectuales.

Tanto la re­li­gión como el ateísmo son cues­tio­nes de fe. Y la cien­cia, le­jos de ne­gar una o afir­mar la otra, lo único que hace es pres­cin­dir de ellas para avanzar.

Como pue­den leer en esta en­trada de Wi­red, Obama acaba de can­ce­lar el pro­grama Cons­te­lla­tion. En 2020 no ha­brá na­die en la Luna. Es­toy de­solado, y no es de broma. Cada día me siento más ajeno al gé­nero hu­mano. Que lo vis­tan de lo que sea, que lo jus­ti­fi­quen di­ciendo que es lo mismo que hace cin­cuenta años. Lo que hay que ha­cer es lle­gar, y que­darse, como de­bían ha­ber he­cho hace cua­renta. Sigo con­ven­cido de que hoy nos can­ta­ría otro ga­llo. Mejor.

Esto sí que es un acon­te­ci­miento pla­ne­ta­rio, Pa­jín.

Al me­nos queda la em­presa pri­vada, o eso dice el Pre­si­dente. Desde este mo­mento de­po­sito mis es­pe­ran­zas en Vir­gin Ga­lac­tic.

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Nues­tro go­bierno ha con­se­guido dos hi­tos his­tó­ri­cos: el pri­mero, po­ner de acuerdo —en su con­tra— a una buena parte del elec­to­rado pen­sante de iz­quierda y de­re­cha; el se­gundo, que yo miente la po­lí­tica abier­ta­mente en este blog.

Nuesto go­bierno quiere apro­bar una ley que cons­ti­tuye el ma­yor atro­pe­llo a la li­ber­tad y los de­re­chos fun­da­men­ta­les de toda la de­mo­cra­cia, sólo su­pe­rada por el frus­trado golpe de es­tado de fe­brero de 1981 y la fra­ca­sada Ley Cor­cuera, más co­no­cida por la Ley de la pa­tada en la puerta.

No solo es una ley mons­truosa por lo que sig­ni­fica, —que en la prác­tica cual­quier web po­drá ser ce­rrada si la co­mi­sión creada al efecto lo con­si­dera opor­tuno— sino por el agra­vio com­pa­ra­tivo que su­pone pri­mar un su­puesto de­lito (con­tra la pro­pie­dad in­te­lec­tual) frente a la in­mensa ma­yo­ría del resto de ellos. Y digo su­puesto por­que las webs de en­la­ces, que son las su­pues­tas víc­ti­mas de la nueva ley, hasta el día de la fe­cha han ga­nado prác­ti­ca­mente to­dos los jui­cios a los que se han visto sometidas.

No en­tro a va­lo­rar nues­tras le­yes de pro­pie­dad in­te­lec­tual, ni el su­puesto pro­blema de las des­car­gas, por­que ya me he sa­lido bas­tante de la lí­nea edi­to­rial de mi blog. Para eso hay mi­les de fo­ros más pre­pa­ra­dos y ame­nos. Pero a lo que no es­toy dis­puesto es a que pi­so­teen y ame­na­cen mis li­ber­ta­des con el pre­texto de que su in­dus­tria se hunde.

Cuando to­dos sa­ben que la in­dus­tria real­mente se hunde ha­ciendo co­sas como esta.

Y si quie­ren más in­for­ma­ción pue­den leer esto.

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A mí del có­mic el que me gusta es Moe­bius, que es un ca­chondo. Lo último que me leí de Frank Mi­ller fue hace casi veinte años –Bat­man año uno, creo – , y por su­puesto no ha­bía ca­tado ni me­dia de la magna obra de Moore y Gib­bons. Y el otro día me la al­quilé. La pe­lí­cula del año, tras El Ca­ba­llero Os­curo, decían.

Lle­ga­dos a este punto, debo acla­rar que yo veo, oigo y leo cien­cia fic­ción y su­per­hé­roes por­que soy un mi­li­tante, está en mi ADN. Es de­cir, leía los vo­lú­me­nes ca­pa­dos de la Mar­vel de Edi­cio­nes Vér­tice, me sa­lió el ve­llo pú­bico mien­tras veía El Im­pe­rio Con­tra­ataca y me en­ce­rraba en el baño con Ghita de Ali­zarr. Esto lo digo por­que el he­cho de que me tra­gue to­das las fri­ca­das que lle­gan a mis ma­nos, no quiere de­cir que no dis­tinga la ca­li­dad de lo que veo o leo. (Por cierto, he de­jado de ver Plu­tón).

A lo que iba. Que dejé de leer có­mics. Eran muy ca­ros, ade­más. Ne­ce­si­taba el di­nero para cubatas.

Leer lo que un per­so­naje piensa en cada vi­ñeta de cada pá­gina es un co­ñazo. Eso sin con­tar que los enor­mes bo­ca­di­llos de texto de­jan poco si­tio para los di­bu­jos. Por eso no he ido a ver el Spi­rit de Frank Mi­ller. Eso es un sa­cri­le­gio. Los que amen pro­fun­da­mente a Will Eis­ner como yo me entenderán.

Todo esto es para de­cir­les que Wat­ch­men me pa­rece una pe­lí­cula pre­ten­ciosa, gran­di­lo­cuente y va­cía. Y a ve­ces, ri­dí­cula. Con su clí­max cuando un su­per­hé­roe eya­cu­la­dor pre­coz re­cu­pera su mojo al cal­zarse de nuevo el traje de Búho Noc­turno. Enorme, va­mos. Y el po­bre del Doc­tor Man­hat­tan que le deja la novia.

¡Anda ya!

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Ante la in­clu­sión en el An­te­pro­yecto de Ley de Eco­no­mía sos­te­ni­ble de mo­di­fi­ca­cio­nes le­gis­la­ti­vas que afec­tan al li­bre ejer­ci­cio de las li­ber­ta­des de ex­pre­sión, in­for­ma­ción y el de­re­cho de ac­ceso a la cul­tura a tra­vés de In­ter­net, los pe­rio­dis­tas, blog­gers, usua­rios, pro­fe­sio­na­les y crea­do­res de in­ter­net ma­ni­fes­ta­mos nues­tra firme opo­si­ción al pro­yecto, y de­cla­ra­mos que…

1.- Los de­re­chos de au­tor no pue­den si­tuarse por en­cima de los de­re­chos fun­da­men­ta­les de los ciu­da­da­nos, como el de­re­cho a la pri­va­ci­dad, a la se­gu­ri­dad, a la pre­sun­ción de inocen­cia, a la tu­tela ju­di­cial efec­tiva y a la li­ber­tad de expresión.

2.- La sus­pen­sión de de­re­chos fun­da­men­ta­les es y debe se­guir siendo com­pe­ten­cia ex­clu­siva del po­der ju­di­cial. Ni un cie­rre sin sen­ten­cia. Este an­te­pro­yecto, en con­tra de lo es­ta­ble­cido en el ar­tículo 20.5 de la Cons­ti­tu­ción, pone en ma­nos de un órgano no ju­di­cial –un or­ga­nismo de­pen­diente del mi­nis­te­rio de Cultura-, la po­tes­tad de im­pe­dir a los ciu­da­da­nos es­pa­ño­les el ac­ceso a cual­quier pá­gina web.

3.- La nueva le­gis­la­ción creará in­se­gu­ri­dad ju­rí­dica en todo el sec­tor tec­no­ló­gico es­pa­ñol, per­ju­di­cando uno de los po­cos cam­pos de desa­rro­llo y fu­turo de nues­tra eco­no­mía, en­tor­pe­ciendo la crea­ción de em­pre­sas, in­tro­du­ciendo tra­bas a la li­bre com­pe­ten­cia y ra­len­ti­zando su pro­yec­ción internacional.

4.- La nueva le­gis­la­ción pro­puesta ame­naza a los nue­vos crea­do­res y en­tor­pece la crea­ción cul­tu­ral. Con In­ter­net y los su­ce­si­vos avan­ces tec­no­ló­gi­cos se ha de­mo­cra­ti­zado ex­tra­or­di­na­ria­mente la crea­ción y emi­sión de con­te­ni­dos de todo tipo, que ya no pro­vie­nen pre­va­len­te­mente de las in­dus­trias cul­tu­ra­les tra­di­cio­na­les, sino de mul­ti­tud de fuen­tes diferentes.

5.- Los au­to­res, como to­dos los tra­ba­ja­do­res, tie­nen de­re­cho a vi­vir de su tra­bajo con nue­vas ideas crea­ti­vas, mo­de­los de ne­go­cio y ac­ti­vi­da­des aso­cia­das a sus crea­cio­nes. In­ten­tar sos­te­ner con cam­bios le­gis­la­ti­vos a una in­dus­tria ob­so­leta que no sabe adap­tarse a este nuevo en­torno no es ni justo ni rea­lista. Si su mo­delo de ne­go­cio se ba­saba en el con­trol de las co­pias de las obras y en In­ter­net no es po­si­ble sin vul­ne­rar de­re­chos fun­da­men­ta­les, de­be­rían bus­car otro modelo.

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6.- Con­si­de­ra­mos que las in­dus­trias cul­tu­ra­les ne­ce­si­tan para so­bre­vi­vir al­ter­na­ti­vas mo­der­nas, efi­ca­ces, creí­bles y ase­qui­bles y que se ade­cuen a los nue­vos usos so­cia­les, en lu­gar de li­mi­ta­cio­nes tan des­pro­por­cio­na­das como in­efi­ca­ces para el fin que di­cen perseguir.

7.- In­ter­net debe fun­cio­nar de forma li­bre y sin in­ter­fe­ren­cias po­lí­ti­cas aus­pi­cia­das por sec­to­res que pre­ten­den per­pe­tuar ob­so­le­tos mo­de­los de ne­go­cio e im­po­si­bi­li­tar que el sa­ber hu­mano siga siendo libre.

8.- Exi­gi­mos que el Go­bierno ga­ran­tice por ley la neu­tra­li­dad de la Red en Es­paña, ante cual­quier pre­sión que pueda pro­du­cirse, como marco para el desa­rro­llo de una eco­no­mía sos­te­ni­ble y rea­lista de cara al futuro.

9.- Pro­po­ne­mos una ver­da­dera re­forma del de­re­cho de pro­pie­dad in­te­lec­tual orien­tada a su fin: de­vol­ver a la so­cie­dad el co­no­ci­miento, pro­mo­ver el do­mi­nio pú­blico y li­mi­tar los abu­sos de las en­ti­da­des gestoras.

10.- En de­mo­cra­cia las le­yes y sus mo­di­fi­ca­cio­nes de­ben apro­barse tras el opor­tuno de­bate pú­blico y ha­biendo con­sul­tado pre­via­mente a to­das las par­tes im­pli­ca­das. No es de re­cibo que se reali­cen cam­bios le­gis­la­ti­vos que afec­tan a de­re­chos fun­da­men­ta­les en una ley no or­gá­nica y que versa so­bre otra materia.

Este ma­ni­fiesto, ela­bo­rado de forma con­junta por va­rios au­to­res, es de to­dos y de nin­guno. Si quie­res su­marte a él, di­fún­delo por Internet.

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Cues­tio­nar los es­crú­pu­los de los po­lí­ti­cos —de cual­quier signo, aclaro— en los tiem­pos que co­rren es una ta­rea ar­dua. Y no por­que no den mues­tra de su falta de ma­nera co­ti­diana, sino por­que se es­can­da­li­zan y se ras­gan las ves­ti­du­ras, los muy cí­ni­cos, pre­ten­diendo que son sólo unos po­cos los que ac­túan de forma in­tere­sada, y que la in­mensa ma­yo­ría de ellos son unos ben­di­tos ser­vi­do­res de la so­cie­dad, que de­rro­chan su vida y su tra­bajo como her­ma­ni­tas de la ca­ri­dad, en pos de la so­cie­dad y de los ciu­da­da­nos, a riesgo de su sa­lud y su familia.

Y una mierda, hombre.

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En­cima los me­dios de co­mu­ni­ca­ción se en­car­gan de ma­cha­car el men­saje. La clase po­lí­tica es buena, sólo hay al­gu­nos co­rrup­tos, sólo unos po­cos son ma­los, el resto es gente de bien que se preo­cupa por nosotros.

Como siem­pre, la Cien­cia Fic­ción —con ma­yús­cu­las— se ocupa de ob­viar esa co­rrec­ción po­lí­tica, de de­cir las ver­da­des con otras pa­la­bras, de tra­du­cir una reali­dad tra­ves­tida al len­guaje de la trá­gica y de­ni­grante ver­dad. Desde que Star Trek em­pe­zara a de­nun­ciar el ra­cismo, la gue­rra de Viet­nam, el ma­chismo o la ho­mo­fo­bia es­cu­dán­dose en guio­nes de na­ves espaciales, esa Cien­cia Fic­ción ha pa­sado de abor­dar el tema del te­rro­rismo, con toda su cru­deza, en Battles­tar Ga­lac­tica, a de­nun­ciar la ab­yec­ción de la po­lí­tica y la po­dre­dum­bre del es­tado en Tor­ch­wood: Chil­dren of Earth, la ter­cera tem­po­rada de la se­rie, que se ha emi­tido en for­mato mi­ni­se­rie (cinco ca­pí­tu­los) en el Reino Unido en Ju­lio de este año.

No quiero ha­cer una si­nop­sis de la tem­po­rada ni avan­zar spoi­lers. El ob­je­tivo de esta en­trada es que la veáis. El éxito co­se­chado tanto en el Reino Unido como en Los EE UU no es ca­sual; el guión es sor­pren­dente, ate­rra­dor, elec­tri­zante. Los per­so­na­jes es­tán cons­trui­dos con cru­deza y rea­lismo, es­pe­cial­mente los de John Fro­bis­her (Pe­ter Ca­paldi) y Alice Car­ter (Lucy Cohu). Los po­cos fa­llos, y los ex­ce­sos, que los hay, se per­do­nan con ale­gría, por­que asis­ti­mos a un es­pec­táculo que está sin duda en­tre los me­jo­res del año en la televisión.

Ni que de­cir tiene que ni está pro­gra­mada en Es­paña ni tiene vi­sos de es­tarlo. Se­gui­mos en las mis­mas. Y como véis, he reanu­dado el blog lleno de op­ti­mismo y ale­gría. Bueno, así es mi terapia.

Como siem­pre, para en­ten­der el tí­tulo hay que ver la se­rie. Ese sí es un spoiler.

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La opi­nión es un bo­rra­dor de la ver­dad pro­pia, y como tal debe es­tar so­me­tida a cons­tante re­vi­sión, si la bús­queda de la ver­dad existe en uno mismo. Esa es la que res­peto. Si uno deja de bus­car la ver­dad y con­vierte la opi­nión en cer­teza, des­pre­cia esa bús­queda en los de­más y en sí mismo. Esa nunca la respetaré.

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Cuando bus­caba re­fe­ren­cias para la en­trada que llamé Pa­pa­rru­chas, en­con­tré este ar­tículo de Car­los Ló­pez Díaz, en mi hu­milde opi­nión lleno de sen­tido común, que coin­cide en parte con el con­te­nido de mi post so­bre Dragó. Se ex­tiende so­bre otras his­to­rias y apunta un ar­tículo de José Sa­ra­mago en El País, ti­tu­lado Luna.

Tengo que re­co­no­cer que Sa­ra­mago me cae bien, pese a que casi to­das las co­sas que dice –al mar­gen de la li­te­ra­tura, claro– me pa­re­cen ton­te­rías bas­tante so­lem­nes. Quizá sea esa ima­gen que ofrece de buen hom­bre, bien in­ten­cio­nado y mal acon­se­jado, la que in­fluye en mi ánimo cuando le oigo des­ba­rrar so­bre cual­quier tema que des­co­noce de ma­nera íntima, y me vuelve con­des­cen­diente. Lo con­tra­rio que con la ma­yo­ría de los pe­rio­dis­tas es­pe­cia­li­za­dos.

Apro­ve­cho esta nueva opor­tu­ni­dad para abun­dar en mi pro­fundo des­pre­cio por la ac­ti­tud de mu­chos in­te­lec­tua­les, que se jac­tan de des­co­no­cer y abo­mi­nar de la tec­no­lo­gía y la Cien­cia. Ver­da­de­ros anal­fa­be­tos fun­cio­na­les en la mi­tad de la sa­bi­du­ría de nues­tra so­cie­dad, que no por eso de­jan de opi­nar so­bre te­mas cien­tí­fi­cos, como la ener­gía y el me­dio am­biente. Y digo esto sin segundas.

En un ar­tículo be­lla­mente re­dac­tado, y tras flir­tear –como tan­tos otros– con la ve­ra­ci­dad de la lle­gada del Hom­bre a la Luna, Sa­ra­mago, lleno de esa desa­so­se­gante sau­dade,  escribe:

[…] llego a la de­sola­dora con­clu­sión de que al fi­nal nin­gún gran paso para la hu­ma­ni­dad fue dado y que nues­tro fu­turo no está en las es­tre­llas, sino siem­pre y sólo en la Tie­rra en que asen­ta­mos los pies. Como ya de­cía en la pri­mera de esas cró­ni­cas: No per­da­mos no­so­tros la Tie­rra, que to­da­vía será la única ma­nera de no per­der la Luna’»

No puedo es­tar más en desacuerdo. La ex­plo­ra­ción, el des­cu­bri­miento, la con­quista de lo des­co­no­cido son los mo­to­res que han lle­vado a la hu­ma­ni­dad a su más alto grado de ci­vi­li­za­ción. Lo con­tra­rio es puro con­ser­va­du­rismo. Es miedo a lo inex­plo­rado, es la se­mi­lla del pro­vin­cia­nismo más obtuso.

No per­da­mos no­so­tros la Luna, que to­da­vía será la única ma­nera de no per­der la Tierra.

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Bus­cando otras co­sas, en­con­tré esta per­lita de An­drei Tar­kovski —ci­neasta al que ad­miro pro­fun­da­mente como ci­neasta— a pro­pó­sito de 2001:

«Cuando vi 2001, una odi­sea del es­pa­cio, ya supe per­fec­ta­mente que lo que que­ría ha­cer en So­la­ris era algo com­ple­ta­mente opuesto y di­fe­rente a ella. Me pa­rece que cada es­cena es una ilus­tra­ción de re­vista de cien­cia fic­ción. Y no pre­ci­sa­mente arte grá­fico de buena calidad»

Esto de­mues­tra que un ge­nio tam­bién puede ser un gi­li­po­llas creído. Y que los as­pec­tos que los crea­do­res pien­san que de­fi­nen o dan ca­rác­ter a sus obras no son ne­ce­sa­ria­mente los que real­mente lo hacen.

Conste que no ha­blo mal de Tar­kovski por cri­ti­car 2001, lí­breme el cielo, sino por ha­cerlo con ese des­pre­cio y au­to­su­fi­cien­cia. Tam­bién dijo de La Di­li­gen­cia:

«Es una pena ha­ber uti­li­zado aquel pai­saje tan me­ta­fí­sico para ro­dar una mala pe­lí­cula so­bre el dinero»

Sin pa­la­bras.

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PPTLSHoy he visto el cuarto ca­pí­tulo de la tem­po­rada de Plu­tón BRB. Nero. Y la sen­sa­ción es que no es­tuvo mal. Des­pués de die­ci­séis epi­so­dios, la luz al fi­nal del tú­nel. Algo más de ac­ción, me­jor ac­tuado (ex­cepto Ca­ro­lina Bang, que es in­sal­va­ble), algo más di­ver­tido. In­cluso me ha arran­cado al­guna sonrisa.

La lás­tima es que acto se­guido he visto el cuarto ca­pí­tulo de la tem­po­rada de The Big Bang Theory. Ocu­rrente, hi­la­rante, in­te­li­gente, chis­peante, di­ver­tida, rít­mica. Bien in­ter­pre­tada, bien rea­li­zada, bien mon­tada, bien me­dida. TBBT es una se­rie so­bre fri­quis, con gui­ños para fri­quis, con ar­gu­men­tos para fri­quis, que, como Fu­tu­rama, hace pa­sar es­tu­pen­dos ra­tos a cual­quiera que la vea, sea fri­qui o no. Es lo bueno de las bue­nas ideas bien desa­rro­lla­das; siem­pre sa­len bien.

Des­gra­cia­da­mente, Plu­tón es una se­rie me­dio­cre, por no de­cir mala, o muy mala, por­que se equi­vocó en el plan­tea­miento. El pú­blico de una co­me­dia en una nave es­pa­cial es el que es. De­be­ría­mos apren­der de una pu­ñe­tera vez lo que los ame­ri­ca­nos ha­cen bien, y cómo se hace; ya lo vi­mos en Siete Vi­das, no es tan di­fí­cil. The Big Bang Theory es una co­me­dia para fri­quis que se emite en Prime Time y no tiene pro­ble­mas de au­dien­cia. Plu­tón BRB. Nero es una co­me­dia para fri­quis que se emite en la 2 a las 11 de la no­che, y que los fri­quis ve­mos por pura militancia.

Álex de la Igle­sia ha re­su­ci­tado el blog de la se­rie, y le­yendo los últi­mos posts pa­rece que está real­mente com­pla­cido con el re­sul­tado. No lo en­tiendo, pa­rece que es cierto que uno se enamora de su pro­pia mierda, y per­dón por la ex­pre­sión. Pero la au­to­com­pla­cen­cia no lleva ge­ne­ral­mente a la me­jora de nada. Es­tanca la evo­lu­ción y en­gran­dece las miserias.

La­mento es­cri­bir una en­trada tan ne­ga­tiva con una cosa en lu­gar de ha­berla re­dac­tado en po­si­tivo con otra, pero leer el blog de Plu­tón me lo ha im­pe­dido. Y la me­jor ma­nera de en­sal­zar las bon­da­des de The Big Bang es ani­ma­ros a verla. Me­rece la pena, aun­que no seáis friquis.

Yo por mi parte se­guiré mi­li­tando cada miér­co­les. Qué va­mos a hacer.

PD. Los que véis TBBT sa­béis de qué va el tí­tulo de este post. Los que no, ved la se­rie. Si no que­réis es­pe­rar, os lo es­poi­le­rizo a continuación.


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