Señores periodistas, arreglen su profesión o perderán su empleo

Últimamente en la prensa, quiero creer que inconscientemente, se da a entender que las disensiones entre científicos en determinadas cuestiones (por poner un ejemplo reciente, sobre las bacterias que pueden vivir en amoníaco) suponen una merma de credibilidad en el método o una grieta en el edificio académico. La base de la ciencia moderna es la falsabilidad de sus teorías, y el debate científico, constante y en ocasiones vehemente, el cimiento de su validez. El trato periodístico que en ocasiones —demasiadas— se da a las noticias sobre ciencia la equipara a la política o, peor aún, al corazón, como si existiera alguna similitud entre ellas. No olvidemos que el objetivo de la retórica es convencer y el de la filosofía llegar al conocimiento. Pues eso. Encontrar una bacteria no es lo mismo que encontrar un novio, mis queridos chafarderos. Aplíquense en aprender a escribir sin faltas de ortografía y en no dar opiniones sobre ciencia. (Y sobre tantas otras cosas importantes que a buen seguro desconocen). Ah, y dejen de una santa vez de llamar La máquina de Dios al LHC.

Neoblasfemias (I)

El escepticismo ortodoxo, como todos los fundamentalismos, nos despoja de la fantasía y por tanto de la capacidad de manejar imposibles. Sin esa capacidad arrinconamos la habilidad para trabajar fuera de la caja y nos convertimos hoy en los conservadores de mañana. En nuevos dinosaurios, que se extinguirán tal como se extinguieron. Y no me malinterpreten; esto no tiene nada que ver con la power balance.

Pasados

Pagaré con gusto un viaje en el tiempo —en el preciso momento en el que la máquina esté disponible— a todos esos nostálgicos de épocas pasadas que por supuesto no han vivido. Con una sola condición: no traerlos de vuelta hasta que podamos oír sus súplicas y sus lamentos desde allá donde se encuentren.

Mirar hacia adelante (manifiesto)

Digamos que como buen amante de la ciencia ficción, lo único que me importa es lo que se me avecina. Sé que para mi salud mental es importante mirar hacia adelante, sin regodearme en mis fallos o arrepentirme de mis actos pasados.

Por ello, y sin acritud, me importa un bledo la Historia, y mucho más cuando está más que visto que no nos ayuda en absoluto a corregir nuestros errores, ni nos hace capaces de aprender de ellos. El uso —siempre, no nos engañemos— torticero de esa Historia, la tradición y la costumbre, lo único que consigue es contaminar nuestra percepción del mundo y emponzoñar la relación con nuestro prójimo, hacer enemigos donde no los hay y llenar nuestra vida de fantasmas y de muertos.

Mientras no podamos cambiarlo, el pasado no existe. A la mierda lo que sólo sirve para amordazarnos.

Por qué me gusta la ciencia (II)

Y no soy un científico, al menos al uso. Y el insulto a la inteligencia me enfurece. Me explico.

Mi actividad como lector de blogs y de medios tradicionales (en internet) es dilatada. No tengo preferencia por la orientación ideológica de las personas que escriben siempre que no intenten engañarme ni –como dije antes– insultar a mi inteligencia.

No suelo comentar en bitácoras (mucho menos en las de los periódicos) y si alguna vez lo he hecho, ha sido para corregir alguna inexactitud o para expresar mi razonada opinión contraria a algún argumento con el que discrepo profundamente. Nada extraño, a mi modo de ver.

Pues bien, aunque parezca una perogrullada, sólo encuentro actitudes positivas en blogs científicos o dedicados a la divulgación de la ciencia. Sólo en ellos he hallado personas capaces de discutir con amabilidad puntos de vista contrarios a los propios, con espíritu constructivo. Nunca con condescendencia ni con suficiencia. Son sitios donde el lector se siente cómodo participando, donde las dudas que se plantean se discuten sin prejuicios y donde se colabora en el planteamiento y la resolución de cuestiones que preocupan al público que visita el sitio.

Por desgracia, no en todos los blogs se procede del mismo modo. Lamentablemente. El contrapunto lo dan los blogs ideológicamente orientados. Suelen ser sitios donde los lectores y el/los autor/es se dedican a dorarse las respectivas píldoras hasta la náusea, calificando de troll (como poco) a todo aquél que amablemente discrepa de sus pontificales tesis, no tienen su mismo sentido del humor u osan corregir una inexactitud evidente en alguno de sus escritos (no me pregunten por qué los leo; quizá alguna vez publicaron algo que me pareció interesante y no los he borrado del lector de feeds, qué se yo).

Así, es absolutamente imposible mantener una conversación medianamente inteligente sobre el aborto o los toros en una bitácora de orientación progresista o sobre el matrimonio homosexual o el cambio climático en uno conservador. Es como intentar discutir sobre la Teoría de la Evolución en un foro de cristianos evangélicos. Al menos ellos van a las claras y no presumen de intelectuales.

Tanto la religión como el ateísmo son cuestiones de fe. Y la ciencia, lejos de negar una o afirmar la otra, lo único que hace es prescindir de ellas para avanzar.

La mayor decepción del siglo

Como pueden leer en esta entrada de Wired, Obama acaba de cancelar el programa Constellation. En 2020 no habrá nadie en la Luna. Estoy desolado, y no es de broma. Cada día me siento más ajeno al género humano. Que lo vistan de lo que sea, que lo justifiquen diciendo que es lo mismo que hace cincuenta años. Lo que hay que hacer es llegar, y quedarse, como debían haber hecho hace cuarenta. Sigo convencido de que hoy nos cantaría otro gallo. Mejor.

Esto sí que es un acontecimiento planetario, Pajín.

Al menos queda la empresa privada, o eso dice el Presidente. Desde este momento deposito mis esperanzas en Virgin Galactic.

Atropello

Nuestro gobierno ha conseguido dos hitos históricos: el primero, poner de acuerdo —en su contra— a una buena parte del electorado pensante de izquierda y derecha; el segundo, que yo miente la política abiertamente en este blog.

Nuesto gobierno quiere aprobar una ley que constituye el mayor atropello a la libertad y los derechos fundamentales de toda la democracia, sólo superada por el frustrado golpe de estado de febrero de 1981 y la fracasada Ley Corcuera, más conocida por la Ley de la patada en la puerta.

No solo es una ley monstruosa por lo que significa, —que en la práctica cualquier web podrá ser cerrada si la comisión creada al efecto lo considera oportuno— sino por el agravio comparativo que supone primar un supuesto delito (contra la propiedad intelectual) frente a la inmensa mayoría del resto de ellos. Y digo supuesto porque las webs de enlaces, que son las supuestas víctimas de la nueva ley, hasta el día de la fecha han ganado prácticamente todos los juicios a los que se han visto sometidas.

No entro a valorar nuestras leyes de propiedad intelectual, ni el supuesto problema de las descargas, porque ya me he salido bastante de la línea editorial de mi blog. Para eso hay miles de foros más preparados y amenos. Pero a lo que no estoy dispuesto es a que pisoteen y amenacen mis libertades con el pretexto de que su industria se hunde.

Cuando todos saben que la industria realmente se hunde haciendo cosas como esta.

Y si quieren más información pueden leer esto.

Filosofía de la Señorita Pepis

A mí del cómic el que me gusta es Moebius, que es un cachondo. Lo último que me leí de Frank Miller fue hace casi veinte años –Batman año uno, creo–, y por supuesto no había catado ni media de la magna obra de Moore y Gibbons. Y el otro día me la alquilé. La película del año, tras El Caballero Oscuro, decían.

Llegados a este punto, debo aclarar que yo veo, oigo y leo ciencia ficción y superhéroes porque soy un militante, está en mi ADN. Es decir, leía los volúmenes capados de la Marvel de Ediciones Vértice, me salió el vello púbico mientras veía El Imperio Contraataca y me encerraba en el baño con Ghita de Alizarr. Esto lo digo porque el hecho de que me trague todas las fricadas que llegan a mis manos, no quiere decir que no distinga la calidad de lo que veo o leo. (Por cierto, he dejado de ver Plutón).

A lo que iba. Que dejé de leer cómics. Eran muy caros, además. Necesitaba el dinero para cubatas.

Leer lo que un personaje piensa en cada viñeta de cada página es un coñazo. Eso sin contar que los enormes bocadillos de texto dejan poco sitio para los dibujos. Por eso no he ido a ver el Spirit de Frank Miller. Eso es un sacrilegio. Los que amen profundamente a Will Eisner como yo me entenderán.

Todo esto es para decirles que Watchmen me parece una película pretenciosa, grandilocuente y vacía. Y a veces, ridícula. Con su clímax cuando un superhéroe eyaculador precoz recupera su mojo al calzarse de nuevo el traje de Búho Nocturno. Enorme, vamos. Y el pobre del Doctor Manhattan que le deja la novia.

¡Anda ya!

Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

We are coming

Cuestionar los escrúpulos de los políticos —de cualquier signo, aclaro— en los tiempos que corren es una tarea ardua. Y no porque no den muestra de su falta de manera cotidiana, sino porque se escandalizan y se rasgan las vestiduras, los muy cínicos, pretendiendo que son sólo unos pocos los que actúan de forma interesada, y que la inmensa mayoría de ellos son unos benditos servidores de la sociedad, que derrochan su vida y su trabajo como hermanitas de la caridad, en pos de la sociedad y de los ciudadanos, a riesgo de su salud y su familia.

Y una mierda, hombre.

Encima los medios de comunicación se encargan de machacar el mensaje. La clase política es buena, sólo hay algunos corruptos, sólo unos pocos son malos, el resto es gente de bien que se preocupa por nosotros.

Como siempre, la Ciencia Ficción —con mayúsculas— se ocupa de obviar esa corrección política, de decir las verdades con otras palabras, de traducir una realidad travestida al lenguaje de la trágica y denigrante verdad. Desde que Star Trek empezara a denunciar el racismo, la guerra de Vietnam, el machismo o la homofobia escudándose en guiones de naves espaciales, esa Ciencia Ficción ha pasado de abordar el tema del terrorismo, con toda su crudeza, en Battlestar Galactica, a denunciar la abyección de la política y la podredumbre del estado en Torchwood: Children of Earth, la tercera temporada de la serie, que se ha emitido en formato miniserie (cinco capítulos) en el Reino Unido en Julio de este año.

No quiero hacer una sinopsis de la temporada ni avanzar spoilers. El objetivo de esta entrada es que la veáis. El éxito cosechado tanto en el Reino Unido como en Los EE UU no es casual; el guión es sorprendente, aterrador, electrizante. Los personajes están construidos con crudeza y realismo, especialmente los de John Frobisher (Peter Capaldi) y Alice Carter (Lucy Cohu). Los pocos fallos, y los excesos, que los hay, se perdonan con alegría, porque asistimos a un espectáculo que está sin duda entre los mejores del año en la televisión.

Ni que decir tiene que ni está programada en España ni tiene visos de estarlo. Seguimos en las mismas. Y como véis, he reanudado el blog lleno de optimismo y alegría. Bueno, así es mi terapia.

Como siempre, para entender el título hay que ver la serie. Ese sí es un spoiler.

Opiniones

La opinión es un borrador de la verdad propia, y como tal debe estar sometida a constante revisión, si la búsqueda de la verdad existe en uno mismo. Esa es la que respeto. Si uno deja de buscar la verdad y convierte la opinión en certeza, desprecia esa búsqueda en los demás y en sí mismo. Esa nunca la respetaré.

Saramago y la Luna

Cuando buscaba referencias para la entrada que llamé Paparruchas, encontré este artículo de Carlos López Díaz, en mi humilde opinión lleno de sentido común, que coincide en parte con el contenido de mi post sobre Dragó. Se extiende sobre otras historias y apunta un artículo de José Saramago en El País, titulado Luna.

Tengo que reconocer que Saramago me cae bien, pese a que casi todas las cosas que dice –al margen de la literatura, claro– me parecen tonterías bastante solemnes. Quizá sea esa imagen que ofrece de buen hombre, bien intencionado y mal aconsejado, la que influye en mi ánimo cuando le oigo desbarrar sobre cualquier tema que desconoce de manera íntima, y me vuelve condescendiente. Lo contrario que con la mayoría de los periodistas especializados.

Aprovecho esta nueva oportunidad para abundar en mi profundo desprecio por la actitud de muchos intelectuales, que se jactan de desconocer y abominar de la tecnología y la Ciencia. Verdaderos analfabetos funcionales en la mitad de la sabiduría de nuestra sociedad, que no por eso dejan de opinar sobre temas científicos, como la energía y el medio ambiente. Y digo esto sin segundas.

En un artículo bellamente redactado, y tras flirtear –como tantos otros– con la veracidad de la llegada del Hombre a la Luna, Saramago, lleno de esa desasosegante saudade,  escribe:

[…] llego a la desoladora conclusión de que al final ningún gran paso para la humanidad fue dado y que nuestro futuro no está en las estrellas, sino siempre y sólo en la Tierra en que asentamos los pies. Como ya decía en la primera de esas crónicas: No perdamos nosotros la Tierra, que todavía será la única manera de no perder la Luna‘”

No puedo estar más en desacuerdo. La exploración, el descubrimiento, la conquista de lo desconocido son los motores que han llevado a la humanidad a su más alto grado de civilización. Lo contrario es puro conservadurismo. Es miedo a lo inexplorado, es la semilla del provincianismo más obtuso.

No perdamos nosotros la Luna, que todavía será la única manera de no perder la Tierra.

Genios cretinos

Buscando otras cosas, encontré esta perlita de Andrei Tarkovski —cineasta al que admiro profundamente como cineasta— a propósito de 2001:

“Cuando vi 2001, una odisea del espacio, ya supe perfectamente que lo que quería hacer en Solaris era algo completamente opuesto y diferente a ella. Me parece que cada escena es una ilustración de revista de ciencia ficción. Y no precisamente arte gráfico de buena calidad”

Esto demuestra que un genio también puede ser un gilipollas creído. Y que los aspectos que los creadores piensan que definen o dan carácter a sus obras no son necesariamente los que realmente lo hacen.

Conste que no hablo mal de Tarkovski por criticar 2001, líbreme el cielo, sino por hacerlo con ese desprecio y autosuficiencia. También dijo de La Diligencia:

“Es una pena haber utilizado aquel paisaje tan metafísico para rodar una mala película sobre el dinero”

Sin palabras.

Piedra, papel, tijeras, lagarto, Spock

PPTLSHoy he visto el cuarto capítulo de la temporada de Plutón BRB. Nero. Y la sensación es que no estuvo mal. Después de dieciséis episodios, la luz al final del túnel. Algo más de acción, mejor actuado (excepto Carolina Bang, que es insalvable), algo más divertido. Incluso me ha arrancado alguna sonrisa.

La lástima es que acto seguido he visto el cuarto capítulo de la temporada de The Big Bang Theory. Ocurrente, hilarante, inteligente, chispeante, divertida, rítmica. Bien interpretada, bien realizada, bien montada, bien medida. TBBT es una serie sobre friquis, con guiños para friquis, con argumentos para friquis, que, como Futurama, hace pasar estupendos ratos a cualquiera que la vea, sea friqui o no. Es lo bueno de las buenas ideas bien desarrolladas; siempre salen bien.

Desgraciadamente, Plutón es una serie mediocre, por no decir mala, o muy mala, porque se equivocó en el planteamiento. El público de una comedia en una nave espacial es el que es. Deberíamos aprender de una puñetera vez lo que los americanos hacen bien, y cómo se hace; ya lo vimos en Siete Vidas, no es tan difícil. The Big Bang Theory es una comedia para friquis que se emite en Prime Time y no tiene problemas de audiencia. Plutón BRB. Nero es una comedia para friquis que se emite en la 2 a las 11 de la noche, y que los friquis vemos por pura militancia.

Álex de la Iglesia ha resucitado el blog de la serie, y leyendo los últimos posts parece que está realmente complacido con el resultado. No lo entiendo, parece que es cierto que uno se enamora de su propia mierda, y perdón por la expresión. Pero la autocomplacencia no lleva generalmente a la mejora de nada. Estanca la evolución y engrandece las miserias.

Lamento escribir una entrada tan negativa con una cosa en lugar de haberla redactado en positivo con otra, pero leer el blog de Plutón me lo ha impedido. Y la mejor manera de ensalzar las bondades de The Big Bang es animaros a verla. Merece la pena, aunque no seáis friquis.

Yo por mi parte seguiré militando cada miércoles. Qué vamos a hacer.

PD. Los que véis TBBT sabéis de qué va el título de este post. Los que no, ved la serie. Si no queréis esperar, os lo espoilerizo a continuación.