Es­poi­le­ra­zo

En vis­ta de lo di­cho en el post an­te­rior, yo des­de aquí me apues­to una ce­na a que la his­to­ria de Sin­ger se­rá la si­guien­te:

Lo que ha pa­sa­do vol­ve­rá a pa­sar, así que mien­tras la nue­va ra­za hu­ma­na-cy­lon-te­rrí­co­la se va desa­rro­llan­do en la Tie­rra, los po­cos (y des­co­no­ci­dos) su­per­vi­vien­tes que han que­da­do en las do­ce co­lo­nias reha­cen po­co a po­co sus ci­vi­li­za­cio­nes, ba­sa­das en sus an­ces­tros (y en la abun­dan­te li­te­ra­tu­ra que ha que­da­do), lle­gan a su ma­du­rez tec­no­ló­gi­ca; se in­ven­tan otra vez a los cy­lons tro­pe­zan­do en la mis­ma pie­dra y vuel­ta a em­pe­zar (aquí se in­ser­ta la se­rie ori­gi­nal). Bus­can­do la de­ci­mo­ter­ce­ra tri­bu lle­gan a la tie­rra en los años ochen­ta (aquí se in­ser­ta Ga­lac­ti­ca 1980, de in­faus­to re­cuer­do) o bien en nues­tros días o un po­co des­pués (si se ob­via Ga­lac­ti­ca 1980, de in­faus­to re­cuer­do), coin­ci­dien­do con al­gún ti­po de eclo­sión de la in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial.»

Foto: Wikipedia

A par­tir de aquí, la pe­lí­cu­la, o bien és­te es el epí­lo­go que la ex­pli­ca. En fin, que yo me apues­to una ce­na a que és­to es lo que ha­ce Bryan Sin­ger. Y si no, pues na­da. Pe­ro aquí que­da el post, pa­ra la post eri­dad.

Re­sul­ta có­mi­co ver có­mo una per­so­na de la ta­lla de Glen A. Lar­son ‑que por otra par­te ha si­do un ex­ce­len­te y pro­lí­fi­co pro­duc­tor- no se re­sig­na a que al­guien ha­ya usa­do una bue­na idea su­ya, que des­pués se con­vir­tió en una ba­su­ra pa­ra ni­ños, pa­ra ha­cer reali­dad una de las me­jo­res se­ries de la his­to­ria de la te­le­vi­sión. Sin él, cla­ro. El ries­go de ri­dícu­lo pa­ra Sin­ger (Lar­son ya lo ha he­cho) es bas­tan­te al­to, y su tra­yec­to­ria des­cen­den­te tras X2 no pro­me­te lo me­jor.

Ro­nald D. Moo­re se ha re­ve­la­do, en sus más de vein­te años co­mo es­cri­tor de se­ries y pe­lí­cu­las, co­mo uno de los más só­li­dos crea­do­res de per­so­na­jes y uni­ver­sos, ha­cien­do se­ries creí­bles y ma­du­ras don­de an­ta­ño se ha­cían fan­ta­sías pa­ra fri­quis. Los vein­te años de Sin­ger se han tra­du­ci­do en nue­ve pe­lí­cu­las con irre­gu­lar éxi­to.

El prin­ci­pio del post qui­zá sea un po­co exa­ge­ra­do. Pe­ro se me an­to­ja una em­pre­sa con­de­na­da­men­te di­fí­cil lle­gar si­quie­ra a acer­car­se a la ca­li­dad que Moo­re ha con­se­gui­do con su vi­sión de Ga­lac­ti­ca. Y eso que Sin­ger es un buen di­rec­tor.

A no ser, cla­ro, que el guión lo ha­ga quien us­te­des y yo sa­be­mos.