Ex­trac­tos mí­ni­mos (VI)

Aro­vac vol­vió a ba­jar otra vez para con­ven­cerse. Es­tuvo va­rios me­ses en su piso al­qui­lado de Pa­rís. Le gus­taba Pa­rís por­que te­nía un poco de todo, y un poco más de na­tu­ra­leza, aun­que fuera un poco caro. El di­nero no era im­por­tante pero le pa­re­cían un poco in­mo­ra­les aque­llos pre­cios, co­no­ciendo como co­no­cía a la raza.

Les ha­bía to­mado ca­riño, con el tiempo. Pese a su bru­ta­li­dad, a su ava­ri­cia. Ha­bía co­no­cido ejem­pla­res bri­llan­tes, con los que ape­nas se ha­bía abu­rrido. Pero se le aca­baba el tiempo y no era po­si­ble re­cu­pe­rarlo. Se ha­bía in­te­rrum­pido el pro­grama lu­nar ha­cía más de un cuarto de si­glo y la si­guiente vi­sita no es­taba pre­vista para an­tes de diez años. No po­día in­ter­ve­nir, pero se re­sis­tía a creer que la raza en­tera ti­raba la toa­lla, ahora que los ras­ga­dos ha­bían to­mado partido.

Sus órde­nes eran es­tric­tas. Mu­chos sis­te­mas que ob­ser­var y muy po­cos ob­ser­va­do­res. Lle­vaba más de treinta años en la in­ves­ti­ga­ción y los re­sul­ta­dos eran bas­tante de­cep­cio­nan­tes. «Sis­tema ce­rrado para con­tacto; ci­vi­li­za­ción em­brio­na­ria. Sus­pen­der ob­ser­va­ción y con­tacto in­de­fi­ni­da­mente.» Aro­vac subió y se des­pi­dió si­len­cioso del azul, pre­gun­tán­dose lo que ha­bría ocu­rrido si aquel Apolo 18 hu­biera des­pe­gado. Pa­sa­rían mi­le­nios an­tes de volver.

Etiquetas: , ,

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>