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“[…] el Estado, cuya misión es retrasar a los pueblos en su evolución cultural, consideró como suya la cuestión de la evolución y reanudación del ornamento. ¡Pobre del Estado, cuyas revoluciones las dirijan los consejeros!”—Adolf Loos, Ornamento y delito (1908)

Feliz 2010, o La entrada de original título

Pues ya llegó. Hoy esta humilde bitácora comienza, como las revistas antiguas, su Año 3 –que no su tercer año– ya que cumplirá dos el próximo marzo. Hagan ustedes las cuentas, y verán de cuántas maneras se puede medir el tiempo.

En estos días en que completamos una órbita más alrededor del Sol, a todos nos aprietan los resúmenes por detrás y los propósitos por delante. Una suerte de sandwich vital, del que intentamos salir en el mismo día. Recopilatorios y anuncios de nuevos programas en la tele. Lanzamiento de nuevos productos en cuanto pasen los Reyes Suficientemente Avanzados Tecnológicamente. Nuevos retos, nuevas ideas, nuevos ánimos, viejas intenciones.

Ha sido un año en el que he estabilizado mi cuaderno, y será el año en el que deje de decir blog. He decidido usar mejor mi idioma. Bitácora, como la del navegante. Friqui en vez de geek, (porque además tiene mala traducción), entrada o artículo en lugar de post.

Y voy a hablarles a todos de usted, porque se lo merecen.

Este es un cuaderno orientado hacia la ciencia ficción y el futuro, pero es un cuaderno personal. Al menos se ha convertido en eso; y por eso a veces la temática ha sido sólo una excusa para hablar de otras cosas. He intentado potenciar la serie de Extractos Mínimos, y quiero seguir haciéndolo en el año que entra. He despotricado de lo que me ha venido en gana, y el año nuevo lo haré otra vez, las veces que haga falta. Escribo poco, pero lo hago cuando me apetece. Hay cosas que cambiaré y otras que no. Ya veremos.

Este ha sido el año de la crisis, y del 40 aniversario de la llegada a la luna. Del final de Battlestar Galactica y del reinicio de Star Trek. Este ha sido el año de Torchwood y del descubrimiento de agua en nuestro satélite. El año en que la televisión en España vuelve a olvidarse de nuestro género. El año en el que unos indeseables han intentado violar nuestros derechos fundamentales en una ley sobre economía. El año de la despedida del Décimo Doctor.

Ya sólo me queda desearles que el año que entra les traiga salud. Cantidades industriales de salud, a todos. Y de modo accesorio, que se revitalice la presencia del hombre en el espacio, con capital público o privado, porque sigo pensando que será lo que nos salve de nosotros mismos.

Un abrazo.

The Plan

The Plan es una película extraña. He leído bastantes críticas y eso, son bastante críticas. Prescindible, vacía, decepcionante. Etcétera.

Creo que muchos fans de la serie esperaban El Plan. El plan con mayúsculas. La primera guerra Cylon. Cómo llegaron los cinco primeros, cómo contactaron con los centuriones, cómo se gestaron los modelos humanoides. Por qué el ataque a las colonias.

No olvidemos que el guión está escrito por Jane Espenson, alma mater y ex–showrunner de Caprica, cuyo piloto, magnífica obra de la mejor ciencia ficción actual, volvía a ser, como en los mejores momentos de BSG, una finísima mezcla de personajes y circunstancias, de humanas y complejas situaciones.

Eso es The Plan. El porqué del cambio de comportamiento de los cylon. La evolución personal de los nuevos modelos, desde la absoluta psicopatía del Cavil de Galactica a la total transformación de Simon, pasando por el calvario de Boomer al descubrir su verdadera condición. La humanización de casi auténticos humanos.

Entonces, ¿qué es lo que no funciona?.

Efectivamente, The Plan es una película prescindible dentro de la historia, en el sentido de que no aporta ninguna información que desvele nuevas claves. Tampoco lo hacía Razor, y realmente era una película soberbia. El problema es de ambición. Creo que The Plan es una miniserie frustrada. Habría sido fantástico cerrar el círculo con una miniserie como la primera. Un acercamiento detallado a los personajes, haber profundizado más en alguno de los caracteres, y lógicamente haber retrocedido en el tiempo hasta la llegada de los cinco primeros.

Pero no me ha disgustado en absoluto. Pese a algunas escenas superfluas y una dirección un poco plana. Y el abuso del archive footage. Pero esperaba mucho menos. Me quedo con la idea.

Inexactitudes

En este artículo, de fecha 26 de diciembre, de Microsiervos, uno de los blogs en español más leidos, se hace una crítica (que no entro a valorar) de la serie Stargate: Universe, el segundo spin–off de la serie Stargate: SG–1, introduciendo varias inexactitudes:

Así que o bien se ponen las pilas en los capítulos restantes de la temporada para ir desarrollando un arco argumental que lleve a algún sitio, o tengo mis dudas de que la renueven para una segunda temporada.

En este sentido hay que aclarar que el anuncio de la renovación de la serie para la segunda temporada se produjo el pasado 14 de diciembre.

Aunque también es cierto que la primera temporada de Stargate, que al final terminó siendo la serie de ciencia ficción que más tiempo estuvo en emisión de forma continua de la historia, era muy floja, así que habrá que darle una oportunidad.

Y aquí, sólo decir que la serie de ciencia ficción que más tiempo ha estado en emisión de forma continua es Doctor Who, desde el 23 de noviembre de 1963 al 6 de diciembre de 1989 (26 años), con las paradas lógicas de cada temporada, al igual que SG-1.

Ahora diréis que soy un puntilloso, pero creo que es fundamental al informar no dar detalles innecesarios si no se contrastan. Eso resta credibilidad al resto de la información y da muy mala imagen al lector informado. Es obligación del que informa en internet ser lo más riguroso posible a la hora de hacerlo, máxime si se sabe que hay una gran cantidad de personas que leen esa información. En el caso de Microsiervos, 1.300.000 según sus propios datos, en febrero de 2009.

Yo soy uno de esos lectores y lo seguiré siendo, porque la calidad del blog y su esfuerzo divulgador de la ciencia y la tecnología son dignos de mención, pero creo que por el detalle se gana y se pierde prestigio, y se pierde más del que se gana. Por eso es tan importante.

Espero que si encontráis cosas así en esta humilde bitácora, me lo hagáis saber inmediatamente para corregirme con rapidez. Lo agradezco de antemano.

Filosofía de la Señorita Pepis

A mí del cómic el que me gusta es Moebius, que es un cachondo. Lo último que me leí de Frank Miller fue hace casi veinte años –Batman año uno, creo–, y por supuesto no había catado ni media de la magna obra de Moore y Gibbons. Y el otro día me la alquilé. La película del año, tras El Caballero Oscuro, decían.

Llegados a este punto, debo aclarar que yo veo, oigo y leo ciencia ficción y superhéroes porque soy un militante, está en mi ADN. Es decir, leía los volúmenes capados de la Marvel de Ediciones Vértice, me salió el vello púbico mientras veía El Imperio Contraataca y me encerraba en el baño con Ghita de Alizarr. Esto lo digo porque el hecho de que me trague todas las fricadas que llegan a mis manos, no quiere decir que no distinga la calidad de lo que veo o leo. (Por cierto, he dejado de ver Plutón).

A lo que iba. Que dejé de leer cómics. Eran muy caros, además. Necesitaba el dinero para cubatas.

Leer lo que un personaje piensa en cada viñeta de cada página es un coñazo. Eso sin contar que los enormes bocadillos de texto dejan poco sitio para los dibujos. Por eso no he ido a ver el Spirit de Frank Miller. Eso es un sacrilegio. Los que amen profundamente a Will Eisner como yo me entenderán.

Todo esto es para decirles que Watchmen me parece una película pretenciosa, grandilocuente y vacía. Y a veces, ridícula. Con su clímax cuando un superhéroe eyaculador precoz recupera su mojo al calzarse de nuevo el traje de Búho Nocturno. Enorme, vamos. Y el pobre del Doctor Manhattan que le deja la novia.

¡Anda ya!

Ambientes

Esta mañana llevé a mi hija al colegio; había llovido y el suelo estaba encharcado. Además, un poco de niebla hacía el aire especialmente húmedo, como el que se respira en la ducha. Los niños subieron a clase tras el timbre sin prisa pero ordenadamente, y en un par de minutos el patio del colegio se quedó desierto, dejando solo el feo edificio en una mañana brumosa llena de silencio. Y gris.

El silencio y la niebla me recordaron Battlestar Galactica, y la terrible y continua sensación de soledad que consigue transmitir en cada minuto, que como esa niebla de fondo te chilla a cada momento que no hay esperanza, que sólo unos pocos vagan sin rumbo y hacia ningún sitio después de casi ser exterminados. Después me fui a trabajar y al rato salió el sol.

Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

We are coming

Cuestionar los escrúpulos de los políticos —de cualquier signo, aclaro— en los tiempos que corren es una tarea ardua. Y no porque no den muestra de su falta de manera cotidiana, sino porque se escandalizan y se rasgan las vestiduras, los muy cínicos, pretendiendo que son sólo unos pocos los que actúan de forma interesada, y que la inmensa mayoría de ellos son unos benditos servidores de la sociedad, que derrochan su vida y su trabajo como hermanitas de la caridad, en pos de la sociedad y de los ciudadanos, a riesgo de su salud y su familia.

Y una mierda, hombre.

Encima los medios de comunicación se encargan de machacar el mensaje. La clase política es buena, sólo hay algunos corruptos, sólo unos pocos son malos, el resto es gente de bien que se preocupa por nosotros.

Como siempre, la Ciencia Ficción —con mayúsculas— se ocupa de obviar esa corrección política, de decir las verdades con otras palabras, de traducir una realidad travestida al lenguaje de la trágica y denigrante verdad. Desde que Star Trek empezara a denunciar el racismo, la guerra de Vietnam, el machismo o la homofobia escudándose en guiones de naves espaciales, esa Ciencia Ficción ha pasado de abordar el tema del terrorismo, con toda su crudeza, en Battlestar Galactica, a denunciar la abyección de la política y la podredumbre del estado en Torchwood: Children of Earth, la tercera temporada de la serie, que se ha emitido en formato miniserie (cinco capítulos) en el Reino Unido en Julio de este año.

No quiero hacer una sinopsis de la temporada ni avanzar spoilers. El objetivo de esta entrada es que la veáis. El éxito cosechado tanto en el Reino Unido como en Los EE UU no es casual; el guión es sorprendente, aterrador, electrizante. Los personajes están construidos con crudeza y realismo, especialmente los de John Frobisher (Peter Capaldi) y Alice Carter (Lucy Cohu). Los pocos fallos, y los excesos, que los hay, se perdonan con alegría, porque asistimos a un espectáculo que está sin duda entre los mejores del año en la televisión.

Ni que decir tiene que ni está programada en España ni tiene visos de estarlo. Seguimos en las mismas. Y como véis, he reanudado el blog lleno de optimismo y alegría. Bueno, así es mi terapia.

Como siempre, para entender el título hay que ver la serie. Ese sí es un spoiler.

Dos mil docenas

Ni siquiera los que han estudiado el calendario maya ése se ponen de acuerdo sobre cuándo termina o deja de terminar y en qué año. Y estrenan una película y ya hay gente que está acojonada porque en 2012 se acaba el mundo. Y otros que levantan una ceja mientras hablan de Nostradamus y de los mayas y de sus castas.

Dos mil docenas de gilipollas.

Extractos mínimos (VI)

Arovac volvió a bajar otra vez para convencerse. Estuvo varios meses en su piso alquilado de París. Le gustaba París porque tenía un poco de todo, y un poco más de naturaleza, aunque fuera un poco caro. El dinero no era importante pero le parecían un poco inmorales aquellos precios, conociendo como conocía a la raza.

Les había tomado cariño, con el tiempo. Pese a su brutalidad, a su avaricia. Había conocido ejemplares brillantes, con los que apenas se había aburrido. Pero se le acababa el tiempo y no era posible recuperarlo. Se había interrumpido el programa lunar hacía más de un cuarto de siglo y la siguiente visita no estaba prevista para antes de diez años. No podía intervenir, pero se resistía a creer que la raza entera tiraba la toalla, ahora que los rasgados habían tomado partido.

Sus órdenes eran estrictas. Muchos sistemas que observar y muy pocos observadores. Llevaba más de treinta años en la investigación y los resultados eran bastante decepcionantes. “Sistema cerrado para contacto; civilización embrionaria. Suspender observación y contacto indefinidamente.” Arovac subió y se despidió silencioso del azul, preguntándose lo que habría ocurrido si aquel Apolo 18 hubiera despegado. Pasarían milenios antes de volver.

Opiniones

La opinión es un borrador de la verdad propia, y como tal debe estar sometida a constante revisión, si la búsqueda de la verdad existe en uno mismo. Esa es la que respeto. Si uno deja de buscar la verdad y convierte la opinión en certeza, desprecia esa búsqueda en los demás y en sí mismo. Esa nunca la respetaré.

Saramago y la Luna

Cuando buscaba referencias para la entrada que llamé Paparruchas, encontré este artículo de Carlos López Díaz, en mi humilde opinión lleno de sentido común, que coincide en parte con el contenido de mi post sobre Dragó. Se extiende sobre otras historias y apunta un artículo de José Saramago en El País, titulado Luna.

Tengo que reconocer que Saramago me cae bien, pese a que casi todas las cosas que dice –al margen de la literatura, claro– me parecen tonterías bastante solemnes. Quizá sea esa imagen que ofrece de buen hombre, bien intencionado y mal aconsejado, la que influye en mi ánimo cuando le oigo desbarrar sobre cualquier tema que desconoce de manera íntima, y me vuelve condescendiente. Lo contrario que con la mayoría de los periodistas especializados.

Aprovecho esta nueva oportunidad para abundar en mi profundo desprecio por la actitud de muchos intelectuales, que se jactan de desconocer y abominar de la tecnología y la Ciencia. Verdaderos analfabetos funcionales en la mitad de la sabiduría de nuestra sociedad, que no por eso dejan de opinar sobre temas científicos, como la energía y el medio ambiente. Y digo esto sin segundas.

En un artículo bellamente redactado, y tras flirtear –como tantos otros– con la veracidad de la llegada del Hombre a la Luna, Saramago, lleno de esa desasosegante saudade,  escribe:

[…] llego a la desoladora conclusión de que al final ningún gran paso para la humanidad fue dado y que nuestro futuro no está en las estrellas, sino siempre y sólo en la Tierra en que asentamos los pies. Como ya decía en la primera de esas crónicas: No perdamos nosotros la Tierra, que todavía será la única manera de no perder la Luna‘”

No puedo estar más en desacuerdo. La exploración, el descubrimiento, la conquista de lo desconocido son los motores que han llevado a la humanidad a su más alto grado de civilización. Lo contrario es puro conservadurismo. Es miedo a lo inexplorado, es la semilla del provincianismo más obtuso.

No perdamos nosotros la Luna, que todavía será la única manera de no perder la Tierra.