La redención

La ciencia ficción distópica, de la que 1984 es referente, amplifica los miedos básicos de la sociedad proyectándolos en el futuro. Uno de los principales protagonistas de estas historias es un sistema opresor que hostiga y aliena al ser humano de diferentes maneras y con diferentes justificaciones, en la mayoría de casos apuntando a la libertad de pensamiento como el blanco principal de la represión. Podemos recordar obras como Fahrenheit 451, Soylent Green, Hijos de los Hombres, Equilibrium, V de Vendetta, La Naranja Mecánica y tantas otras, literarias y cinematográficas, que muestran un futuro esencialmente basado en la represión.

Cuando George Orwell publicó 1984 en 1949, hacía poco que habían cerrado los campos de concentración, y  todavía quedaba vivo el recuerdo del pánico, apuntando directamente a las purgas del estalinismo como la reedición de la sociedad vigilada por el estado, donde la disidencia, incluso la íntima, era terriblemente castigada. Figuras clave de la cultura y el arte como el compositor Dmitri Shostakovich o Serguei Eisenstein habían caído en desgracia en la URSS de la posguerra, por comportamientos tan reprobables como el formalismo.

Números y letras

Es importante, para ilustrar la reflexión que haremos más adelante, comprender el significado del número, de la identificación personal, en este contexto. Un estigma real y doloroso de los judíos supervivientes de los campos de concentración nazis era el número que llevaban tatuado en el pecho o en el brazo, que se ocultaba por constituir un recuerdo imborrable –aquí físicamente– de los horrores sufridos durante una cautividad llena de muerte y sufrimiento. El número significaba la pertenencia a una de las épocas más trágicas de la historia de la humanidad.

La distopía proporciona a la literatura y el cine un nuevo campo de concentración: la neolengua de Orwell, una especie de programación lingüística, encaminada a retorcer la voluntad y la conciencia, a impedir el pensamiento por falta de significado y reelaboración de definiciones. Para conseguir una nueva dictadura basada en la ausencia, la perversión y la corrupción de los conceptos, basada en la alienación del individuo en aras de su pertenencia a una sociedad ordenada y pacífica, y la consiguiente conformidad con el hecho alienante colectivo para conseguir la tranquilidad, la paz y la prosperidad material, la neolengua constituye una parte fundamental del proceso. Se trata de conseguir una dictadura soft, donde la violencia sobre el disidente, pese a ejercerse brutalmente y sin contemplaciones, lo haga sigilosamente y con no demasiada frecuencia.

Como hemos dicho antes, el catálogo de distopías es amplio, desde Un Mundo Feliz a Brazil. Pero hoy quiero insistir en una pequeña obsesión cinematográfica. Quiero presentar una sociedad en la que un tatuaje con el número de prisionero se convierte en algo chic. Me gustaría hablar de Jean-Luc Godard y de una de mis películas fetiche, Alphaville. Alphaville entendida como parodia o como respuesta a 1984.

(Dis)Tópicos

Lemmy Caution es un personaje literario, un clásico detective privado de novela negra creado por el escritor británico Peter Cheyney en 1936. Apareció en diez novelas hasta 1945, que se hicieron muy populares en la Francia de la posguerra. Gracias a ello, sus andanzas se llevaron al cine en una serie de películas que abarcan de 1953 a 1963. La octava y última –y extraña– aparición del detective se produjo en 1965, de la mano de Jean-Luc Godard, en una película ambientada en el futuro.

Alphaville viene a subvertir el consenso básico sobre la libertad, usando conceptos (por supuesto, tan subliminales como toda la película en sí) como el de la no intervención, que reutilizará Star Trek a partir de 1968 (en el episodio “Bread and Circuses”) y en adelante con la “primera directiva”.

Siempre tenemos en mente la conciencia de la opresión: cuando en la literatura y el cine distópicos hablamos sobre las dictaduras, de la falta de libertad o de la represión consideramos un hecho que nuestros protagonistas son plenamente conscientes de su status de oprimidos.

La narrativa cinematográfica, y en casos la literaria, hacen que –al menos el espectador– sepa desde el primer momento que existe una situación de ausencia de derechos por parte de los protagonistas de la historia. (Después ellos lo advertirán). El “maniqueísmo narrativo” que llevan a cabo tanto los relatos como las adaptaciones al cine –se instaura como situación de hecho una vulneración de la libertad y los derechos de los protagonistas, sin ningún matiz– determina la historia desde su comienzo, despojándole de toda complejidad, postulando que existe una sociedad maléfica de la que hay que deshacerse, sin que importe si el protagonista lo consigue o no; simplemente la historia tiene un final feliz o terrible, dependiendo de la intención de cada narrador.

Ficción y realidad, y viceversa

Alphaville nos muestra, entre ironía y desasosiego, una visión diferente de la sociedad y su comportamiento. Describe  una sociedad operativa (como en la realidad ocurre en muchos regímenes autoritarios), donde la ortodoxia imperante produce, mediante el aleccionamiento, la represión y la violencia, progreso técnico y paz social, mientras la disidencia es relegada a guetos infectos: el resultado es que el opositor es retratado como una figura ridícula (la secuencia de los fusilados en la piscina es un claro ejemplo) de la que se hace espectáculo, o mueren de forma miserable, como personajes sencillamente marginados. Mientras tanto, el número del campo de concentración (el ID, el NIF, el número en el sentido más alienante del término) se muestra con orgullo, el orgullo del que pertenece al grupo intocable de los que obedecen al sistema, estableciendo una relación estremecedora entre los prisioneros del holocausto y los de la sociedad moderna, poniendo en juego una especie de anticipación que vista con los ojos de hoy nos ponen los pelos de punta.

Alphaville hasta aquí muestra de forma diferente, o se aproxima de otro modo, a los análisis tradicionales de las sociedades dictatoriales “distópicas”. Simplemente enfrenta la sociedad real que se nos muestra (la gobernada por la maléfica computadora alpha-60, pero muy parecida en su forma externa al París de los años 60) a una ideal (la que encarna Lemmy Caution, un estereotipo intencionadamente tosco de una sociedad de folletín, que es curiosamente la que el espectador reconoce como propia).

El planteamiento radical de Alphaville (y aquí no podemos olvidar que a Godard le faltaban un par de años para abrazar abiertamente el maoísmo) se centra en que Lemmy Caution es un intruso. Su comportamiento y su propia persona es completamente ajeno no solo a la realidad de Alphaville, sino a la realidad narrativa de la propia historia: “Una extraña aventura de Lemmy Caution”, según reza el subtítulo de la película. La propia presencia del detective, como hemos visto, es un cuerpo extraño en la narración. Irónicamente, este zafio personaje (como el “mujeriego” agente Henry Dickson, al que interpreta Akim Tamiroff) perturba la paz de una sociedad ordenada que basa su existencia en el progreso de la ciencia y la tecnología. Lemmy es un carácter ridículo, que por el simple hecho de portar un lenguaje conocido por el espectador, destruye una civilización por la mera condición de ser diferente a la suya propia. Como premio, también tópico, se lleva consigo a la protagonista, a la sazón hija del dictador, que aprende el significado del amor de boca del detective.

Los personajes de Alphaville usan gestos contrarios a los nuestros para asentir y negar. Sí es no, no es sí (parafraseando el “gue­rra es paz, li­ber­tad es es­cla­vi­tud, ig­no­ran­cia es fuerza” de 1984). Es una potentísima simbología que expresa la radical diferencia entre los modos de pensar del invasor y el invadido. Son el indio y el colono, la historia del expolio que el ambicioso y el iluminado practican sistemáticamente. La falta de comprensión del prójimo al que esta vez nuestro propio lenguaje nos impide acceder.


Todas las fotos de esta entrada pertenecen a la película Alphaville: Une étrange adventure de Lemmy Caution (1965), de Jean-Luc Godard.

Filosofía de la Señorita Pepis

A mí del cómic el que me gusta es Moebius, que es un cachondo. Lo último que me leí de Frank Miller fue hace casi veinte años –Batman año uno, creo–, y por supuesto no había catado ni media de la magna obra de Moore y Gibbons. Y el otro día me la alquilé. La película del año, tras El Caballero Oscuro, decían.

Llegados a este punto, debo aclarar que yo veo, oigo y leo ciencia ficción y superhéroes porque soy un militante, está en mi ADN. Es decir, leía los volúmenes capados de la Marvel de Ediciones Vértice, me salió el vello púbico mientras veía El Imperio Contraataca y me encerraba en el baño con Ghita de Alizarr. Esto lo digo porque el hecho de que me trague todas las fricadas que llegan a mis manos, no quiere decir que no distinga la calidad de lo que veo o leo. (Por cierto, he dejado de ver Plutón).

A lo que iba. Que dejé de leer cómics. Eran muy caros, además. Necesitaba el dinero para cubatas.

Leer lo que un personaje piensa en cada viñeta de cada página es un coñazo. Eso sin contar que los enormes bocadillos de texto dejan poco sitio para los dibujos. Por eso no he ido a ver el Spirit de Frank Miller. Eso es un sacrilegio. Los que amen profundamente a Will Eisner como yo me entenderán.

Todo esto es para decirles que Watchmen me parece una película pretenciosa, grandilocuente y vacía. Y a veces, ridícula. Con su clímax cuando un superhéroe eyaculador precoz recupera su mojo al calzarse de nuevo el traje de Búho Nocturno. Enorme, vamos. Y el pobre del Doctor Manhattan que le deja la novia.

¡Anda ya!

Mis diez mejores frases de la Ciencia Ficción

“No consigo acostumbrarme a estas resurrecciones”

—Snaut (Jüri Järvet)
Solaris (Andrei Tarkovski, 1972)—#10


“Está muerto, Jim”

—Leonard McCoy (DeForest Kelley)
Star Trek (1966)—#9


“No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza”

—Darth Vader (James Earl Jones) a Moff Tarkin (Peter Cushing)
La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977)—#8


“Dave, esta conversación ya no tiene ningún sentido. Adiós”

—HAL 9000
2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968)—#7


“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”

—Roy Batty (Rutger Hauer)
Blade Runner (Ridley Scott, 1982)—#6


“[…] debemos quedarnos aquí, y por una razón muy simple; pregunte a diez científicos diferentes sobre medio ambiente, control de la población o genética y obtendrá 10 respuestas distintas, pero hay algo en lo que todos los científicos del planeta coinciden. Ya sea dentro de cien, mil o un millón de años, con el tiempo el sol de enfriará y se apagará, y cuando eso ocurra no solo será nuestro fin, sino el de Marilyn Monroe, Lao-Tzu, Einstein, Nelson Mandela, Buddy Holly, Aristófanes; y todo esto, todo esto habrá sido inútil si no llegamos a las estrellas”

—Jeffrey Sinclair (Michael O’Hare)
Babylon 5 (1994)—#5


“¿Sabe lo que me gusta de las historias sobre Klingons? Nada. Muere un montón de gente y nadie obtiene beneficios”

—Quark (Armin Shimerman)
Star Trek: Espacio Profundo Nueve (1993)—#4


“[… ] vi explotar una estrella y esparcir las piezas con las que se arma el universo. Otras estrellas, otros planetas y quizás otra vida. ¡Una supernova, la Creación misma! Yo estaba allí. Yo quería ver aquello y formar parte de ese instante. ¿Sabes cómo percibí uno de los acontecimientos más gloriosos del universo? Con estas ridículas esferas gelatinosas de mi cráneo. Con ojos diseñados para percibir una insignificante fracción del espectro electromagnético. Con oídos diseñados sólo para escuchar vibraciones del aire. […] ¡Yo no quiero ser humano! ¡Quiero ver los rayos gamma! ¡Quiero oír los rayos X! ¡Y quiero oler la materia oscura! ¿Ves lo absurdo de lo que soy? Ni siquiera puedo expresar estas cosas con propiedad, porque tengo que conceptualizar ideas complejas con este estúpido y limitante lenguaje. Pero sé que no quiero estas patas prensiles para moverme. Y sí quiero sentir el viento de la supernova soplar sobre mí. ¡Soy una máquina, y quiero saber mucho más! ¡Puedo experimentar mucho más, pero estoy atrapado en este cuerpo absurdo! ¿Y por qué? Porque mis cinco creadores pensaron que Dios lo quería así”

—John Cavil (Dean Stockwell)
Battlestar Galactica (2003)—#3


“Nosotros en absoluto queremos conquistar el espacio, sino expandir la Tierra hasta el infinito. No queremos otros mundos, sino un espejo. Buscamos un contacto y nunca lo lograremos. Nuestra estúpida postura es la de alguien esforzándose por un objetivo que le aterra y no desea conseguir. ¡El hombre necesita al hombre!”

—Snaut (Jüri Järvet)
Solaris (Andrei Tarkovski, 1972)—#2


“Guerra es paz. Libertad es esclavitud. Ignorancia es fuerza”

—George Orwell, 1984—#1


Por qué me gusta THX 1138

duvall

Creo que es una cuestión puramente personal. Por lo mismo me gustan películas tan distintas como La amenaza de Andrómeda, Westworld o Capricornio Uno. El ambiente, el color, el uso del scope, yo qué sé. Me gustaría hacer una alguna vez para poder rescatar esos colores tan de verdad y tan de los setenta, el grano de la película, hasta los doblajes. Ver cine de los setenta es disfrutar también con esos doblajes tan familiares, de verdaderos actores. Los echo de menos cuando oigo voces tan buenas de los actores americanos, y cuando las de los dobladores españoles ya van perdiendo mucho.

Es puramente personal y lo reconozco. Pero JJ Abrams me lo ha recordado mucho todo con la nueva Star Trek. Es que Abrams es de mi quinta, verá usted.

¿Falsa alarma?

excaliburSegún los muchachos de Airlock Alpha, no parece ahora tan probable que haya en vistas una película sobre la BSG de Larson, o al menos no dirigida por Bryan Singer. Ole los cronistas bien informados. Parece ser que lo que hay en mente es un remake de Excalibur. Pondría otra vez el grito en el cielo, pero es tarde y no tengo ganas. Me ha aliviado mucho lo de Galactica.

Ahora, los pelos blancos de John Boorman se le han tenido que poner como escarpias, al pobre.

Espoilerazo

En vista de lo dicho en el post anterior, yo desde aquí me apuesto una cena a que la historia de Singer será la siguiente:

Lo que ha pasado volverá a pasar, así que mientras la nueva raza humana-cylon-terrícola se va desarrollando en la Tierra, los pocos (y desconocidos) supervivientes que han quedado en las doce colonias rehacen poco a poco sus civilizaciones, basadas en sus ancestros (y en la abundante literatura que ha quedado), llegan a su madurez tecnológica; se inventan otra vez a los cylons tropezando en la misma piedra y vuelta a empezar (aquí se inserta la serie original). Buscando la decimotercera tribu llegan a la tierra en los años ochenta (aquí se inserta Galactica 1980, de infausto recuerdo) o bien en nuestros días o un poco después (si se obvia Galactica 1980, de infausto recuerdo), coincidiendo con algún tipo de eclosión de la inteligencia artificial.”

Foto: Wikipedia

A partir de aquí, la película, o bien éste es el epílogo que la explica. En fin, que yo me apuesto una cena a que ésto es lo que hace Bryan Singer. Y si no, pues nada. Pero aquí queda el post, para la post eridad.

Resulta cómico ver cómo una persona de la talla de Glen A. Larson -que por otra parte ha sido un excelente y prolífico productor- no se resigna a que alguien haya usado una buena idea suya, que después se convirtió en una basura para niños, para hacer realidad una de las mejores series de la historia de la televisión. Sin él, claro. El riesgo de ridículo para Singer (Larson ya lo ha hecho) es bastante alto, y su trayectoria descendente tras X2 no promete lo mejor.

Ronald D. Moore se ha revelado, en sus más de veinte años como escritor de series y películas, como uno de los más sólidos creadores de personajes y universos, haciendo series creíbles y maduras donde antaño se hacían fantasías para friquis. Los veinte años de Singer se han traducido en nueve películas con irregular éxito.

El principio del post quizá sea un poco exagerado. Pero se me antoja una empresa condenadamente difícil llegar siquiera a acercarse a la calidad que Moore ha conseguido con su visión de Galactica. Y eso que Singer es un buen director.

A no ser, claro, que el guión lo haga quien ustedes y yo sabemos.

Ay Dios

homergritando

Aquí pueden ver que es posible que Bryan Singer dirija una película sobre la serie original de Battlestar Galactica. La de Glen A. Larson. La que no es la mejor serie de la historia, sí, ésa. Ojalá quede en nada, como el extraño remake de Buffy.

Premios Hugo 2009

logoEn el 67º Congreso Mundial de la Ciencia Ficción, Anticipation, se han entregado los premios Hugo 2009. Este año coincide con el estreno del nuevo logo de los premios, un excelente diseño de Jeremy Kratz, que podéis admirar a la izquierda.

 El ganador del premio a la mejor novela, Neil Gaiman, es conocido ante todo por su serie de cómic The Sandman, y más recientemente por la adaptación al cine de su novela Stardust, protagonizada por Robert DeNiro y Michelle Pfeiffer, entre otros.

Destaca el premio a la mejor presentación en formato largo, concedido este año a la película WALL-E,  de los estudios Disney-Pixar, un premio más a una película sobresaliente.

En el apartado de formato corto, el premio ha ido a parar al musical web (sí, sí) Dr. Horrible’s Sing-Along Blog, interrumpiendo la racha de Steven Moffat en Doctor Who, que además de tener dos capítulos nominados para esta edición, había ganado las tres ediciones anteriores.

La lista completa de ganadores es la siguiente: 

  • Mejor novela: The Graveyard Book, Neil Gaiman (HarperCollins; Bloomsbury UK)
  • Mejor novela corta: The Erdmann Nexus, Nancy Kress (Asimov’s Oct/Nov 2008)
  • Mejor relato: Shoggoths in Bloom, Elizabeth Bear (Asimov’s Mar 2008)
  • Mejor relato corto: Exhalation, Ted Chiang (Eclipse Two)
  • Mejor libro relacionado (no ficción): Your Hate Mail Will Be Graded: A Decade of Whatever, 1998-2008, John Scalzi (Subterranean Press)
  • Mejor historia gráfica: Girl Genius, Volume 8: Agatha Heterodyne and the Chapel of Bones, escrita por Kaja y Phil Foglio, dibujos de Phil Foglio, color de Cheyenne Wright (Airship Entertainment)
  • Mejor presentación dramática en formato largo: WALL-E, historia de Andrew Stanton y Pete Docter; guión de Andrew Stanton y Jim Reardon; dirección de Andrew Stanton. (Pixar/Walt Disney)
  • Mejor presentación dramática en formato corto: Doctor Horrible’s Sing-Along Blog, escrita por Joss Whedon, Zack Whedon, Jed Whedon y Maurissa Tancharoen; dirigida por Joss Whedon. (Mutant Enemy)
  • Mejor editor (formato corto): Ellen Datlow
  • Mejor editor (formato largo): David G. Hartwell
  • Mejor artista profesional: Donato Giancola
  • Mejor fanzine semiprofesional: Weird Tales, editado por Ann VanderMeer y Stephen H. Segal
  • Mejor escritor aficionado: Cheryl Morgan
  • Mejor fanzine: Electric Velocipede editado por John Klima
  • Mejor artista aficionado: Frank Wu
  • Premio John W. Campbell al mejor escritor novel: David Anthony Durham

Fandom

Transcribo directamente de Wikipedia:

Fandom es una palabra de origen inglés (Fan Kingdom), que se refiere al conjunto de aficionados a algún pasatiempo, persona o fenómeno en particular. Cabe aclarar que el término fandom se asocia más con los aficionados a la ciencia ficción o a la literatura fantástica. También se suele aplicar este término a las comunidades en Internet que discuten temas relacionados con el tema de su afición. Los detractores de este tipo de aficionados suelen mencionar que el fandom restringe el círculo de amistades de los integrantes, al hacerlos sentir que los únicos que entenderán sus preferencias y con los que vale la pena relacionarse, son personas embebidas en el tema de su pasatiempo”

A los detractores dedico cariñosamente este post.

Yo tengo fundamentalmente dos pasatiempos (aparte de escribir por aquí, claro). Uno es la ciencia ficción, el otro es cantar en un coro. Recuerdo fielmente cuando un aficionado al golf, ente capaz de levantarse a las cinco de la mañana y comer sólo un sandwich para estar dando golpecitos a una pelotita durante doce horas seguidas, ninguneaba mi afición canora: “Pues vaya gilipolleces a las que te dedicas”, decía, el de la pelotita, cuando me dirigía a interpretar a Schubert, y a Haydn, entre otros friquis.

¿Qué lees? Me preguntaba otra amiga, mientras me empapaba Soy leyenda, de Richard Matheson. “Ciencia Ficción”, dije yo, mientras observaba una vagamente contenida sonrisilla intelectualoide. Ella llevaba bajo el brazo un elemplar de El código Da Vinci.

Ah, y mi querido amigo tuno, el que me acusaba de friqui por ir al cine a ver Star Trek. El que sale a la calle con calzas, medias y capa…

Resulta inconcebible que alguien objetivamente capaz de leer “Ficciones”, de Jorge Luis Borges, o “Las ciudades invisibles” de Italo Calvino, no se de cuenta de que lo que lee es ciencia ficción y literatura fantástica. O el que ve 2001, de Kubrick, o Alphaville, de Godard, o Metropolis, de Fritz Lang. O el que ve Redes, el programa de Punset.

Yo invito a todos a dar un garbeo por internet, y divertirse encontrando blogs sobre espiritismo, astrología, el poder curativo de las pirámides, el diseño inteligente o el creacionismo, el alargamiento de pene o los orines de Chumari. Ésos si que son friquis, hombre. Los informáticos gorditos no. Ellos nos han construido la blogosfera, para que podamos meternos con ellos a nuestras anchas.

Y los del manga tampoco. ¿Qué hubiera sido de nuestra generación sin Mazinger-Z?

MESSIANICA

Mi amigo Alfonso, coeditor fantasma de este blog, estrenará en breve el primer corto de una webserie que parece que va a tener futuro. Ciencia ficción española y sevillana. Cuán orgulloso estoy. Estén atentos. Dará que hablar. Visiten su página. Fináncienles. Aquí.

Futuros Imperfectos (I)

Una característica esencial de las obras de ciencia ficción es que tienen que apostar sobre los contenidos del futuro. Ese tiempo que describen, predicen, y en algunos casos profetizan, corre casi siempre más rápido de lo que sus autores hubieran deseado, y afecta mucho más a la realidad cotidiana que a los grandiosos avances de la humanidad, igual que la tecnología. Avanza tanto más cuanto más gente la compra.

Este avance tecnológico diferente es el que ha afectado a tantas novelas, películas y series de TV, simplemente haciéndonos sonreír o, en los casos más graves, dejando la obra totalmente obsoleta. Un ejemplo de todo lo anterior sería la increíble cualidad de Huxley, en “Un Mundo feliz”, de describir un futuro de humanos clonados y clasificados en castas modificando sus capacidades (una especie de profecía sobre la ingeniería genética), mientras que a la vez, para llamar por teléfono, se tiene uno que bajar del helicóptero.

A estos fallos en la ambientación del futuro va dedicada esta serie de posts, que comenzamos con una magnífica escena de La naranja mecánica. Seguir leyendo “Futuros Imperfectos (I)”

“Hijos de los hombres” a la televisión

Se ha anunciado recientemente que “Hijos de los hombres” la novela de la escritora británica Phyllis Dorothy James, va a ser adaptada a serie de televisión por David Eick, coproductor ejecutivo de “Battlestar Galactica”. La novela fue objeto de una adaptación cinematográfica en 2006, dirigida por Alfonso Cuarón e interpretada por Clive Owen, Michael Caine y Julianne Moore, y es sin lugar a dudas una de las mejores películas de ciencia ficción de las últimas décadas.

La fama de Eick viene precedida por su participación en el remake de Galactica, pero últimamente ha cosechado un importante fracaso con la cancelación de la serie de SciFi Channel La Mujer Biónica, de la que es productor ejecutivoEsto, unido a la entidad cinematográfica de la película de Cuarón, nos hace ser muy cautos a la hora de pronosticar el resultado final de la serie. Tanto más sabiendo que el verdadero germen del éxito y la calidad de Galactica, que es la tarjeta de presentación de Eick, es Ronald D. Moore, viejo conocido de los aficionados por ser guionista de varios de los mejores capítulos de Star Trek: La Nueva Generación, Espacio Profundo 9 y Voyager.

Tarkovski Revisited

Esto parece muy interesante. Excelente reseña y artículo de Antonio Weinrichter en ABC. En una de sus partes se refiere al monográfico que sobre Tarkovski hace la revista canaria “La Página”:

«mencionemos el estupendo texto de Pilar Carrera sobre la opacidad de sus símbolos: «La lluvia en Tarkovski, como en Kurosawa, no apela al sentimiento: no ilustra como metáfora ningún estado de ánimo. Cuando llueve a raudales la imagen clama al cielo. No simboliza nada. La lluvia nunca cae sobre nosotros, los espectadores. Es soberana».

Cito este párrafo por la increíble fuerza visual con que la lluvia se trata en Solaris, en especial en la última escena.

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Recomendamos también una magnífica página en español dedicada a Andrei Tarkovski, que claro está, se hace eco de este artículo, http://www.andreitarkovski.org/, donde podemos encontrar una reseña sobre el número de la revista que comentamos. En dicha página podemos encontrar bibliografía, artículos y todo tipo de información y noticias sobre el cineasta ruso.