Neoblasfemias (I)

El escepticismo ortodoxo, como todos los fundamentalismos, nos despoja de la fantasía y por tanto de la capacidad de manejar imposibles. Sin esa capacidad arrinconamos la habilidad para trabajar fuera de la caja y nos convertimos hoy en los conservadores de mañana. En nuevos dinosaurios, que se extinguirán tal como se extinguieron. Y no me malinterpreten; esto no tiene nada que ver con la power balance.

Extractos mínimos (VIII)

Estaba abstraído, hablando los demás a mi alrededor. Miré a la mesa cercana, a los ojos de ese hombre, luego a los de su acompañante; después a la mesa opuesta y a la de atrás. Yo los veía a todos y al momento me ví a mí: yo era todos.

La mayor decepción del siglo

Como pueden leer en esta entrada de Wired, Obama acaba de cancelar el programa Constellation. En 2020 no habrá nadie en la Luna. Estoy desolado, y no es de broma. Cada día me siento más ajeno al género humano. Que lo vistan de lo que sea, que lo justifiquen diciendo que es lo mismo que hace cincuenta años. Lo que hay que hacer es llegar, y quedarse, como debían haber hecho hace cuarenta. Sigo convencido de que hoy nos cantaría otro gallo. Mejor.

Esto sí que es un acontecimiento planetario, Pajín.

Al menos queda la empresa privada, o eso dice el Presidente. Desde este momento deposito mis esperanzas en Virgin Galactic.

Saramago y la Luna

Cuando buscaba referencias para la entrada que llamé Paparruchas, encontré este artículo de Carlos López Díaz, en mi humilde opinión lleno de sentido común, que coincide en parte con el contenido de mi post sobre Dragó. Se extiende sobre otras historias y apunta un artículo de José Saramago en El País, titulado Luna.

Tengo que reconocer que Saramago me cae bien, pese a que casi todas las cosas que dice –al margen de la literatura, claro– me parecen tonterías bastante solemnes. Quizá sea esa imagen que ofrece de buen hombre, bien intencionado y mal aconsejado, la que influye en mi ánimo cuando le oigo desbarrar sobre cualquier tema que desconoce de manera íntima, y me vuelve condescendiente. Lo contrario que con la mayoría de los periodistas especializados.

Aprovecho esta nueva oportunidad para abundar en mi profundo desprecio por la actitud de muchos intelectuales, que se jactan de desconocer y abominar de la tecnología y la Ciencia. Verdaderos analfabetos funcionales en la mitad de la sabiduría de nuestra sociedad, que no por eso dejan de opinar sobre temas científicos, como la energía y el medio ambiente. Y digo esto sin segundas.

En un artículo bellamente redactado, y tras flirtear –como tantos otros– con la veracidad de la llegada del Hombre a la Luna, Saramago, lleno de esa desasosegante saudade,  escribe:

[…] llego a la desoladora conclusión de que al final ningún gran paso para la humanidad fue dado y que nuestro futuro no está en las estrellas, sino siempre y sólo en la Tierra en que asentamos los pies. Como ya decía en la primera de esas crónicas: No perdamos nosotros la Tierra, que todavía será la única manera de no perder la Luna‘”

No puedo estar más en desacuerdo. La exploración, el descubrimiento, la conquista de lo desconocido son los motores que han llevado a la humanidad a su más alto grado de civilización. Lo contrario es puro conservadurismo. Es miedo a lo inexplorado, es la semilla del provincianismo más obtuso.

No perdamos nosotros la Luna, que todavía será la única manera de no perder la Tierra.

Lógica

El universo se divide en dos clases de seres: los que se reencarnan hacia adelante en el tiempo y los que lo hacen hacia atrás. A los primeros les gusta la historia, y a nosotros, la ciencia ficción.

Actualización. Puedes entender mejor este post si antes lees esto.

Va siendo hora de presentarse

Aunque probablemente nadie haya leído este blog todavía, diré que tuve la mala suerte de inaugurarlo el día de la muerte de Arthur C. Clarke. Así que lo primero que me vi obligado a hacer (moral y temáticamente) fue incluir un post necrológico, crear una categoría llamada obituario y darme con un canto en los dientes por no tener nada más agradable que escribir para la ocasión.

Tengo un cuaderno en el que he estado escribiendo durante un par de meses; sobre lo que es un blog, qué es lo que quiero contar, montones de temas que se me han ido ocurriendo y lo más importante: nada listo para escribir. Así que decidí postear “cualquier cosa” para vencer la pereza que da el papel en blanco, y dejar para más adelante las filosofías y las intenciones del blog.

Como he estado bastante ocupado en general, y en particular eligiendo un tema (me refiero al aspecto visual de WordPress) y modificándolo, ha pasado casi una semana desde esas primeras entradas, que respondían más a la necesidad de ver algo escrito, un poco de vida, que a una idea previa sobre lo que publicar.

Hace un par de años tuve abierto un blog que me pareció interesante, en su momento, sobre el 40 aniversario de Star Trek (serie que supuso mi reencuentro con la ciencia ficción, tras quince años de exquisita dedicación a la cultura más refinada y reconocida) que se quedó en agua de borrajas, después de dos posts fallidos (uno de ellos, curiosamente, un obituario, qué cosas). De aquel blog, el miedo a que éste fuera mas de lo mismo: un par de semanas diseñándolo y otro par de ellas empleado en dejar que se muriera.

La idea principal de esta página, por no pecar de monográfico, como ya me pasó entonces, estaba clara: vamos a hacer un blog de ciencia ficción. Toma castaña. Por no ser concreto me he pasado de la raya. ¿Qué ciencia ficción? ¿Toda? ¿Estamos locos? Como si no hubiera ya decenas (por consolarme; hay cientos de blogs dedicados a la ciencia ficción, coño, busca en Google, es gratis).

Entonces es cuando me acojono ante la inmensidad del tema (y del universo, por seguir la línea editorial), tiro el cuaderno al váter, mi hosting y la reserva del dominio con él (y con sus euros correspondientes), y me encuentro ante la disyuntiva de cerrar el chiringuito, a tiempo de que nadie lo lea, o bien escribir esto que escribo, y por lo menos tener un post más, que ya son cuatro, y a ver qué viene después.

Como véis, triunfó la segunda opción. A pesar de mi personalidad dual tímido-entusiasmada, creo que aguantaré por lo menos un par de entradas más, sobre todo porque he conseguido recuperar mi cuaderno del inodoro, y algo de lo que tengo escrito me irá dando ideas sobre cómo encauzar esto.

Mientras tanto, he conseguido que la persona que me reinició en la ciencia ficción, que dicho sea de paso, sabe una barbaridad, sea coeditor de este invento, con lo que a lo mejor esto se convierte en algo legible, y si Dios quiere, ameno. Y si vosotros queréis.