The Expanse y el síndrome de Caprica

Es sabido que Battlestar Galactica es la mejor serie de ciencia ficción de lo que llevamos de siglo XXI (y que me perdonen los losters). La paradoja es que su éxito, en lugar de generar más y mejores series del género, ha creado un terrible complejo de insuperabilidad a la cadena que la emitió. Desde el final de BSG, SyFy, antes Sci Fi, antes The SciFi Channel, ha sufrido una de las más largas travesías del desierto vistas por un canal televisivo.

Cadenas como UPN, mascarón de proa de Paramount, tuvieron que cerrar las puertas o fusionarse, después de fracasos estrepitosos, tras grandes experimentos como Star Trek: Voyager y Star Trek: Enterprise. SciFi decidió cambiar su nombre, su target y su contenido cuatro días antes del final de Battlestar Galactica.

El éxito de una producción en ocasiones funciona de forma contraria a la deseada. Una vez finalizada, parece complicado proponerse un éxito parejo, si no mayor, a la exitosa desaparecida: en el caso de SyFy, la continuación lógica a BSG fue Caprica, una ambiciosa historia sobre los años previos a la primera guerra cylon. En unos años que empezaron a ser aciagos para la ciencia ficción, la serie fue cancelada tras la emisión del capítulo 13 por baja audiencia, pese a contar con el respaldo y la experiencia de Ronald D. Moore y Jane Espenson.

Al igual que el año anterior ocurriera con la excelente e infravalorada (y correspondientemente cancelada) Defying Gravity, Caprica utilizó una enorme cantidad del tiempo disponible para plantear personajes, conflictos y subtramas que quedaban sembradas para un posterior desarrollo, olvidando la aplastante lógica televisiva: en una serie basada en un arco narrativo, no episódica, es necesario retener al espectador. Si eso no ocurre se corre el riesgo de perder la audiencia muy rápidamente, y en una serie quizá demasiado intelectual para el espectador medio, la probabilidad de reengancharse es bastante baja.

Los últimos capítulos parecían haber advertido esta situación y comenzaron, rápidamente, a solucionar y rematar algunos hilos, a acelerar la acción y a generar más interés, y más cuando se acercaba el final, hasta un epílogo que venía a resumir, en unos pocos minutos, una trama que podía haber durado varias temporadas.

The Expanse es una serie que merece la pena ver únicamente para llegar a sus magníficos y espectaculares tres últimos capítulos. Basada en la serie de libros de Daniel Abraham and Ty Franck (bajo el seudónimo de James S. A. Corey) es, al igual que Caprica, otra ambiciosa producción. Plantea una compleja trama que se ofrece al espectador con una parsimonia en ocasiones desesperante, usando el limitadísimo tiempo del que dispone (el nuevo estándar de diez capítulos por temporada) para mostrar un magnífico y costeado diseño de producción, en el que se disponen un excelente y estimulante prólogo de un par de minutos y tres tramas que convergen plana, arrítmica y lentamente, durante siete capítulos, hacia un final de temporada que ofrece de lo mejorcito de la última space opera.

Los índices de audiencia USA son implacables: del millón doscientos mil espectadores del estreno pasa a los algo más de medio millón de los últimos dos capítulos. Inexplicablemente, aunque por suerte, la serie ha sido renovada para una segunda temporada. Veremos entonces si continúa el buen sabor de boca del final o repetirá el planteamiento antitético de thriller pausado e introspectivo del inicio. En cualquier caso, habrá que esperar casi un año, con lo que probablemente sea necesario volver a ver la primera temporada antes de comenzar con la segunda. Esa es una labor que es una delicia cuando hablamos de Doctor Who o The Leftovers, pero que en este caso provoca una cierta pereza. Ya veremos.

Como nota final baste señalar que, como tantas otras veces he lamentado en este blog, The Expanse no está anunciada, esperada ni programada en España. Al hilo de la entrada anterior, es sorprendente que una cadena con sucursal en nuestro país sea incapaz de frenar la sangría de potenciales espectadores haciendo el esfuerzo de programar sus series en el resto del mundo en fechas al menos cercanas a su estreno en USA, tal como ya hacen por ejemplo FOX con Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. o TNT con Big Bang. Ayer en la XXX gala de los Premios Goya, Antonio Resines volvía a insistir en el mantra de las descargas, además de hacer una inútil y anacrónica defensa de los videoclubs. Mientras avanzamos, imparable e irrevocablemente, hacia los contenidos en la nube, en España la industria sigue dándose tiros en el pie.