Otra vez tarde

Cuan­do es­te blog vi­vía (de ver­dad, no co­mo es­te ghoul re­ani­ma­do por mis con­te­ni­dos de otros lu­ga­res) te­nía la cos­tum­bre de ce­le­brar pa­ra bien el día del óbi­to del pa­dre, Arthur C. Clar­ke. Lo ha­cía po­nien­do un en­la­ce o un co­pia y pe­ga de al­guno de los cuen­tos cor­tos del es­cri­tor británico. 

Más mal que bien, por San Jo­sé iba apa­re­cien­do, ca­si siem­pre tar­de por fal­ta de tiem­po o por ol­vi­do, el re­cuer­do al maes­tro y el cuen­to co­rres­pon­dien­te, que a mo­do de ho­me­na­je me per­mi­tía un post gra­tis ca­da año.

En es­ta nue­va eta­pa no iba a ser me­nos, pe­ro me cu­ra­ré en sa­lud. Co­mo re­sar­ci­mien­to a los años que que­da­ron en blan­co y por si es­te Gua­dia­na vol­vie­ra a ocul­tar­se por al­gún ve­ri­cue­to, ahí van die­ci­séis. Al­guno ya lo pu­se en su día, pe­ro se dis­fru­ta igual. 

Dos días tar­de, se pue­de me­jo­rar pe­ro es­ta­mos en camino.

Mis agra­ded­ci­mien­tos a Lec­tu­ria por com­par­tir­los en su web.

Cuen­tos de Arthur C. Clar­ke | Lecturia

Post­da­ta lle­na de amar­gu­ra. Re­pa­san­do la his­to­ria del blog aca­bo de ver que el pri­mer post es del 19 de mar­zo de 2008. Ha­ce la frio­le­ra de die­cio­cho años que em­pe­cé es­ta his­to­rie­ta, y el hi­jo es ya ma­yor de edad. Una co­sa es­tá cla­ra: si fue­ra hi­jo de ver­dad ya me ha­bría re­clui­do en un asi­lo por ha­ber­lo aban­do­na­do en su más tier­na in­fan­cia. Ya que no lo es y es­pe­ran­do de bue­na fe que no con­tac­te con cual­quier Sky­Net de pa­co­ti­lla y eje­cu­te sus peo­res de­sig­nios, pro­me­to, siem­pre con los de­dos cru­za­dos tras la es­pal­da, no de­jar­lo más en la estacada.

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