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Extractos mínimos (XIV)
El viajero del futuro comenzó a publicar en la prensa las esquelas del día siguiente.
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Extractos mínimos (XIII)
En septiembre de 2017 un descubrimiento definitivo convierte la energía en ilimitada y gratuita. La situación genera una escalada tecnológica que acelera la exploración espacial en un tiempo récord, al tiempo que tensiona las relaciones diplomáticas globales provocando una guerra mundial que deteriora hasta el límite el ecosistema terrestre. De repente, toda la ciencia ficción del final del siglo XX se hace posible.
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Extractos mínimos (XII)
La tecnología había conseguido la realidad virtual perfecta. El cuerpo mantenido indefinidamente mediante su reparación y conservación continuas. La experimentación de todos los placeres conocidos por tiempo ilimitado. La materialización de todos los sueños imposibles. Dinero, sexo, poder sin fin. El ejercicio indistinto y arbitrario de la tiranía o de la misericordia. Transcurrido un período suficiente de tiempo, daba igual que aquella realidad se llamara paraíso, infierno o cadena perpetua.
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The Expanse y el síndrome de Caprica

Es sabido que Battlestar Galactica es la mejor serie de ciencia ficción de lo que llevamos de siglo XXI (y que me perdonen los losters). La paradoja es que su éxito, en lugar de generar más y mejores series del género, ha creado un terrible complejo de insuperabilidad a la cadena que la emitió. Desde el final de BSG, SyFy, antes Sci Fi, antes The SciFi Channel, ha sufrido una de las más largas travesías del desierto vistas por un canal televisivo.
Cadenas como UPN, mascarón de proa de Paramount, tuvieron que cerrar las puertas o fusionarse, después de fracasos estrepitosos, tras grandes experimentos como Star Trek: Voyager y Star Trek: Enterprise. SciFi decidió cambiar su nombre, su target y su contenido cuatro días antes del final de Battlestar Galactica.
El éxito de una producción en ocasiones funciona de forma contraria a la deseada. Una vez finalizada, parece complicado proponerse un éxito parejo, si no mayor, a la exitosa desaparecida: en el caso de SyFy, la continuación lógica a BSG fue Caprica, una ambiciosa historia sobre los años previos a la primera guerra cylon. En unos años que empezaron a ser aciagos para la ciencia ficción, la serie fue cancelada tras la emisión del capítulo 13 por baja audiencia, pese a contar con el respaldo y la experiencia de Ronald D. Moore y Jane Espenson.
Al igual que el año anterior ocurriera con la excelente e infravalorada (y correspondientemente cancelada) Defying Gravity, Caprica utilizó una enorme cantidad del tiempo disponible para plantear personajes, conflictos y subtramas que quedaban sembradas para un posterior desarrollo, olvidando la aplastante lógica televisiva: en una serie basada en un arco narrativo, no episódica, es necesario retener al espectador. Si eso no ocurre se corre el riesgo de perder la audiencia muy rápidamente, y en una serie quizá demasiado intelectual para el espectador medio, la probabilidad de reengancharse es bastante baja.
Los últimos capítulos parecían haber advertido esta situación y comenzaron, rápidamente, a solucionar y rematar algunos hilos, a acelerar la acción y a generar más interés, y más cuando se acercaba el final, hasta un epílogo que venía a resumir, en unos pocos minutos, una trama que podía haber durado varias temporadas.
The Expanse es una serie que merece la pena ver únicamente para llegar a sus magníficos y espectaculares tres últimos capítulos. Basada en la serie de libros de Daniel Abraham y Ty Franck (bajo el seudónimo de James S. A. Corey) es, al igual que Caprica, otra ambiciosa producción. Plantea una compleja trama que se ofrece al espectador con una parsimonia en ocasiones desesperante, usando el limitadísimo tiempo del que dispone (el nuevo estándar de diez capítulos por temporada) para mostrar un magnífico y costeado diseño de producción, en el que se disponen un excelente y estimulante prólogo de un par de minutos y tres tramas que convergen plana, arrítmica y lentamente, durante siete capítulos, hacia un final de temporada que ofrece de lo mejorcito de la última space opera.
Los índices de audiencia USA son implacables: del millón doscientos mil espectadores del estreno pasa a los algo más de medio millón de los últimos dos capítulos. Inexplicablemente, aunque por suerte, la serie ha sido renovada para una segunda temporada. Veremos entonces si continúa el buen sabor de boca del final o repetirá el planteamiento antitético de thriller pausado e introspectivo del inicio. En cualquier caso, habrá que esperar casi un año, con lo que probablemente sea necesario volver a ver la primera temporada antes de comenzar con la segunda. Esa es una labor que es una delicia cuando hablamos de Doctor Who o The Leftovers, pero que en este caso provoca una cierta pereza. Ya veremos.
Como nota final baste señalar que, como tantas otras veces he lamentado en este blog, The Expanse no está anunciada, esperada ni programada en España. Al hilo de la entrada anterior, es sorprendente que una cadena con sucursal en nuestro país sea incapaz de frenar la sangría de potenciales espectadores haciendo el esfuerzo de programar sus series en el resto del mundo en fechas al menos cercanas a su estreno en USA, tal como ya hacen por ejemplo FOX con Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. o TNT con Big Bang. Ayer en la XXX gala de los Premios Goya, Antonio Resines volvía a insistir en el mantra de las descargas, además de hacer una inútil y anacrónica defensa de los videoclubs. Mientras avanzamos, imparable e irrevocablemente, hacia los contenidos en la nube, en España la industria sigue dándose tiros en el pie.
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Netflix y el profeta

Cuando aún actualizaba este blog de manera regular, escribí una entrada al hilo del aniversario (el 43º) del estreno de la serie original de Star Trek. Con mi habitual mal humor crónico de entonces, no perdí la ocasión de cargar –en este caso– contra los canales de distribución audiovisual, la medición de audiencias y los planteamientos de futuro de las cadenas de televisión.
Encontré el artículo repasando posts antiguos para pensar en la manera de retomar el blog. Es de septiembre de 2009, hace algo más de seis años, cuando Spotify no llevaba más de un año en funcionamiento, más o menos lo mismo que el negocio de streaming de Netflix (que recordemos comenzó como una empresa de alquiler de DVD), que aún no se conocía en España, y a la que hemos tenido que esperar hasta 2015. Me reconfortó saber que mis aptitudes como futurólogo-prospectivista no son tan malas como yo creía, y que la evidencia del cambio se acaba imponiendo sobre la lógica del conservadurismo y la tradición. Baste una cita de aquello:
Hay un factor que es mucho más determinante que los demás, y ya he mencionado en artículos anteriores. La globalización es un hecho irreversible, y los que anuncian en televisión lo hacen en el mundo entero. Hasta que no entiendan que la radiodifusión también es global, no dejarán de perder dinero. El concepto de worldwide syndication, o difusión mundial (de contenidos), es esencial para que las series televisivas sean rentables y para que la publicidad sea efectiva.
Claro está que las conexiones de banda ancha de entonces dejaban mucho que desear (yo entonces gozaba de una fantástica conexión de 6mb/600kb, contra los ya estándar 100mb/10mb que tengo hoy), y un streaming decente en una incipiente alta definición no parecía ser una opción inmediata, aunque apuntaba la posibilidad:
Desde entonces el CD ha dado paso al MP3 y Spotify ha revolucionado la manera de escuchar música. El DVD está prácticamente muerto, y no sabemos quién heredará, si el dubitativo Blu-Ray o directamente Matrioshka, la memoria flash (ahora que adviene USB 3.0) o algún servicio de streaming de pago o con publicidad.
La apuesta final ha sido el streaming de pago: Netflix como punta de lanza, que con más o menos éxito, y mientras llegaba, han cubierto en España plataformas como Filmin, Wuaki, Yomvi o las opciones de videoclub de las televisiones de pago tradicionales. En EE.UU. se han añadido muchas más opciones como Hulu, Amazon Prime o iTunes, mientras que las cadenas tradicionales están optando por lanzar también sus propias marcas, como Showtime Anywhere, HBO Now o CBS All Access (en la que se ofrecerá la nueva serie de Star Trek que comienza en enero del próximo año).
Tradicionalmente, tanto las productoras cinematográficas como las televisivas han estimado sus costes y beneficios evaluando el domestic box office o lo que es lo mismo, los ingresos obtenidos en territorio norteamericano. El resto de los ingresos –resto del mundo– venían a suponer un rendimiento extra, junto a las ventas de DVD (y sus antecesores y sucesores). Al igual que ocurría en los años 60 del siglo pasado con la medición bruta de audiencias, el éxito o fracaso de una serie o película estadounidense (y sus consecuentes cancelación, renovación o secuelas) es resultado bastante directo de lo que ocurre con ella en el suelo patrio, despreciando o minimizando el éxito o fracaso económico en el resto del mundo. Para muestra un botón: «El despertar de la fuerza» ha recaudado en Estados Unidos nada menos que 897.469.134 dólares, mientras que en el resto del mundo «solo» ha conseguido 1.087.800.000.
Netflix es la única empresa audiovisual que ha establecido un catálogo internacional más o menos homogéneo, en HD y en algunos casos en 4K. Produce varias de las series más aclamadas y premiadas de la televisión (Orange is the new Black, Jessica Jones, House of Cards, Daredevil), mientras Amazon Prime (The Man in the High Castle, Mozart in the Jungle) comienza a imitar sus procedimientos y su éxito. Una fórmula de pago asequible y un catálogo amplio y de calidad en todo el mundo –recordemos que es el modelo de pago de Spotify– constituyen el modelo de éxito hoy, mientras que las más conservadoras como CBS All Access (solo presente en USA, Canadá y Australia) se están jugando el futuro al no abrirse a otros mercados o no compartir sus contenidos.
Tal como ocurría en 2009, la única manera que tiene la industria de frenar la descarga no deseada de contenidos, es ofrecerlos sin restricción geográfica (la idiotez de los famosos códigos de región de los DVD, heredados en parte por el Blu-Ray), con acceso rápido y a precios razonables. Eso llevaría a desprendernos de una buena cantidad de información almacenada, disponible ahora en la nube por una tarifa plana asequible, de manera que ese valor añadido consiga hacer más cómodo y placentero pagar por los contenidos que descargarlos de manera irregular.
Hablamos dentro de seis años.
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Extractos mínimos (XI)
Cuando partieron en aquellas enormes naves generacionales repletas de gente, lo hicieron con un sentimiento encontrado: estaba la seguridad de la supervivencia, y también la certeza de que los nietos de sus nietos se estrellarían sobre aquel planeta azul y exuberante ciento noventa y cinco mil años antes.
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Leonard Nimoy 1931 – 2015

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Extractos mínimos (X)
Había tiempo y había lugares, pero el gran error de la última civilización del universo fue ignorar que lo era.
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Un momentito, que voy a escribir una tesis doctoral y enseguida vuelvo
Mantener vivo un blog es en sí bastante complicado: buscar un asunto interesante sobre el que escribir, hacerlo de forma amena y encontrar el tiempo suficiente no es nada fácil, y mucho menos si además se le pretende dar una cierta periodicidad. Para un aficionado a contar cosas, cumplir todas las premisas es casi imposible a poco que se le crucen otras actividades y otras responsabilidades.
Dos años completos de sequía en internet es mucho tiempo. Ya un sólo mes lo es. Si hubiera tenido un número aceptable de seguidores los habría perdido al poco tiempo de abandonar la publicación, pero la ventaja de que te lean nada más que los amigos permite resucitarlo casi eternamente, lo que es magnífico para mí, que ni vivo de esto ni necesito demasiado público para soltar mis parrafadas. Pero aún así, en todo este tiempo más de una vez he intentado publicar algo, obviamente sin fortuna.
Como avanzo en el título, durante todo este tiempo he estado dedicado a escribir (maquetar, encuadernar, preparar y defender) mi tesis doctoral, en la que la ciencia ficción es una de las protagonistas principales, junto al cine y la arquitectura. Afición y profesión juntas al fin en un proceso que terminó felizmente el pasado siete de abril. Una vez cerrado un ciclo (que siempre abre otro) y tras el descanso neuronal correspondiente, me propongo retomar la actividad del blog, comenzando ahora mismo, pero añadiendo algún giro temático.
Haber escrito una tesis sobre ciencia ficción me ha aportado un especial contacto con muy distintas ideas de futuro, que han provocado un efecto sorprendente: hacerme descubrir que la tecnología y ese futuro, tanto el que describen las películas y las novelas como el que vivimos y proyectamos, tienen en realidad bastante poco que ver. Ambas cosas tienen relación, pero es meramente circunstancial. El porvenir y su idea los conforman y modelan las sociedades, y la tecnología solo las acompaña.
Pero el descubrimiento fundamental ha sido advertir que pase lo que pase, y en cualquier actividad, siempre se acaba hablando de uno mismo y de las propias inquietudes. Aquello de lo que se escribe es solo el filtro mediante el cual se camufla. También me he dado cuenta de que prefiero lo transversal a lo monográfico, y en consecuencia, que pretender mantener este blog mirando exclusivamente a la ciencia ficción solo va a provocar, tras tantos intentos, su inexorable desaparición. El cine en general, la arquitectura, la política, la sociedad, son campos que pueden hablar del futuro tanto como la ciencia ficción misma, y pretendo hablar de ellos cuando sea oportuno, intentando siempre que ese futuro sea el hilo conductor de cada reflexión o cada historia.
Para terminar solo me queda recordar que el pasado 19 de marzo cumplimos, muy en silencio, seis años de vida, y que el quinto ni siquiera lo celebramos. Os debo dos cuentos de Clarke, y aquí los tenéis: El cielo cruel y Los nueve mil millones de nombres de Dios.
Edito: El enlace del segundo cuento se murió. Aquí os dejo otro: Los nueve billones de nombres de Dios.
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Política
[…] un amor geométrico de la simetría y el orden era «el sistema», un interés infatigable y febril por las más insignificantes facetas de la burocracia cotidiana era «la laboriosidad», la indecisión calculada era «la cautela» y la terquedad ciega en continuar por un camino erróneo era «la determinación».
—Isaac Asimov: «Fundación e Imperio», 1952
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Cumplimos cuatro años

Hoy 19 de marzo, como es costumbre, celebramos el aniversario de vuestra bitácora de ciencia ficción, coincidiendo con el día del fallecimiento de Arthur C. Clarke, y como también es costumbre, lo hacemos con un cuento corto del maestro. (más…)




















