Por qué me gusta la ciencia (II)

Y no soy un científico, al menos al uso. Y el insulto a la inteligencia me enfurece. Me explico.

Mi actividad como lector de blogs y de medios tradicionales (en internet) es dilatada. No tengo preferencia por la orientación ideológica de las personas que escriben siempre que no intenten engañarme ni –como dije antes– insultar a mi inteligencia.

No suelo comentar en bitácoras (mucho menos en las de los periódicos) y si alguna vez lo he hecho, ha sido para corregir alguna inexactitud o para expresar mi razonada opinión contraria a algún argumento con el que discrepo profundamente. Nada extraño, a mi modo de ver.

Pues bien, aunque parezca una perogrullada, sólo encuentro actitudes positivas en blogs científicos o dedicados a la divulgación de la ciencia. Sólo en ellos he hallado personas capaces de discutir con amabilidad puntos de vista contrarios a los propios, con espíritu constructivo. Nunca con condescendencia ni con suficiencia. Son sitios donde el lector se siente cómodo participando, donde las dudas que se plantean se discuten sin prejuicios y donde se colabora en el planteamiento y la resolución de cuestiones que preocupan al público que visita el sitio.

Por desgracia, no en todos los blogs se procede del mismo modo. Lamentablemente. El contrapunto lo dan los blogs ideológicamente orientados. Suelen ser sitios donde los lectores y el/los autor/es se dedican a dorarse las respectivas píldoras hasta la náusea, calificando de troll (como poco) a todo aquél que amablemente discrepa de sus pontificales tesis, no tienen su mismo sentido del humor u osan corregir una inexactitud evidente en alguno de sus escritos (no me pregunten por qué los leo; quizá alguna vez publicaron algo que me pareció interesante y no los he borrado del lector de feeds, qué se yo).

Así, es absolutamente imposible mantener una conversación medianamente inteligente sobre el aborto o los toros en una bitácora de orientación progresista o sobre el matrimonio homosexual o el cambio climático en uno conservador. Es como intentar discutir sobre la Teoría de la Evolución en un foro de cristianos evangélicos. Al menos ellos van a las claras y no presumen de intelectuales.

Tanto la religión como el ateísmo son cuestiones de fe. Y la ciencia, lejos de negar una o afirmar la otra, lo único que hace es prescindir de ellas para avanzar.