Ex­trac­tos mí­ni­mos (VIII)

Es­ta­ba abs­traí­do, ha­blan­do los de­más a mi al­re­de­dor. Mi­ré a la me­sa cer­ca­na, a los ojos de ese hom­bre, lue­go a los de su acom­pa­ñan­te; des­pués a la me­sa opues­ta y a la de atrás. Yo los veía a to­dos y al mo­men­to me ví a mí: yo era to­dos.