Buenas noches a todos. Feliz año nuevo. Feliz cumpleaños a quien corresponda. Como diría Eddie Felson «El rápido»…
¡He vuelto!
Ahora sí, en breve en sus pantallas.
informando en minoría

Buenas noches a todos. Feliz año nuevo. Feliz cumpleaños a quien corresponda. Como diría Eddie Felson «El rápido»…
Ahora sí, en breve en sus pantallas.
La solución a la Paradoja de Fermi es que una vez alcanzada la singularidad, hacerse visible a otras civilizaciones resultaría irrelevante.
En breve en sus pantallas, tras la publicidad.
Es tan descabellado creer que las catástrofes naturales se deben a la voluntad de Dios como creer que la propia naturaleza tiene voluntad alguna. ¿Por qué lo primero está mal visto y lo segundo no?
Hoy su humilde blog de ciencia ficción, coincidiendo como siempre con el óbito del maestro, cumple tres años. Siguiendo con la tradición inaugurada nada menos que el año pasado, les invito a leer otro cuento corto de Arthur C. Clarke. A este le tengo un especial cariño, por razones que no vienen al caso. Pues eso. Lean. Y así de paso voy ganando puntos para que la Sinde me cierre el blog.
He publicado mi primer artículo en una revista de investigación. Si les gusta la arquitectura, o la ciencia ficción, o ambas, lo pueden leer aquí.
Se aceptan opiniones.
Últimamente en la prensa, quiero creer que inconscientemente, se da a entender que las disensiones entre científicos en determinadas cuestiones (por poner un ejemplo reciente, sobre las bacterias que pueden vivir en amoníaco) suponen una merma de credibilidad en el método o una grieta en el edificio académico. La base de la ciencia moderna es la falsabilidad de sus teorías, y el debate científico, constante y en ocasiones vehemente, el cimiento de su validez. El trato periodístico que en ocasiones —demasiadas— se da a las noticias sobre ciencia la equipara a la política o, peor aún, al corazón, como si existiera alguna similitud entre ellas. No olvidemos que el objetivo de la retórica es convencer y el de la filosofía llegar al conocimiento. Pues eso. Encontrar una bacteria no es lo mismo que encontrar un novio, mis queridos chafarderos. Aplíquense en aprender a escribir sin faltas de ortografía y en no dar opiniones sobre ciencia. (Y sobre tantas otras cosas importantes que a buen seguro desconocen). Ah, y dejen de una santa vez de llamar La máquina de Dios al LHC.
El escepticismo ortodoxo, como todos los fundamentalismos, nos despoja de la fantasía y por tanto de la capacidad de manejar imposibles. Sin esa capacidad arrinconamos la habilidad para trabajar fuera de la caja y nos convertimos hoy en los conservadores de mañana. En nuevos dinosaurios, que se extinguirán tal como se extinguieron. Y no me malinterpreten; esto no tiene nada que ver con la power balance.
Boston, 2660. Científicos del MIT publican en Entertainment Weekly el descubrimiento del siglo: el homo sapiens es un animal completamente irracional cuya conciencia es un organismo parásito. Desgraciadamente, es imposible conocer la procedencia y las intenciones del ente, ya que solo es realmente consciente de sí mientras pasa de un cuerpo a otro tras la muerte del huésped. Los defensores de la reencarnación, entonces, comienzan una encarnizada guerra mundial contra los partidarios del alma, que culmina en la desaparición de la especie humana y la parasitación de los hongos que, dentro de lo que cabe, son más numerosos y pacíficos.
Pagaré con gusto un viaje en el tiempo —en el preciso momento en el que la máquina esté disponible— a todos esos nostálgicos de épocas pasadas que por supuesto no han vivido. Con una sola condición: no traerlos de vuelta hasta que podamos oír sus súplicas y sus lamentos desde allá donde se encuentren.
«Atribuirle a Dios las imperfecciones de la evolución es una blasfemia»
—Francisco Ayala, biólogo
via XLSemanal
Digamos que como buen amante de la ciencia ficción, lo único que me importa es lo que se me avecina. Sé que para mi salud mental es importante mirar hacia adelante, sin regodearme en mis fallos o arrepentirme de mis actos pasados.
Por ello, y sin acritud, me importa un bledo la Historia, y mucho más cuando está más que visto que no nos ayuda en absoluto a corregir nuestros errores, ni nos hace capaces de aprender de ellos. El uso —siempre, no nos engañemos— torticero de esa Historia, la tradición y la costumbre, lo único que consigue es contaminar nuestra percepción del mundo y emponzoñar la relación con nuestro prójimo, hacer enemigos donde no los hay y llenar nuestra vida de fantasmas y de muertos.
Mientras no podamos cambiarlo, el pasado no existe. A la mierda lo que sólo sirve para amordazarnos.
Y no soy un científico, al menos al uso. Y el insulto a la inteligencia me enfurece. Me explico.
Mi actividad como lector de blogs y de medios tradicionales (en internet) es dilatada. No tengo preferencia por la orientación ideológica de las personas que escriben siempre que no intenten engañarme ni –como dije antes– insultar a mi inteligencia.
No suelo comentar en bitácoras (mucho menos en las de los periódicos) y si alguna vez lo he hecho, ha sido para corregir alguna inexactitud o para expresar mi razonada opinión contraria a algún argumento con el que discrepo profundamente. Nada extraño, a mi modo de ver.
Pues bien, aunque parezca una perogrullada, sólo encuentro actitudes positivas en blogs científicos o dedicados a la divulgación de la ciencia. Sólo en ellos he hallado personas capaces de discutir con amabilidad puntos de vista contrarios a los propios, con espíritu constructivo. Nunca con condescendencia ni con suficiencia. Son sitios donde el lector se siente cómodo participando, donde las dudas que se plantean se discuten sin prejuicios y donde se colabora en el planteamiento y la resolución de cuestiones que preocupan al público que visita el sitio.
Por desgracia, no en todos los blogs se procede del mismo modo. Lamentablemente. El contrapunto lo dan los blogs ideológicamente orientados. Suelen ser sitios donde los lectores y el/los autor/es se dedican a dorarse las respectivas píldoras hasta la náusea, calificando de troll (como poco) a todo aquél que amablemente discrepa de sus pontificales tesis, no tienen su mismo sentido del humor u osan corregir una inexactitud evidente en alguno de sus escritos (no me pregunten por qué los leo; quizá alguna vez publicaron algo que me pareció interesante y no los he borrado del lector de feeds, qué se yo).
Así, es absolutamente imposible mantener una conversación medianamente inteligente sobre el aborto o los toros en una bitácora de orientación progresista o sobre el matrimonio homosexual o el cambio climático en uno conservador. Es como intentar discutir sobre la Teoría de la Evolución en un foro de cristianos evangélicos. Al menos ellos van a las claras y no presumen de intelectuales.
Tanto la religión como el ateísmo son cuestiones de fe. Y la ciencia, lejos de negar una o afirmar la otra, lo único que hace es prescindir de ellas para avanzar.
En este mundo de la ciencia ficción, no eres nada si no conoces al Doctor. La nueva temporada ha empezado.
El año pasado se me olvidó. Éste no. Los dieciocho de marzo se cumplen años del nacimiento de este cuaderno y desgraciadamente, de la muerte de Arthur C. Clarke. Como ya conté, tuve el triste honor de inaugurarlo con el obituario del maestro, con lo que siempre habrá una buena excusa para ese recuerdo. En un día como hoy, no es mala lectura El Centinela, que fue el germen de 2001. Aquí tienen el enlace. Disfruten.