Dentro de un rato, ahora no tengo tiempo. Miren esto. Menudo ejemplar.
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Luego hablaré de Sánchez Dragó
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Hoy hace cuarenta años

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Creadores de opinión
Es terrorífico comprobarlo, pero si se pregunta a alguien por el trato que la prensa da a los temas relacionados con su profesión, la respuesta más suave que se obtiene es «poco riguroso». Sinceramente y sin exageraciones, es cotidiano ver a algún amigo o conocido llevarse las manos a la cabeza leyendo artículos periodísticos escritos de cualquier manera, faltando a la verdad, omitiendo datos fundamentales o confundiendo términos, métodos, nombres o conceptos. Y sólo estoy hablando de datos objetivos, que puede comprobar cualquier persona con suma facilidad (con mucha más facilidad que cuando existía el rigor periodístico), no entro en temas subjetivos, ni por supuesto políticos.
La ciencia, en cualquiera de sus facetas, es la mayor damnificada.
El problema de esta actitud, que comparten ‑sin atisbo alguno de vergüenza- todos y cada uno de los medios escritos y audiovisuales de nuestro país, es que realmente crean opinión, usando información errónea y confundiendo, induciendo a errores, a veces graves, a grandes sectores de la sociedad, que depositan su confianza en la información que reciben de los medios tradicionalmente serios.
Hace unos días escuchaba la radio en el coche cuando el programa «Julia en la onda», de Julia Otero, aglutinó la mayor cantidad de barbaridades por minuto que yo había escuchado desde hacía tiempo. La primera, un clásico. Internet es un invento militar. Antón Reixa dixit. Y los ordenadores también, hombre. Lea usted sobre lo que dice. Para ser un intelectual, no sólo hay que parecerlo.
También dijo que no entendía para qué habíamos ido a la luna, el lumbreras. Con la de cosas que hacen falta aquí. Otro clásico.
Lamentablemente la presentadora después conectó con Jesús Hermida, excelso narrador para TVE del evento más importante de la historia de la Humanidad, que ocurrió el 20 de julio de 1969. Entre chanzas llegaban a la conclusión de lo poco que había aportado la carrera espacial a la humanidad, con los 25.000 millones de dólares que se habían invertido.
Los estudios realizados al respecto indican que por cada dólar invertido en la investigación espacial, se han recuperado entre 7 y 20. Además del kevlar, el velcro, el teflón, los dodotis, los alimentos liofilizados, sin hablar de los avances puramente científicos que las misiones Apolo consiguieron. Un puñado de rocas sin valor, era el resumen de lo conseguido, según los tertulianos. Apagué la radio.
En un país en el que los únicos periodistas especializados son los deportivos y los taurinos, sigue habiendo editores y directivos que se quejan de la decadencia de los medios tradicionales.
Pues vale.
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Hoy hace cuarenta años
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Derechos y sentido común
Ilustrativa y amena conferencia de Larry Lessig, fundador de Creative Commons, enfocada al tratamiento de los derechos de autor a través del sentido común, y no de la despiadada actitud recaudatoria de las sociedades de gestión. Da que pensar, se posiciona en un terreno muy interesante y resume de manera inteligente los procesos culturales populares, y su papel «democratizador».
Es un punto de vista más que interesante, y más que conciliador, en el mundo digital actual, polarizado entre los que se empeñan en negar la realidad del mundo global e interconectado, y los que se empeñan en hacernos creer que es saludable, lícito y recomendable bajarse contenidos protegidos sin pagar un céntimo.
Son dieciocho minutos muy golosos, donde lo peor son los ejemplos ilustrativos de las remezclas, y lo mejor la historia de ASCAP y BMI de 1940. La SGAE necesita una lección de ese calibre.
Puede parecer, por lo anterior, que apostato de lo reflejado en entradas precedentes. Para nada. Lo que sigue siendo un atropello al consumidor es que sea imposible acceder a contenidos incluso queriendo pagar por ellos, intentando perpetuar un modelo de negocio obsoleto, caduco y sin futuro, de cuando los rollos de película eran los que mandaban en el mercado.
Pero ese es otro tema.
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Lógica
El universo se divide en dos clases de seres: los que se reencarnan hacia adelante en el tiempo y los que lo hacen hacia atrás. A los primeros les gusta la historia, y a nosotros, la ciencia ficción.
Actualización. Puedes entender mejor este post si antes lees esto.
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Por qué me gusta la ciencia
De Wikipedia, que a veces tantes alegrías nos da.
En mecánica cuántica, se denomina suicidio cuántico a un experimento imaginario propuesto de manera independiente por Hans Moravec (1987) y Bruno Marchal (1988), y desarrollado por Max Tegmark en 1998.
El experimento trata de distinguir entre la interpretación de Copenhague y la teoría de los universos múltiples de Hugh Everett a través de una variación del experimento del gato de Schrödinger, consistente en mirar este último desde el punto de vista del gato.
El experimento supone un hombre sentado con un arma que apunta hacia su cabeza. El arma es manipulada por una máquina que mide la rotación de una partícula subatómica. Cada vez que el hombre apriete en gatillo el arma se disparará dependiendo del sentido de la rotación de la partícula: Si gira en sentido horario el arma dispara, en sentido contrario no lo hace.
Según la interpretación de Copenhague, con cada ejecución del experimento existe un 50 % de posibilidad de que el arma sea disparada y el hombre muera: eventualmente el experimentador morirá. La teoría de los universos múltiples, por su parte, plantea que cada ejecución del experimento divide el universo en dos: uno en que el hombre vive y otro mundo en que muere. Después de muchas series de la prueba, habrá muchos universos. En todos ellos menos en uno el hombre dejará de existir, pero siempre habrá un universo donde siga existiendo. Desde el punto de vista del hombre, por mucho que apriete el gatillo del arma esta nunca se disparará, toda vez que su conciencia seguirá existiendo en muchos de los universos. Esto último es lo que se denomina inmortalidad cuántica.»
Para los enlaces y aclaraciones, visítese aquí.
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La NASA inicia el regreso a la Luna
Éstas son cosas importantes. Sí, señor. Tenéis mucho más a la izquierda, en «NASA-Imagen del día».
LRO and LCROSS Launch on Lunar Journey
An United Launch Alliance Atlas V rocket blasts off with NASA’s LRO/LRCOSS mission from Space Launch Complex-41, Cape Canaveral Air Force Station, Fla., at 5:32 p.m. EDT on June 18, 2009. The mission is expected to relay more information about the lunar environment than any other previous mission to the moon.»
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Off Topic
«Es mejor estar callado y parecer tonto que abrir la boca y despejar la duda definitivamente»
—Groucho Marx
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Fandom
Transcribo directamente de Wikipedia:
Fandom es una palabra de origen inglés (Fan Kingdom), que se refiere al conjunto de aficionados a algún pasatiempo, persona o fenómeno en particular. Cabe aclarar que el término fandom se asocia más con los aficionados a la ciencia ficción o a la literatura fantástica. También se suele aplicar este término a las comunidades en Internet que discuten temas relacionados con el tema de su afición. Los detractores de este tipo de aficionados suelen mencionar que el fandom restringe el círculo de amistades de los integrantes, al hacerlos sentir que los únicos que entenderán sus preferencias y con los que vale la pena relacionarse, son personas embebidas en el tema de su pasatiempo»
A los detractores dedico cariñosamente este post.
Yo tengo fundamentalmente dos pasatiempos (aparte de escribir por aquí, claro). Uno es la ciencia ficción, el otro es cantar en un coro. Recuerdo fielmente cuando un aficionado al golf, ente capaz de levantarse a las cinco de la mañana y comer sólo un sandwich para estar dando golpecitos a una pelotita durante doce horas seguidas, ninguneaba mi afición canora: «Pues vaya gilipolleces a las que te dedicas», decía, el de la pelotita, cuando me dirigía a interpretar a Schubert, y a Haydn, entre otros friquis.
¿Qué lees? Me preguntaba otra amiga, mientras me empapaba Soy leyenda, de Richard Matheson. «Ciencia Ficción», dije yo, mientras observaba una vagamente contenida sonrisilla intelectualoide. Ella llevaba bajo el brazo un elemplar de El código Da Vinci.
Ah, y mi querido amigo tuno, el que me acusaba de friqui por ir al cine a ver Star Trek. El que sale a la calle con calzas, medias y capa…
Resulta inconcebible que alguien objetivamente capaz de leer «Ficciones», de Jorge Luis Borges, o «Las ciudades invisibles» de Italo Calvino, no se de cuenta de que lo que lee es ciencia ficción y literatura fantástica. O el que ve 2001, de Kubrick, o Alphaville, de Godard, o Metropolis, de Fritz Lang. O el que ve Redes, el programa de Punset.
Yo invito a todos a dar un garbeo por internet, y divertirse encontrando blogs sobre espiritismo, astrología, el poder curativo de las pirámides, el diseño inteligente o el creacionismo, el alargamiento de pene o los orines de Chumari. Ésos si que son friquis, hombre. Los informáticos gorditos no. Ellos nos han construido la blogosfera, para que podamos meternos con ellos a nuestras anchas.
Y los del manga tampoco. ¿Qué hubiera sido de nuestra generación sin Mazinger‑Z?
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¿El doctor qué?

En el blog del quejica no podía faltar una referencia a Doctor Who —quizá la serie de ciencia ficción más conocida del mundo tras Star Trek, y seguro que la más longeva— y al tratamiento que se le ha dado en nuestro país.
En España la primera temporada de la serie de 2005 (ni hablar de la posibilidad remota de rescatar, doblar o subtitular la de 1963) se emitió hace dos años y medio en la cadena de pago people+arts con un pésimo doblaje, en formato 4:3, sin pena ni gloria. Hay que decir que la temática del canal viene a ser como la de Cosmopolitan, así que como si no se hubiera emitido. Aunque yo la viera. Hay que destacar que el año pasado fue rescatada por SciFi España, con nuevo doblaje (ni que decir tiene que yo ya la había visto completa en inglés, claro) y que, fiel a su política de emitir los programas mal y tarde, no sé a qué espera a programar el resto, coño, que en el Reino Unido se ha acabado de emitir la cuarta temporada. (más…)
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Extractos mínimos (III)
Feeli Pkadik descubrió el método para retroceder en el tiempo en 2234. Su padre, el conocido científico Marson Pkadik, había probado empíricamente la posibilidad de plegar el espacio para los viajes estelares, pero también que un viaje temporal hacia adelante, digamos, era inviable.
Digo esto porque el abuelo de Feely, Ateraï, también físico, postulaba en 2165 la ley de simultaneidad de la velocidad, por la que la materia viajaba sobre el tiempo (o viceversa) a la velocidad de la luz. Así, no era posible a la materia «adelantarse» a sí misma, ya que no podía viajar más rápidamente que la luz. Esto último había sido descubierto por el padre de Ateraï, Feeli Joli Pkadik, en lo que llamó empirización Einstein-Joli, que no decía nada nuevo sobre la Teoría de la Relatividad, pero resultó que la demostraba.
El caso es que el aburrimiento en el siglo XXIII era un mal endémico (prácticamente el único) y Feeli decidió jugar un poco con su nuevo descubrimiento. El juego era el siguiente: buscar el artefacto tecnológico más antiguo que pudiera encontrar y enviarlo al pasado más antiguo en el que alguien pudiera comprenderlo. (Feeli no era tan idiota como para viajar él mismo; había leído toda la ciencia ficción de los últimos dos siglos). El envío fue un teléfono de 2011 (con manual de instrucciones) a una oficina de la NASA de 1959.
Feeli se dejó a sí mismo instrucciones, por precaución: antes de enviar el artefacto, mandaría a su escritorio un ejemplar de la Summa Technologica Universalis y una explicación de lo que había pasado.
Resultó que el bucle causado por Feeli había sido traumático.
Poner un avance tecnológico cuarenta años antes de su fecha había significado un adelanto de dos décadas en la historia científica original. Eso resultó en que el método lo descubrió Marson, no Feeli; pero Feeli recibió puntualmente las explicaciones y la Summa. Y decidió seguir jugando. Le había gustado el resultado. Feeli, Marson, Ateraï, Feeli, Joli. A cada noticia del bucle que recibía Feeli, el juego era más inquietante. Hasta que un antepasado de Feeli recibió en su despacho de la NASA en 1959 un artefacto que unos pocos años después le hizo descubrir el método para retroceder en el tiempo.
Para ese momento, Feeli no era todavía Dios, pero tendía a infinito. Unos cuantos bucles más. Era divertido.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
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Star Trek (2009)
Tras la entusiasta crítica de los medios especializados americanos al final de Battlestar Galactica, y la tibieza con que los mismos medios han recibido a Star Trek (pese a haber sido un bombazo en taquilla), me da por pensar que soy un bicho raro.
A mí Star Trek me parece una película maravillosa.
Un guión hecho con un cariño que se percibe en cada frase. Con el ritmo justo. Con guiños al fandom dosificados con una delicadeza admirable. Con una habilidad encomiable manejando los tiempos. Pero sobre todo, que parte de una idea genial, no por sí misma, sino porque constituye el diagnóstico del fracaso de Insurrección, Némesis y Enterprise.
Dejémosnos de tonterías y de respetos. Todo tiene su fandom, y el de ST va para los cuarenta y tres años. Desgraciadamente, y que me perdonen los correctos, Star Trek es la franquicia con más gente rarita por metro cuadrado del mundo. Hay quien se casa vestido de almirante de la flota estelar o va a trabajar con un tricorder. Perdón, pero eso raya un poco la enfermedad. Entiendo el afán de algunos que se llaman trekkers de diferenciarse de los trekkies, para que no les vayan dando collejas por los pasillos. (más…)
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Atención, spoilers (y II)
Un amigo músico me decía que lo más importante al interpretar una pieza era el principio y el final. Lo demás es muy importante —teóricamente igual de importante, es el desarrollo y todo eso — , pero el público tiene una especial reacción en esos dos momentos, y especialmente en el final.
Cualquier avezado trequi recordará All good things 1 como uno de los mejores finales (si no el mejor) de todas las series de todos los tiempos. Da igual lo pésimas que fueron las dos o tres primeras temporadas. Uno acaba llorando a moco tendido, no hay nada que resolver y el capítulo es soberbio. Qué más se puede pedir.
Los series finale en la ciencia ficción americana (excepto en las canceladas prematuramente, claro) son tradicionalmente recopilatorios; la acción ya ha terminado o poco le falta, los problemas se han resuelto y sólo queda el broche final. La guinda del pastel, el remate, el colofón, llamémoslo como queramos. En esta tradición tenemos los finales de Voyager, Enterprise o Babylon 5, y por supuesto, de Espacio Profundo Nueve. (más…)
- Capítulo doble final de la serie Star Trek: La nueva generación. ↩
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May the 4th be with you
¡Feliz día de La Guerra de las Galaxias! Vía Alt1040.

