la estupidez humana

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Es tan des­ca­be­llado creer que las ca­tás­tro­fes na­tu­ra­les se de­ben a la vo­lun­tad de Dios como creer que la pro­pia na­tu­ra­leza tiene vo­lun­tad al­guna. ¿Por qué lo pri­mero está mal visto y lo se­gundo no?

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Últi­ma­mente en la prensa, quiero creer que in­cons­cien­te­mente, se da a en­ten­der que las di­sen­sio­nes en­tre cien­tí­fi­cos en de­ter­mi­na­das cues­tio­nes (por po­ner un ejem­plo re­ciente, so­bre las bac­te­rias que pue­den vi­vir en amo­níaco) su­po­nen una merma de cre­di­bi­li­dad en el mé­todo o una grieta en el edi­fi­cio aca­dé­mico. La base de la cien­cia mo­derna es la fal­sa­bi­li­dad de sus teo­rías, y el de­bate cien­tí­fico, cons­tante y en oca­sio­nes vehe­mente, el ci­miento de su va­li­dez. El trato pe­rio­dís­tico que en oca­sio­nes —de­ma­sia­das — se da a las no­ti­cias so­bre cien­cia la equi­para a la po­lí­tica o, peor aún, al co­ra­zón, como si exis­tiera al­guna si­mi­li­tud en­tre ellas. No ol­vi­de­mos que el ob­je­tivo de la re­tó­rica es con­ven­cer y el de la fi­lo­so­fía lle­gar al co­no­ci­miento. Pues eso. En­con­trar una bac­te­ria no es lo mismo que en­con­trar un no­vio, mis que­ri­dos cha­far­de­ros. Aplí­quense en apren­der a es­cri­bir sin fal­tas de or­to­gra­fía y en no dar opi­nio­nes so­bre cien­cia. (Y so­bre tan­tas otras co­sas im­por­tan­tes que a buen se­guro des­co­no­cen). Ah, y de­jen de una santa vez de lla­mar La má­quina de Dios al LHC.

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Bos­ton, 2660. Cien­tí­fi­cos del MIT pu­bli­can en En­ter­tain­ment Wee­kly el des­cu­bri­miento del si­glo: el homo sa­piens es un ani­mal com­ple­ta­mente irra­cio­nal cuya con­cien­cia es un or­ga­nismo pa­rá­sito. Des­gra­cia­da­mente, es im­po­si­ble co­no­cer la pro­ce­den­cia y las in­ten­cio­nes del ente, ya que solo es real­mente cons­ciente de sí mien­tras pasa de un cuerpo a otro tras la muerte del hués­ped. Los de­fen­so­res de la re­en­car­na­ción, en­ton­ces, co­mien­zan una en­car­ni­zada gue­rra mun­dial con­tra los par­ti­da­rios del alma, que cul­mina en la desa­pa­ri­ción de la es­pe­cie hu­mana y la pa­ra­si­ta­ción de los hon­gos que, den­tro de lo que cabe, son más nu­me­ro­sos y pacíficos.

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Nues­tro go­bierno ha con­se­guido dos hi­tos his­tó­ri­cos: el pri­mero, po­ner de acuerdo —en su con­tra— a una buena parte del elec­to­rado pen­sante de iz­quierda y de­re­cha; el se­gundo, que yo miente la po­lí­tica abier­ta­mente en este blog.

Nuesto go­bierno quiere apro­bar una ley que cons­ti­tuye el ma­yor atro­pe­llo a la li­ber­tad y los de­re­chos fun­da­men­ta­les de toda la de­mo­cra­cia, sólo su­pe­rada por el frus­trado golpe de es­tado de fe­brero de 1981 y la fra­ca­sada Ley Cor­cuera, más co­no­cida por la Ley de la pa­tada en la puerta.

No solo es una ley mons­truosa por lo que sig­ni­fica, —que en la prác­tica cual­quier web po­drá ser ce­rrada si la co­mi­sión creada al efecto lo con­si­dera opor­tuno— sino por el agra­vio com­pa­ra­tivo que su­pone pri­mar un su­puesto de­lito (con­tra la pro­pie­dad in­te­lec­tual) frente a la in­mensa ma­yo­ría del resto de ellos. Y digo su­puesto por­que las webs de en­la­ces, que son las su­pues­tas víc­ti­mas de la nueva ley, hasta el día de la fe­cha han ga­nado prác­ti­ca­mente to­dos los jui­cios a los que se han visto sometidas.

No en­tro a va­lo­rar nues­tras le­yes de pro­pie­dad in­te­lec­tual, ni el su­puesto pro­blema de las des­car­gas, por­que ya me he sa­lido bas­tante de la lí­nea edi­to­rial de mi blog. Para eso hay mi­les de fo­ros más pre­pa­ra­dos y ame­nos. Pero a lo que no es­toy dis­puesto es a que pi­so­teen y ame­na­cen mis li­ber­ta­des con el pre­texto de que su in­dus­tria se hunde.

Cuando to­dos sa­ben que la in­dus­tria real­mente se hunde ha­ciendo co­sas como esta.

Y si quie­ren más in­for­ma­ción pue­den leer esto.

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Un día mon­to­nes de círcu­los ne­gros po­bla­ron los cie­los de todo el mundo. Se ha­bían ido. Fue en­ton­ces cuando des­cu­bri­mos que real­mente no sa­bía­mos ha­cer nada, y vol­vió la Era de las Tinieblas.

A Dou­glas Adams

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Ante la in­clu­sión en el An­te­pro­yecto de Ley de Eco­no­mía sos­te­ni­ble de mo­di­fi­ca­cio­nes le­gis­la­ti­vas que afec­tan al li­bre ejer­ci­cio de las li­ber­ta­des de ex­pre­sión, in­for­ma­ción y el de­re­cho de ac­ceso a la cul­tura a tra­vés de In­ter­net, los pe­rio­dis­tas, blog­gers, usua­rios, pro­fe­sio­na­les y crea­do­res de in­ter­net ma­ni­fes­ta­mos nues­tra firme opo­si­ción al pro­yecto, y de­cla­ra­mos que…

1.- Los de­re­chos de au­tor no pue­den si­tuarse por en­cima de los de­re­chos fun­da­men­ta­les de los ciu­da­da­nos, como el de­re­cho a la pri­va­ci­dad, a la se­gu­ri­dad, a la pre­sun­ción de inocen­cia, a la tu­tela ju­di­cial efec­tiva y a la li­ber­tad de expresión.

2.- La sus­pen­sión de de­re­chos fun­da­men­ta­les es y debe se­guir siendo com­pe­ten­cia ex­clu­siva del po­der ju­di­cial. Ni un cie­rre sin sen­ten­cia. Este an­te­pro­yecto, en con­tra de lo es­ta­ble­cido en el ar­tículo 20.5 de la Cons­ti­tu­ción, pone en ma­nos de un órgano no ju­di­cial –un or­ga­nismo de­pen­diente del mi­nis­te­rio de Cultura-, la po­tes­tad de im­pe­dir a los ciu­da­da­nos es­pa­ño­les el ac­ceso a cual­quier pá­gina web.

3.- La nueva le­gis­la­ción creará in­se­gu­ri­dad ju­rí­dica en todo el sec­tor tec­no­ló­gico es­pa­ñol, per­ju­di­cando uno de los po­cos cam­pos de desa­rro­llo y fu­turo de nues­tra eco­no­mía, en­tor­pe­ciendo la crea­ción de em­pre­sas, in­tro­du­ciendo tra­bas a la li­bre com­pe­ten­cia y ra­len­ti­zando su pro­yec­ción internacional.

4.- La nueva le­gis­la­ción pro­puesta ame­naza a los nue­vos crea­do­res y en­tor­pece la crea­ción cul­tu­ral. Con In­ter­net y los su­ce­si­vos avan­ces tec­no­ló­gi­cos se ha de­mo­cra­ti­zado ex­tra­or­di­na­ria­mente la crea­ción y emi­sión de con­te­ni­dos de todo tipo, que ya no pro­vie­nen pre­va­len­te­mente de las in­dus­trias cul­tu­ra­les tra­di­cio­na­les, sino de mul­ti­tud de fuen­tes diferentes.

5.- Los au­to­res, como to­dos los tra­ba­ja­do­res, tie­nen de­re­cho a vi­vir de su tra­bajo con nue­vas ideas crea­ti­vas, mo­de­los de ne­go­cio y ac­ti­vi­da­des aso­cia­das a sus crea­cio­nes. In­ten­tar sos­te­ner con cam­bios le­gis­la­ti­vos a una in­dus­tria ob­so­leta que no sabe adap­tarse a este nuevo en­torno no es ni justo ni rea­lista. Si su mo­delo de ne­go­cio se ba­saba en el con­trol de las co­pias de las obras y en In­ter­net no es po­si­ble sin vul­ne­rar de­re­chos fun­da­men­ta­les, de­be­rían bus­car otro modelo.

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6.- Con­si­de­ra­mos que las in­dus­trias cul­tu­ra­les ne­ce­si­tan para so­bre­vi­vir al­ter­na­ti­vas mo­der­nas, efi­ca­ces, creí­bles y ase­qui­bles y que se ade­cuen a los nue­vos usos so­cia­les, en lu­gar de li­mi­ta­cio­nes tan des­pro­por­cio­na­das como in­efi­ca­ces para el fin que di­cen perseguir.

7.- In­ter­net debe fun­cio­nar de forma li­bre y sin in­ter­fe­ren­cias po­lí­ti­cas aus­pi­cia­das por sec­to­res que pre­ten­den per­pe­tuar ob­so­le­tos mo­de­los de ne­go­cio e im­po­si­bi­li­tar que el sa­ber hu­mano siga siendo libre.

8.- Exi­gi­mos que el Go­bierno ga­ran­tice por ley la neu­tra­li­dad de la Red en Es­paña, ante cual­quier pre­sión que pueda pro­du­cirse, como marco para el desa­rro­llo de una eco­no­mía sos­te­ni­ble y rea­lista de cara al futuro.

9.- Pro­po­ne­mos una ver­da­dera re­forma del de­re­cho de pro­pie­dad in­te­lec­tual orien­tada a su fin: de­vol­ver a la so­cie­dad el co­no­ci­miento, pro­mo­ver el do­mi­nio pú­blico y li­mi­tar los abu­sos de las en­ti­da­des gestoras.

10.- En de­mo­cra­cia las le­yes y sus mo­di­fi­ca­cio­nes de­ben apro­barse tras el opor­tuno de­bate pú­blico y ha­biendo con­sul­tado pre­via­mente a to­das las par­tes im­pli­ca­das. No es de re­cibo que se reali­cen cam­bios le­gis­la­ti­vos que afec­tan a de­re­chos fun­da­men­ta­les en una ley no or­gá­nica y que versa so­bre otra materia.

Este ma­ni­fiesto, ela­bo­rado de forma con­junta por va­rios au­to­res, es de to­dos y de nin­guno. Si quie­res su­marte a él, di­fún­delo por Internet.

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Ni si­quiera los que han es­tu­diado el ca­len­da­rio maya ése se po­nen de acuerdo so­bre cuándo ter­mina o deja de ter­mi­nar y en qué año. Y es­tre­nan una pe­lí­cula y ya hay gente que está aco­jo­nada por­que en 2012 se acaba el mundo. Y otros que le­van­tan una ceja mien­tras ha­blan de Nos­tra­da­mus y de los ma­yas y de sus castas.

Dos mil do­ce­nas de gilipollas.

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Aro­vac vol­vió a ba­jar otra vez para con­ven­cerse. Es­tuvo va­rios me­ses en su piso al­qui­lado de Pa­rís. Le gus­taba Pa­rís por­que te­nía un poco de todo, y un poco más de na­tu­ra­leza, aun­que fuera un poco caro. El di­nero no era im­por­tante pero le pa­re­cían un poco in­mo­ra­les aque­llos pre­cios, co­no­ciendo como co­no­cía a la raza.

Les ha­bía to­mado ca­riño, con el tiempo. Pese a su bru­ta­li­dad, a su ava­ri­cia. Ha­bía co­no­cido ejem­pla­res bri­llan­tes, con los que ape­nas se ha­bía abu­rrido. Pero se le aca­baba el tiempo y no era po­si­ble re­cu­pe­rarlo. Se ha­bía in­te­rrum­pido el pro­grama lu­nar ha­cía más de un cuarto de si­glo y la si­guiente vi­sita no es­taba pre­vista para an­tes de diez años. No po­día in­ter­ve­nir, pero se re­sis­tía a creer que la raza en­tera ti­raba la toa­lla, ahora que los ras­ga­dos ha­bían to­mado partido.

Sus órde­nes eran es­tric­tas. Mu­chos sis­te­mas que ob­ser­var y muy po­cos ob­ser­va­do­res. Lle­vaba más de treinta años en la in­ves­ti­ga­ción y los re­sul­ta­dos eran bas­tante de­cep­cio­nan­tes. «Sis­tema ce­rrado para con­tacto; ci­vi­li­za­ción em­brio­na­ria. Sus­pen­der ob­ser­va­ción y con­tacto in­de­fi­ni­da­mente.» Aro­vac subió y se des­pi­dió si­len­cioso del azul, pre­gun­tán­dose lo que ha­bría ocu­rrido si aquel Apolo 18 hu­biera des­pe­gado. Pa­sa­rían mi­le­nios an­tes de volver.

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Cuando bus­caba re­fe­ren­cias para la en­trada que llamé Pa­pa­rru­chas, en­con­tré este ar­tículo de Car­los Ló­pez Díaz, en mi hu­milde opi­nión lleno de sen­tido común, que coin­cide en parte con el con­te­nido de mi post so­bre Dragó. Se ex­tiende so­bre otras his­to­rias y apunta un ar­tículo de José Sa­ra­mago en El País, ti­tu­lado Luna.

Tengo que re­co­no­cer que Sa­ra­mago me cae bien, pese a que casi to­das las co­sas que dice –al mar­gen de la li­te­ra­tura, claro– me pa­re­cen ton­te­rías bas­tante so­lem­nes. Quizá sea esa ima­gen que ofrece de buen hom­bre, bien in­ten­cio­nado y mal acon­se­jado, la que in­fluye en mi ánimo cuando le oigo des­ba­rrar so­bre cual­quier tema que des­co­noce de ma­nera íntima, y me vuelve con­des­cen­diente. Lo con­tra­rio que con la ma­yo­ría de los pe­rio­dis­tas es­pe­cia­li­za­dos.

Apro­ve­cho esta nueva opor­tu­ni­dad para abun­dar en mi pro­fundo des­pre­cio por la ac­ti­tud de mu­chos in­te­lec­tua­les, que se jac­tan de des­co­no­cer y abo­mi­nar de la tec­no­lo­gía y la Cien­cia. Ver­da­de­ros anal­fa­be­tos fun­cio­na­les en la mi­tad de la sa­bi­du­ría de nues­tra so­cie­dad, que no por eso de­jan de opi­nar so­bre te­mas cien­tí­fi­cos, como la ener­gía y el me­dio am­biente. Y digo esto sin segundas.

En un ar­tículo be­lla­mente re­dac­tado, y tras flir­tear –como tan­tos otros– con la ve­ra­ci­dad de la lle­gada del Hom­bre a la Luna, Sa­ra­mago, lleno de esa desa­so­se­gante sau­dade,  escribe:

[…] llego a la de­sola­dora con­clu­sión de que al fi­nal nin­gún gran paso para la hu­ma­ni­dad fue dado y que nues­tro fu­turo no está en las es­tre­llas, sino siem­pre y sólo en la Tie­rra en que asen­ta­mos los pies. Como ya de­cía en la pri­mera de esas cró­ni­cas: No per­da­mos no­so­tros la Tie­rra, que to­da­vía será la única ma­nera de no per­der la Luna’»

No puedo es­tar más en desacuerdo. La ex­plo­ra­ción, el des­cu­bri­miento, la con­quista de lo des­co­no­cido son los mo­to­res que han lle­vado a la hu­ma­ni­dad a su más alto grado de ci­vi­li­za­ción. Lo con­tra­rio es puro con­ser­va­du­rismo. Es miedo a lo inex­plo­rado, es la se­mi­lla del pro­vin­cia­nismo más obtuso.

No per­da­mos no­so­tros la Luna, que to­da­vía será la única ma­nera de no per­der la Tierra.

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excaliburSe­gún los mu­cha­chos de Air­lock Alpha, no pa­rece ahora tan pro­ba­ble que haya en vis­tas una pe­lí­cula so­bre la BSG de Lar­son, o al me­nos no di­ri­gida por Br­yan Sin­ger. Ole los cro­nis­tas bien informados. Parece ser que lo que hay en mente es un re­make de Ex­ca­li­bur. Pon­dría otra vez el grito en el cielo, pero es tarde y no tengo ga­nas. Me ha ali­viado mu­cho lo de Ga­lac­tica.

Ahora, los pe­los blan­cos de John Boor­man se le han te­nido que po­ner como es­car­pias, al pobre.

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En vista de lo di­cho en el post an­te­rior, yo desde aquí me apuesto una cena a que la his­to­ria de Sin­ger será la siguiente:

Lo que ha pa­sado vol­verá a pa­sar, así que mien­tras la nueva raza humana-cylon-terrícola se va desa­rro­llando en la Tie­rra, los po­cos (y desconocidos) supervivientes que han que­dado en las doce co­lo­nias reha­cen poco a poco sus ci­vi­li­za­cio­nes, ba­sa­das en sus an­ces­tros (y en la abun­dante li­te­ra­tura que ha que­dado), lle­gan a su ma­du­rez tecnológica; se in­ven­tan otra vez a los cy­lons tro­pe­zando en la misma pie­dra y vuelta a em­pe­zar (aquí se in­serta la se­rie ori­gi­nal). Bus­cando la de­ci­mo­ter­cera tribu lle­gan a la tie­rra en los años ochenta (aquí se in­serta Ga­lac­tica 1980, de in­fausto re­cuerdo) o bien en nues­tros días o un poco des­pués (si se ob­via Ga­lac­tica 1980, de in­fausto re­cuerdo), coin­ci­diendo con al­gún tipo de eclo­sión de la in­te­li­gen­cia artificial.»

Foto: Wikipedia

A par­tir de aquí, la pe­lí­cula, o bien éste es el epí­logo que la ex­plica. En fin, que yo me apuesto una cena a que ésto es lo que hace Br­yan Sin­ger. Y si no, pues nada. Pero aquí queda el post, para la post eri­dad.

Re­sulta có­mico ver cómo una per­sona de la ta­lla de Glen A. Lar­son –que por otra parte ha sido un ex­ce­lente y pro­lí­fico pro­duc­tor– no se re­signa a que al­guien haya usado una buena idea suya, que des­pués se con­vir­tió en una ba­sura para ni­ños, para ha­cer reali­dad una de las me­jo­res se­ries de la his­to­ria de la te­le­vi­sión. Sin él, claro. El riesgo de ri­dículo para Sin­ger (Lar­son ya lo ha he­cho) es bas­tante alto, y su tra­yec­to­ria des­cen­dente tras X2 no pro­mete lo mejor.

Ro­nald D. Moore se ha re­ve­lado, en sus más de veinte años como es­cri­tor de se­ries y pe­lí­cu­las, como uno de los más só­li­dos crea­do­res de per­so­na­jes y universos, haciendo se­ries creí­bles y ma­du­ras donde an­taño se ha­cían fan­ta­sías para fri­quis. Los veinte años de Sin­ger se han tra­du­cido en nueve pe­lí­cu­las con irre­gu­lar éxito.

El prin­ci­pio del post quizá sea un poco exa­ge­rado. Pero se me an­toja una em­presa con­de­na­da­mente di­fí­cil lle­gar si­quiera a acer­carse a la ca­li­dad que Moore ha con­se­guido con su vi­sión de Ga­lac­tica. Y eso que Sin­ger es un buen director.

A no ser, claro, que el guión lo haga quien us­te­des y yo sabemos.

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An­tes de nada, quede claro que en este blog no ha­blaré de po­lí­tica. Si acaso haré re­fe­ren­cia a ella por ne­ce­si­da­des del guión. Tam­poco haré re­fe­ren­cias a ideo­lo­gía al­guna, pri­mero por­que no es asunto de este es­pa­cio, y se­gundo por­que el mismo con­cepto está tan de­te­rio­rado que ya me repugna.

Cierto que en este cua­derno soy bas­tante me­nos mo­de­rado que en mi vida dia­ria, pero créanme si les digo que soy (o lo in­tento) es­cru­pu­lo­sa­mente res­pe­tuoso con las opi­nio­nes de los de­más. Hasta aquí bien. Ob­via­mente si la opi­nión está ra­zo­nada. Ob­via­mente si el tema en cues­tión es opinable.

Pues entonces, queda claro que res­peto mu­cho el afán de don Fer­nando Sán­chez Dragó de con­tar­nos su di­so­luta, re­vo­lu­cio­na­ria, fes­tiva vida. Me da igual que su pro­pio y re­cal­ci­trante ex­tre­mismo le haya ca­ta­pul­tado de la re­vo­lu­ción so­cia­lista a la ado­ra­ción a Ayn Rand.

Me da igual que este hom­bre po­drido por la gu­sa­nera de la an­cia­ni­dad (cito sus pro­pias pa­la­bras) pre­tenda ro­dearse de un es­peso halo de cul­tura, sólo por es­tar muy viejo, muy leído y muy via­jado. Una de las prin­ci­pa­les ca­rac­te­rís­ti­cas de la in­te­lec­tua­li­dad cas­posa, bohe­mia y de­modé es des­pre­ciar la for­ma­ción cien­tí­fica y téc­nica a la hora de eti­que­tar de in­te­lec­tual a un in­di­vi­duo. Basta con ci­tar a Rim­baud o de­cir que se co­noce la obra de Bou­lez para que la bar­bi­lla se te le­vante au­to­má­ti­ca­mente y te crezca en la mano un li­bro de cual­quier au­tor de len­gua no española.

Tam­poco me im­porta que el in­te­lec­tual Sán­chez Dragó tu­viera un ul­tra­de­sa­rro­llado sen­tido de la vista, allá por el se­senta y nueve, que le per­mi­tiera, con la sola con­tem­pla­ción de las trans­mi­sio­nes te­le­vi­si­vas de la lle­gada a la luna, co­le­gir que aque­llo era una farsa.

Puedo pa­sar por el he­cho de que, igual que tan­tos otros, esté tan so­ber­bia­mente se­guro de la fu­ti­li­dad y es­tu­pi­dez de la in­ves­ti­ga­ción es­pa­cial, dó­lar allí, dó­lar acá.

Lo que no puedo to­le­rar es que nie­gue un he­cho his­tó­rico y cien­tí­fico in­dis­cu­ti­ble y de­mos­trado hasta la sa­cie­dad, apro­ve­chán­dose de una po­si­ción de au­to­ri­dad que su con­di­ción de es­cri­tor le ha otorgado. Y me­nos aún que ade­más se burle de aque­llos que sen­ci­lla­mente co­no­cen y acep­tan la reali­dad de los he­chos. Que cua­tro ilu­mi­na­dos inun­den los men­ti­de­ros de­nun­ciando cons­pi­ra­cio­nes no tiene im­por­tan­cia. Que lo haga un per­so­naje pú­blico del ámbito de la cul­tura de­be­ría ser delito.

Le de­seo al se­ñor Sán­chez la vida su­fi­ciente para subirse al pri­mer vuelo de Vir­gin Ga­lac­tic, y des­cu­brir desde la al­tura que la Tie­rra, para su sor­presa, no es plana.

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Es te­rro­rí­fico com­pro­barlo, pero si se pre­gunta a al­guien por el trato que la prensa da a los te­mas re­la­cio­na­dos con su pro­fe­sión, la res­puesta más suave que se ob­tiene es «poco ri­gu­roso». Sin­ce­ra­mente y sin exa­ge­ra­cio­nes, es co­ti­diano ver a al­gún amigo o co­no­cido lle­varse las ma­nos a la ca­beza le­yendo ar­tícu­los pe­rio­dís­ti­cos es­cri­tos de cual­quier ma­nera, fal­tando a la ver­dad, omi­tiendo da­tos fun­da­men­ta­les o con­fun­diendo tér­mi­nos, mé­to­dos, nom­bres o con­cep­tos. Y sólo es­toy ha­blando de da­tos ob­je­ti­vos, que puede com­pro­bar cual­quier per­sona con suma fa­ci­li­dad (con mu­cha más fa­ci­li­dad que cuando exis­tía el ri­gor pe­rio­dís­tico), no en­tro en te­mas sub­je­ti­vos, ni por su­puesto políticos.

La cien­cia, en cual­quiera de sus fa­ce­tas, es la ma­yor damnificada.

El pro­blema de esta ac­ti­tud, que com­par­ten –sin atisbo al­guno de ver­güenza– to­dos y cada uno de los me­dios es­cri­tos y au­dio­vi­sua­les de nues­tro país, es que real­mente crean opi­nión, usando in­for­ma­ción erró­nea y con­fun­diendo, in­du­ciendo a erro­res, a ve­ces graves, a gran­des sec­to­res de la so­cie­dad, que de­po­si­tan su con­fianza en la in­for­ma­ción que re­ci­ben de los me­dios tra­di­cio­nal­mente serios.

Hace unos días es­cu­chaba la ra­dio en el co­che cuando el pro­grama «Ju­lia en la onda», de Ju­lia Otero, aglu­tinó la ma­yor can­ti­dad de bar­ba­ri­da­des por mi­nuto que yo ha­bía es­cu­chado desde ha­cía tiempo. La pri­mera, un clá­sico. In­ter­net es un in­vento mi­li­tar. An­tón Reixa di­xit. Y los or­de­na­do­res tam­bién, hom­bre. Lea us­ted so­bre lo que dice. Para ser un in­te­lec­tual, no sólo hay que parecerlo.

Tam­bién dijo que no en­ten­día para qué ha­bía­mos ido a la luna, el lum­bre­ras. Con la de co­sas que ha­cen falta aquí. Otro clásico.

La­men­ta­ble­mente la pre­sen­ta­dora des­pués co­nectó con Je­sús Her­mida, ex­celso na­rra­dor para TVE del evento más im­por­tante de la his­to­ria de la Hu­ma­ni­dad, que ocu­rrió el 20 de ju­lio de 1969. En­tre chan­zas lle­ga­ban a la con­clu­sión de lo poco que ha­bía apor­tado la ca­rrera es­pa­cial a la hu­ma­ni­dad, con los 25.000 mi­llo­nes de dó­la­res que se ha­bían invertido.

Los es­tu­dios rea­li­za­dos al res­pecto in­di­can que por cada dó­lar in­ver­tido en la in­ves­ti­ga­ción es­pa­cial, se han re­cu­pe­rado en­tre 7 y 20. Ade­más del ke­vlar, el vel­cro, el te­flón, los do­do­tis, los ali­men­tos lio­fi­li­za­dos, sin ha­blar de los avan­ces pu­ra­mente cien­tí­fi­cos que las mi­sio­nes Apolo con­si­guie­ron. Un pu­ñado de ro­cas sin va­lor, era el re­su­men de lo con­se­guido, se­gún los ter­tu­lia­nos. Apa­gué la radio.

En un país en el que los úni­cos pe­rio­dis­tas es­pe­cia­li­za­dos son los de­por­ti­vos y los tau­ri­nos, si­gue ha­biendo edi­to­res y di­rec­ti­vos que se que­jan de la de­ca­den­cia de los me­dios tradicionales.

Pues vale.

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TARDIS

En el blog del que­jica no po­día fal­tar una re­fe­ren­cia a Doc­tor Who — quizá la se­rie de cien­cia fic­ción más co­no­cida del mundo tras Star Trek, y se­guro que la más lon­geva— y al tra­ta­miento que se le ha dado en nues­tro país.

En Es­paña la pri­mera tem­po­rada de la se­rie de 2005 (ni ha­blar de la po­si­bi­li­dad re­mota de res­ca­tar, do­blar o sub­ti­tu­lar la de 1963) se emi­tió hace dos años y me­dio en la ca­dena de pago people+arts con un pé­simo do­blaje, en for­mato 4:3, sin pena ni glo­ria. Hay que de­cir que la te­má­tica del ca­nal viene a ser como la de Cos­mo­po­li­tan, así que como si no se hu­biera emi­tido. Aun­que yo la viera. Hay que des­ta­car que el año pa­sado fue res­ca­tada por SciFi Es­paña, con nuevo do­blaje (ni que de­cir tiene que yo ya la ha­bía visto com­pleta en in­glés, claro) y que, fiel a su po­lí­tica de emi­tir los pro­gra­mas mal y tarde, no sé a qué es­pera a pro­gra­mar el resto, coño, que en el Reino Unido se ha aca­bado de emi­tir la cuarta tem­po­rada. Con­ti­nuar leyendo »

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El fi­nal

Ha­blar del fi­nal de Battles­tar Ga­lac­tica es ha­blar de mu­chas co­sas. En pri­mer lu­gar, es ha­blar del fi­nal de una de las me­jo­res se­ries de la his­to­ria. Si vi­viera en los EEUU, eso se­ría todo. Como vivo en Es­paña, un país donde el de­porte na­cio­nal es des­co­jo­narse del pró­jimo, hasta es más di­ver­tido es­cri­bir so­bre las cir­cuns­tan­cias que ro­dean la emi­sión que so­bre la pro­pia serie.

Como mu­chos ya sa­bréis, los últi­mos diez epi­so­dios de Ga­lac­tica (se­gunda parte de la cuarta tem­po­rada, in­te­rrum­pida por la huelga de guio­nis­tas) ter­mi­na­ron de emi­tirse en Es­ta­dos Uni­dos el pa­sado 22 de marzo. En Es­paña la pri­mera parte de la tem­po­rada se vio de oc­tu­bre a di­ciem­bre de 2008, mes en el que sa­lió a la venta el pack DVD con los diez ca­pí­tu­los y «Ra­zor», la pe­lí­cula que hace de puente con la ter­cera temporada.

Desde di­ciem­bre, pues, en SciFi Es­paña no ha ha­bido no­ti­cia al­guna so­bre la emi­sión del resto de la se­rie. Bueno, sí. Han puesto los diez pri­me­ros ca­pí­tu­los otra vez. Aca­bada la re­po­si­ción, nada. Ni una no­ti­cia en la pá­gina web. Nada de nada.

SciFi Es­paña está gas­tando su (ya escaso) tiempo y el de sus es­pec­ta­do­res en se­ries que en USA lle­van ya tiempo can­ce­la­das. Hasta es­tán or­ga­ni­zando una Gira del Co­che Fan­tás­tico. Dios. Con­ti­nuar leyendo »

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