• Filosofía de la Señorita Pepis

    A mí del có­mic el que me gus­ta es Moe­bius, que es un ca­chon­do. Lo úl­ti­mo que me leí de Frank Mi­ller fue ha­ce ca­si vein­te años –Bat­man año uno, creo – , y por su­pues­to no ha­bía ca­ta­do ni me­dia de la mag­na obra de Moo­re y Gib­bons. Y el otro día me la al­qui­lé. La pe­lí­cu­la del año, tras El Ca­ba­lle­ro Os­cu­ro, decían.

    Lle­ga­dos a es­te pun­to, de­bo acla­rar que yo veo, oi­go y leo cien­cia fic­ción y su­per­hé­roes por­que soy un mi­li­tan­te, es­tá en mi ADN. Es de­cir, leía los vo­lú­me­nes ca­pa­dos de la Mar­vel de Edi­cio­nes Vér­ti­ce, me sa­lió el ve­llo pú­bi­co mien­tras veía El Im­pe­rio Con­tra­ata­ca y me en­ce­rra­ba en el ba­ño con Ghi­ta de Ali­zarr. Es­to lo di­go por­que el he­cho de que me tra­gue to­das las fri­ca­das que lle­gan a mis ma­nos, no quie­re de­cir que no dis­tin­ga la ca­li­dad de lo que veo o leo. (Por cier­to, he de­ja­do de ver Plu­tón).

    A lo que iba. Que de­jé de leer có­mics. Eran muy ca­ros, ade­más. Ne­ce­si­ta­ba el di­ne­ro pa­ra cubatas.

    Leer lo que un per­so­na­je pien­sa en ca­da vi­ñe­ta de ca­da pá­gi­na es un co­ña­zo. Eso sin con­tar que los enor­mes bo­ca­di­llos de tex­to de­jan po­co si­tio pa­ra los di­bu­jos. Por eso no he ido a ver el Spi­rit de Frank Mi­ller. Eso es un sa­cri­le­gio. Los que amen pro­fun­da­men­te a Will Eis­ner co­mo yo me entenderán.

    To­do es­to es pa­ra de­cir­les que Watch­men me pa­re­ce una pe­lí­cu­la pre­ten­cio­sa, gran­di­lo­cuen­te y va­cía. Y a ve­ces, ri­dí­cu­la. Con su clí­max cuan­do un su­per­hé­roe eya­cu­la­dor pre­coz re­cu­pe­ra su mo­jo al cal­zar­se de nue­vo el tra­je de Búho Noc­turno. Enor­me, va­mos. Y el po­bre del Doc­tor Manhat­tan que le de­ja la novia.

    ¡An­da ya!


  • Ambientes

    Es­ta ma­ña­na lle­vé a mi hi­ja al co­le­gio; ha­bía llo­vi­do y el sue­lo es­ta­ba en­char­ca­do. Ade­más, un po­co de nie­bla ha­cía el ai­re es­pe­cial­men­te hú­me­do, co­mo el que se res­pi­ra en la du­cha. Los ni­ños su­bie­ron a cla­se tras el tim­bre sin pri­sa pe­ro or­de­na­da­men­te, y en un par de mi­nu­tos el pa­tio del co­le­gio se que­dó de­sier­to, de­jan­do so­lo el feo edi­fi­cio en una ma­ña­na bru­mo­sa lle­na de si­len­cio. Y gris.

    El si­len­cio y la nie­bla me re­cor­da­ron Battles­tar Ga­lac­ti­ca, y la te­rri­ble y con­ti­nua sen­sa­ción de so­le­dad que con­si­gue trans­mi­tir en ca­da mi­nu­to, que co­mo esa nie­bla de fon­do te chi­lla a ca­da mo­men­to que no hay es­pe­ran­za, que só­lo unos po­cos va­gan sin rum­bo y ha­cia nin­gún si­tio des­pués de ca­si ser ex­ter­mi­na­dos. Des­pués me fui a tra­ba­jar y al ra­to sa­lió el sol.


  • Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet

    Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet

    An­te la in­clu­sión en el An­te­pro­yec­to de Ley de Eco­no­mía sos­te­ni­ble de mo­di­fi­ca­cio­nes le­gis­la­ti­vas que afec­tan al li­bre ejer­ci­cio de las li­ber­ta­des de ex­pre­sión, in­for­ma­ción y el de­re­cho de ac­ce­so a la cul­tu­ra a tra­vés de In­ter­net, los pe­rio­dis­tas, blog­gers, usua­rios, pro­fe­sio­na­les y crea­do­res de in­ter­net ma­ni­fes­ta­mos nues­tra fir­me opo­si­ción al pro­yec­to, y de­cla­ra­mos que…

    1.- Los de­re­chos de au­tor no pue­den si­tuar­se por en­ci­ma de los de­re­chos fun­da­men­ta­les de los ciu­da­da­nos, co­mo el de­re­cho a la pri­va­ci­dad, a la se­gu­ri­dad, a la pre­sun­ción de ino­cen­cia, a la tu­te­la ju­di­cial efec­ti­va y a la li­ber­tad de expresión.

    2.- La sus­pen­sión de de­re­chos fun­da­men­ta­les es y de­be se­guir sien­do com­pe­ten­cia ex­clu­si­va del po­der ju­di­cial. Ni un cie­rre sin sen­ten­cia. Es­te an­te­pro­yec­to, en con­tra de lo es­ta­ble­ci­do en el ar­tícu­lo 20.5 de la Cons­ti­tu­ción, po­ne en ma­nos de un ór­gano no ju­di­cial ‑un or­ga­nis­mo de­pen­dien­te del mi­nis­te­rio de Cultura‑, la po­tes­tad de im­pe­dir a los ciu­da­da­nos es­pa­ño­les el ac­ce­so a cual­quier pá­gi­na web.

    3.- La nue­va le­gis­la­ción crea­rá in­se­gu­ri­dad ju­rí­di­ca en to­do el sec­tor tec­no­ló­gi­co es­pa­ñol, per­ju­di­can­do uno de los po­cos cam­pos de de­sa­rro­llo y fu­tu­ro de nues­tra eco­no­mía, en­tor­pe­cien­do la crea­ción de em­pre­sas, in­tro­du­cien­do tra­bas a la li­bre com­pe­ten­cia y ra­len­ti­zan­do su pro­yec­ción internacional.

    4.- La nue­va le­gis­la­ción pro­pues­ta ame­na­za a los nue­vos crea­do­res y en­tor­pe­ce la crea­ción cul­tu­ral. Con In­ter­net y los su­ce­si­vos avan­ces tec­no­ló­gi­cos se ha de­mo­cra­ti­za­do ex­tra­or­di­na­ria­men­te la crea­ción y emi­sión de con­te­ni­dos de to­do ti­po, que ya no pro­vie­nen pre­va­len­te­men­te de las in­dus­trias cul­tu­ra­les tra­di­cio­na­les, sino de mul­ti­tud de fuen­tes diferentes.

    5.- Los au­to­res, co­mo to­dos los tra­ba­ja­do­res, tie­nen de­re­cho a vi­vir de su tra­ba­jo con nue­vas ideas crea­ti­vas, mo­de­los de ne­go­cio y ac­ti­vi­da­des aso­cia­das a sus crea­cio­nes. In­ten­tar sos­te­ner con cam­bios le­gis­la­ti­vos a una in­dus­tria ob­so­le­ta que no sa­be adap­tar­se a es­te nue­vo en­torno no es ni jus­to ni rea­lis­ta. Si su mo­de­lo de ne­go­cio se ba­sa­ba en el con­trol de las co­pias de las obras y en In­ter­net no es po­si­ble sin vul­ne­rar de­re­chos fun­da­men­ta­les, de­be­rían bus­car otro modelo.

    6.- Con­si­de­ra­mos que las in­dus­trias cul­tu­ra­les ne­ce­si­tan pa­ra so­bre­vi­vir al­ter­na­ti­vas mo­der­nas, efi­ca­ces, creí­bles y ase­qui­bles y que se ade­cuen a los nue­vos usos so­cia­les, en lu­gar de li­mi­ta­cio­nes tan des­pro­por­cio­na­das co­mo in­efi­ca­ces pa­ra el fin que di­cen perseguir.

    7.- In­ter­net de­be fun­cio­nar de for­ma li­bre y sin in­ter­fe­ren­cias po­lí­ti­cas aus­pi­cia­das por sec­to­res que pre­ten­den per­pe­tuar ob­so­le­tos mo­de­los de ne­go­cio e im­po­si­bi­li­tar que el sa­ber hu­mano si­ga sien­do libre.

    8.- Exi­gi­mos que el Go­bierno ga­ran­ti­ce por ley la neu­tra­li­dad de la Red en Es­pa­ña, an­te cual­quier pre­sión que pue­da pro­du­cir­se, co­mo mar­co pa­ra el de­sa­rro­llo de una eco­no­mía sos­te­ni­ble y rea­lis­ta de ca­ra al futuro.

    9.- Pro­po­ne­mos una ver­da­de­ra re­for­ma del de­re­cho de pro­pie­dad in­te­lec­tual orien­ta­da a su fin: de­vol­ver a la so­cie­dad el co­no­ci­mien­to, pro­mo­ver el do­mi­nio pú­bli­co y li­mi­tar los abu­sos de las en­ti­da­des gestoras.

    10.- En de­mo­cra­cia las le­yes y sus mo­di­fi­ca­cio­nes de­ben apro­bar­se tras el opor­tuno de­ba­te pú­bli­co y ha­bien­do con­sul­ta­do pre­via­men­te a to­das las par­tes im­pli­ca­das. No es de re­ci­bo que se reali­cen cam­bios le­gis­la­ti­vos que afec­tan a de­re­chos fun­da­men­ta­les en una ley no or­gá­ni­ca y que ver­sa so­bre otra materia.

    Es­te ma­ni­fies­to, ela­bo­ra­do de for­ma con­jun­ta por va­rios au­to­res, es de to­dos y de nin­guno. Si quie­res su­mar­te a él, di­fún­de­lo por Internet. 


  • We are coming

    We are coming

    Cues­tio­nar los es­crú­pu­los de los po­lí­ti­cos —de cual­quier signo, acla­ro— en los tiem­pos que co­rren es una ta­rea ar­dua. Y no por­que no den mues­tra de su fal­ta de ma­ne­ra co­ti­dia­na, sino por­que se es­can­da­li­zan y se ras­gan las ves­ti­du­ras, los muy cí­ni­cos, pre­ten­dien­do que son só­lo unos po­cos los que ac­túan de for­ma in­tere­sa­da, y que la in­men­sa ma­yo­ría de ellos son unos ben­di­tos ser­vi­do­res de la so­cie­dad, que de­rro­chan su vi­da y su tra­ba­jo co­mo her­ma­ni­tas de la ca­ri­dad, en pos de la so­cie­dad y de los ciu­da­da­nos, a ries­go de su sa­lud y su familia.

    Y una mier­da, hombre.

    En­ci­ma los me­dios de co­mu­ni­ca­ción se en­car­gan de ma­cha­car el men­sa­je. La cla­se po­lí­ti­ca es bue­na, só­lo hay al­gu­nos co­rrup­tos, só­lo unos po­cos son ma­los, el res­to es gen­te de bien que se preo­cu­pa por nosotros.

    Co­mo siem­pre, la Cien­cia Fic­ción —con ma­yús­cu­las— se ocu­pa de ob­viar esa co­rrec­ción po­lí­ti­ca, de de­cir las ver­da­des con otras pa­la­bras, de tra­du­cir una reali­dad tra­ves­ti­da al len­gua­je de la trá­gi­ca y de­ni­gran­te ver­dad. Des­de que Star Trek em­pe­za­ra a de­nun­ciar el ra­cis­mo, la gue­rra de Viet­nam, el ma­chis­mo o la ho­mo­fo­bia es­cu­dán­do­se en guio­nes de na­ves es­pa­cia­les, esa Cien­cia Fic­ción ha pa­sa­do de abor­dar el te­ma del te­rro­ris­mo, con to­da su cru­de­za, en Battles­tar Ga­lac­ti­ca, a de­nun­ciar la ab­yec­ción de la po­lí­ti­ca y la po­dre­dum­bre del es­ta­do en Torch­wood: Chil­dren of Earth, la ter­ce­ra tem­po­ra­da de la se­rie, que se ha emi­ti­do en for­ma­to mi­ni­se­rie (cin­co ca­pí­tu­los) en el Rei­no Uni­do en Ju­lio de es­te año.

    No quie­ro ha­cer una si­nop­sis de la tem­po­ra­da ni avan­zar spoi­lers. El ob­je­ti­vo de es­ta en­tra­da es que la veáis. El éxi­to co­se­cha­do tan­to en el Rei­no Uni­do co­mo en Los EE UU no es ca­sual; el guión es sor­pren­den­te, ate­rra­dor, elec­tri­zan­te. Los per­so­na­jes es­tán cons­trui­dos con cru­de­za y rea­lis­mo, es­pe­cial­men­te los de John Fro­bisher (Pe­ter Ca­pal­di) y Ali­ce Car­ter (Lucy Co­hu). Los po­cos fa­llos, y los ex­ce­sos, que los hay, se per­do­nan con ale­gría, por­que asis­ti­mos a un es­pec­tácu­lo que es­tá sin du­da en­tre los me­jo­res del año en la televisión.

    Ni que de­cir tie­ne que ni es­tá pro­gra­ma­da en Es­pa­ña ni tie­ne vi­sos de es­tar­lo. Se­gui­mos en las mis­mas. Y co­mo véis, he reanu­da­do el blog lleno de op­ti­mis­mo y ale­gría. Bueno, así es mi terapia.

    Co­mo siem­pre, pa­ra en­ten­der el tí­tu­lo hay que ver la se­rie. Ese sí es un spoiler.


  • Dos mil docenas

    Ni si­quie­ra los que han es­tu­dia­do el ca­len­da­rio ma­ya ése se po­nen de acuer­do so­bre cuán­do ter­mi­na o de­ja de ter­mi­nar y en qué año. Y es­tre­nan una pe­lí­cu­la y ya hay gen­te que es­tá aco­jo­na­da por­que en 2012 se aca­ba el mun­do. Y otros que le­van­tan una ce­ja mien­tras ha­blan de Nos­tra­da­mus y de los ma­yas y de sus castas.

    Dos mil do­ce­nas de gilipollas.


  • Extractos mínimos (VI)

    Aro­vac vol­vió a ba­jar otra vez pa­ra con­ven­cer­se. Es­tu­vo va­rios me­ses en su pi­so al­qui­la­do de Pa­rís. Le gus­ta­ba Pa­rís por­que te­nía un po­co de to­do, y un po­co más de na­tu­ra­le­za, aun­que fue­ra un po­co ca­ro. El di­ne­ro no era im­por­tan­te pe­ro le pa­re­cían un po­co in­mo­ra­les aque­llos pre­cios, co­no­cien­do co­mo co­no­cía a la ra­za.

    Les ha­bía to­ma­do ca­ri­ño, con el tiem­po. Pe­se a su bru­ta­li­dad, a su ava­ri­cia. Ha­bía co­no­ci­do ejem­pla­res bri­llan­tes, con los que ape­nas se ha­bía abu­rri­do. Pe­ro se le aca­ba­ba el tiem­po y no era po­si­ble re­cu­pe­rar­lo. Se ha­bía in­te­rrum­pi­do el pro­gra­ma lu­nar ha­cía más de un cuar­to de si­glo y la si­guien­te vi­si­ta no es­ta­ba pre­vis­ta pa­ra an­tes de diez años. No po­día in­ter­ve­nir, pe­ro se re­sis­tía a creer que la ra­za en­te­ra ti­ra­ba la toa­lla, aho­ra que los ras­ga­dos ha­bían to­ma­do partido.

    Sus ór­de­nes eran es­tric­tas. Mu­chos sis­te­mas que ob­ser­var y muy po­cos ob­ser­va­do­res. Lle­va­ba más de trein­ta años en la in­ves­ti­ga­ción y los re­sul­ta­dos eran bas­tan­te de­cep­cio­nan­tes. «Sis­te­ma ce­rra­do pa­ra con­tac­to; ci­vi­li­za­ción em­brio­na­ria. Sus­pen­der ob­ser­va­ción y con­tac­to in­de­fi­ni­da­men­te.» Aro­vac subió y se des­pi­dió si­len­cio­so del azul, pre­gun­tán­do­se lo que ha­bría ocu­rri­do si aquel Apo­lo 18 hu­bie­ra des­pe­ga­do. Pa­sa­rían mi­le­nios an­tes de volver.


  • Ciencia y políticos

    Te­néis que leer es­te blog, y es­te ar­tícu­lo en par­ti­cu­lar. Y enor­me­men­te re­co­men­da­ble, in­clu­so obli­ga­to­rio, ver y es­cu­char las Re­fle­xio­nes de Re­pron­to, en su ter­ce­ra tem­po­ra­da. Ven­ga, que lue­go es tarde.


  • Opiniones

    La opi­nión es un bo­rra­dor de la ver­dad pro­pia, y co­mo tal de­be es­tar so­me­ti­da a cons­tan­te re­vi­sión, si la bús­que­da de la ver­dad exis­te en uno mis­mo. Esa es la que res­pe­to. Si uno de­ja de bus­car la ver­dad y con­vier­te la opi­nión en cer­te­za, des­pre­cia esa bús­que­da en los de­más y en sí mis­mo. Esa nun­ca la respetaré.


  • Saramago y la Luna

    Cuan­do bus­ca­ba re­fe­ren­cias pa­ra la en­tra­da que lla­mé Pa­pa­rru­chas, en­con­tré es­te ar­tícu­lo de Car­los Ló­pez Díaz, en mi hu­mil­de opi­nión lleno de sen­ti­do co­mún, que coin­ci­de en par­te con el con­te­ni­do de mi post so­bre Dra­gó. Se ex­tien­de so­bre otras his­to­rias y apun­ta un ar­tícu­lo de Jo­sé Sa­ra­ma­go en El País, ti­tu­la­do Lu­na.

    Ten­go que re­co­no­cer que Sa­ra­ma­go me cae bien, pe­se a que ca­si to­das las co­sas que di­ce –al mar­gen de la li­te­ra­tu­ra, cla­ro– me pa­re­cen ton­te­rías bas­tan­te so­lem­nes. Qui­zá sea esa ima­gen que ofre­ce de buen hom­bre, bien in­ten­cio­na­do y mal acon­se­ja­do, la que in­flu­ye en mi áni­mo cuan­do le oi­go des­ba­rrar so­bre cual­quier te­ma que des­co­no­ce de ma­ne­ra ín­ti­ma, y me vuel­ve con­des­cen­dien­te. Lo con­tra­rio que con la ma­yo­ría de los pe­rio­dis­tas es­pe­cia­li­za­dos.

    Apro­ve­cho es­ta nue­va opor­tu­ni­dad pa­ra abun­dar en mi pro­fun­do des­pre­cio por la ac­ti­tud de mu­chos in­te­lec­tua­les, que se jac­tan de des­co­no­cer y abo­mi­nar de la tec­no­lo­gía y la Cien­cia. Ver­da­de­ros anal­fa­be­tos fun­cio­na­les en la mi­tad de la sa­bi­du­ría de nues­tra so­cie­dad, que no por eso de­jan de opi­nar so­bre te­mas cien­tí­fi­cos, co­mo la ener­gía y el me­dio am­bien­te. Y di­go es­to sin segundas.

    En un ar­tícu­lo be­lla­men­te re­dac­ta­do, y tras flir­tear –co­mo tan­tos otros– con la ve­ra­ci­dad de la lle­ga­da del Hom­bre a la Lu­na, Sa­ra­ma­go, lleno de esa des­aso­se­gan­te sau­da­de,  escribe:

    […] lle­go a la de­so­la­do­ra con­clu­sión de que al fi­nal nin­gún gran pa­so pa­ra la hu­ma­ni­dad fue da­do y que nues­tro fu­tu­ro no es­tá en las es­tre­llas, sino siem­pre y só­lo en la Tie­rra en que asen­ta­mos los pies. Co­mo ya de­cía en la pri­me­ra de esas cró­ni­cas: No per­da­mos no­so­tros la Tie­rra, que to­da­vía se­rá la úni­ca ma­ne­ra de no per­der la Lu­na’ »

    No pue­do es­tar más en des­acuer­do. La ex­plo­ra­ción, el des­cu­bri­mien­to, la con­quis­ta de lo des­co­no­ci­do son los mo­to­res que han lle­va­do a la hu­ma­ni­dad a su más al­to gra­do de ci­vi­li­za­ción. Lo con­tra­rio es pu­ro con­ser­va­du­ris­mo. Es mie­do a lo in­ex­plo­ra­do, es la se­mi­lla del pro­vin­cia­nis­mo más obtuso.

    No per­da­mos no­so­tros la Lu­na, que to­da­vía se­rá la úni­ca ma­ne­ra de no per­der la Tierra.


  • Hoy en twitter…

    • Leer có­mo Tar­kovs­ki nin­gu­nea a John Ford es co­mo pen­sar en Stephen Haw­king lla­man­do hi­jo de pu­ta a Eins­tein. Ni más ni me­nos. #

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  • Hoy en twitter…

    • El PAN­TO­NE se in­ven­tó pa­ra que las mu­je­res de­ja­ran de po­ner­le nom­bre a los co­lo­res. #

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  • Mis diez mejores frases de la Ciencia Ficción

    «No con­si­go acos­tum­brar­me a es­tas resurrecciones»

    —Snaut (Jü­ri Järvet)
    So­la­ris (An­drei Tar­kovs­ki, 1972)—#10


    «Es­tá muer­to, Jim»

    —Leo­nard Mc­Coy (De­Fo­rest Kelley)
    Star Trek (1966)—#9


    «No se ofus­que con es­te te­rror tec­no­ló­gi­co que ha cons­trui­do. La po­si­bi­li­dad de des­truir un pla­ne­ta es al­go in­sig­ni­fi­can­te com­pa­ra­do con el po­der de la Fuerza»

    —Darth Va­der (Ja­mes Earl Jo­nes) a Moff Tar­kin (Pe­ter Cushing)
    La gue­rra de las ga­la­xias (Geor­ge Lu­cas, 1977)—#8


    «Da­ve, es­ta con­ver­sa­ción ya no tie­ne nin­gún sen­ti­do. Adiós»

    —HAL 9000
    2001: Una odi­sea del es­pa­cio (Stan­ley Ku­brick, 1968)—#7


    «Yo he vis­to co­sas que vo­so­tros no cree­ríais: Ata­car na­ves en lla­mas más allá de Orión. He vis­to ra­yos C bri­llar en la os­cu­ri­dad cer­ca de la Puer­ta de Tannhäu­ser. To­dos esos mo­men­tos se per­de­rán en el tiem­po co­mo lá­gri­mas en la llu­via. Es ho­ra de morir»

    —Roy Batty (Rut­ger Hauer)
    Bla­de Run­ner (Rid­ley Scott, 1982)—#6


    «[…] de­be­mos que­dar­nos aquí, y por una ra­zón muy sim­ple; pre­gun­te a diez cien­tí­fi­cos di­fe­ren­tes so­bre me­dio am­bien­te, con­trol de la po­bla­ción o ge­né­ti­ca y ob­ten­drá 10 res­pues­tas dis­tin­tas, pe­ro hay al­go en lo que to­dos los cien­tí­fi­cos del pla­ne­ta coin­ci­den. Ya sea den­tro de cien, mil o un mi­llón de años, con el tiem­po el sol de en­fria­rá y se apa­ga­rá, y cuan­do eso ocu­rra no so­lo se­rá nues­tro fin, sino el de Ma­rilyn Mon­roe, Lao-Tzu, Eins­tein, Nel­son Man­de­la, Buddy Holly, Aris­tó­fa­nes; y to­do es­to, to­do es­to ha­brá si­do inú­til si no lle­ga­mos a las estrellas»

    —Jef­frey Sin­clair (Mi­chael O’Hare)
    Baby­lon 5 (1994)—#5


    «¿Sa­be lo que me gus­ta de las his­to­rias so­bre Klin­gons? Na­da. Mue­re un mon­tón de gen­te y na­die ob­tie­ne beneficios»

    —Quark (Ar­min Shimerman)
    Star Trek: Es­pa­cio Pro­fun­do Nue­ve (1993)—#4


    «[… ] vi ex­plo­tar una es­tre­lla y es­par­cir las pie­zas con las que se ar­ma el uni­ver­so. Otras es­tre­llas, otros pla­ne­tas y qui­zás otra vi­da. ¡Una su­per­no­va, la Crea­ción mis­ma! Yo es­ta­ba allí. Yo que­ría ver aque­llo y for­mar par­te de ese ins­tan­te. ¿Sa­bes có­mo per­ci­bí uno de los acon­te­ci­mien­tos más glo­rio­sos del uni­ver­so? Con es­tas ri­dí­cu­las es­fe­ras ge­la­ti­no­sas de mi crá­neo. Con ojos di­se­ña­dos pa­ra per­ci­bir una in­sig­ni­fi­can­te frac­ción del es­pec­tro elec­tro­mag­né­ti­co. Con oí­dos di­se­ña­dos só­lo pa­ra es­cu­char vi­bra­cio­nes del ai­re. […] ¡Yo no quie­ro ser hu­mano! ¡Quie­ro ver los ra­yos gam­ma! ¡Quie­ro oír los ra­yos X! ¡Y quie­ro oler la ma­te­ria os­cu­ra! ¿Ves lo ab­sur­do de lo que soy? Ni si­quie­ra pue­do ex­pre­sar es­tas co­sas con pro­pie­dad, por­que ten­go que con­cep­tua­li­zar ideas com­ple­jas con es­te es­tú­pi­do y li­mi­tan­te len­gua­je. Pe­ro sé que no quie­ro es­tas pa­tas pren­si­les pa­ra mo­ver­me. Y sí quie­ro sen­tir el vien­to de la su­per­no­va so­plar so­bre mí. ¡Soy una má­qui­na, y quie­ro sa­ber mu­cho más! ¡Pue­do ex­pe­ri­men­tar mu­cho más, pe­ro es­toy atra­pa­do en es­te cuer­po ab­sur­do! ¿Y por qué? Por­que mis cin­co crea­do­res pen­sa­ron que Dios lo que­ría así»

    —John Ca­vil (Dean Stockwell)
    Battles­tar Ga­lac­ti­ca (2003)—#3


    «No­so­tros en ab­so­lu­to que­re­mos con­quis­tar el es­pa­cio, sino ex­pan­dir la Tie­rra has­ta el in­fi­ni­to. No que­re­mos otros mun­dos, sino un es­pe­jo. Bus­ca­mos un con­tac­to y nun­ca lo lo­gra­re­mos. Nues­tra es­tú­pi­da pos­tu­ra es la de al­guien es­for­zán­do­se por un ob­je­ti­vo que le ate­rra y no de­sea con­se­guir. ¡El hom­bre ne­ce­si­ta al hombre!»

    —Snaut (Jü­ri Järvet)
    So­la­ris (An­drei Tar­kovs­ki, 1972)—#2


    «Gue­rra es paz. Li­ber­tad es es­cla­vi­tud. Ig­no­ran­cia es fuerza»

    —Geor­ge Or­well, 1984—#1



  • Genios cretinos

    Bus­can­do otras co­sas, en­con­tré es­ta per­li­ta de An­drei Tar­kovs­ki —ci­neas­ta al que ad­mi­ro pro­fun­da­men­te co­mo ci­neas­ta— a pro­pó­si­to de 2001:

    «Cuan­do vi 2001, una odi­sea del es­pa­cio, ya su­pe per­fec­ta­men­te que lo que que­ría ha­cer en So­la­ris era al­go com­ple­ta­men­te opues­to y di­fe­ren­te a ella. Me pa­re­ce que ca­da es­ce­na es una ilus­tra­ción de re­vis­ta de cien­cia fic­ción. Y no pre­ci­sa­men­te ar­te grá­fi­co de bue­na calidad»

    Es­to de­mues­tra que un ge­nio tam­bién pue­de ser un gi­li­po­llas creí­do. Y que los as­pec­tos que los crea­do­res pien­san que de­fi­nen o dan ca­rác­ter a sus obras no son ne­ce­sa­ria­men­te los que real­men­te lo hacen.

    Cons­te que no ha­blo mal de Tar­kovs­ki por cri­ti­car 2001, lí­bre­me el cie­lo, sino por ha­cer­lo con ese des­pre­cio y au­to­su­fi­cien­cia. Tam­bién di­jo de La Di­li­gen­cia:

    «Es una pe­na ha­ber uti­li­za­do aquel pai­sa­je tan me­ta­fí­si­co pa­ra ro­dar una ma­la pe­lí­cu­la so­bre el dinero»

    Sin pa­la­bras.


  • Piedra, papel, tijeras, lagarto, Spock

    PPTLSHoy he vis­to el cuar­to ca­pí­tu­lo de la tem­po­ra­da de Plu­tón BRB. Ne­ro. Y la sen­sa­ción es que no es­tu­vo mal. Des­pués de die­ci­séis epi­so­dios, la luz al fi­nal del tú­nel. Al­go más de ac­ción, me­jor ac­tua­do (ex­cep­to Ca­ro­li­na Bang, que es in­sal­va­ble), al­go más di­ver­ti­do. In­clu­so me ha arran­ca­do al­gu­na sonrisa.

    La lás­ti­ma es que ac­to se­gui­do he vis­to el cuar­to ca­pí­tu­lo de la tem­po­ra­da de The Big Bang Theory. Ocu­rren­te, hi­la­ran­te, in­te­li­gen­te, chis­pean­te, di­ver­ti­da, rít­mi­ca. Bien in­ter­pre­ta­da, bien rea­li­za­da, bien mon­ta­da, bien me­di­da. TBBT es una se­rie so­bre fri­quis, con gui­ños pa­ra fri­quis, con ar­gu­men­tos pa­ra fri­quis, que, co­mo Fu­tu­ra­ma, ha­ce pa­sar es­tu­pen­dos ra­tos a cual­quie­ra que la vea, sea fri­qui o no. Es lo bueno de las bue­nas ideas bien de­sa­rro­lla­das; siem­pre sa­len bien.

    Des­gra­cia­da­men­te, Plu­tón es una se­rie me­dio­cre, por no de­cir ma­la, o muy ma­la, por­que se equi­vo­có en el plan­tea­mien­to. El pú­bli­co de una co­me­dia en una na­ve es­pa­cial es el que es. De­be­ría­mos apren­der de una pu­ñe­te­ra vez lo que los ame­ri­ca­nos ha­cen bien, y có­mo se ha­ce; ya lo vi­mos en Sie­te Vi­das, no es tan di­fí­cil. The Big Bang Theory es una co­me­dia pa­ra fri­quis que se emi­te en Pri­me Ti­me y no tie­ne pro­ble­mas de au­dien­cia. Plu­tón BRB. Ne­ro es una co­me­dia pa­ra fri­quis que se emi­te en la 2 a las 11 de la no­che, y que los fri­quis ve­mos por pu­ra militancia.

    Álex de la Igle­sia ha re­su­ci­ta­do el blog de la se­rie, y le­yen­do los úl­ti­mos posts pa­re­ce que es­tá real­men­te com­pla­ci­do con el re­sul­ta­do. No lo en­tien­do, pa­re­ce que es cier­to que uno se ena­mo­ra de su pro­pia mier­da, y per­dón por la ex­pre­sión. Pe­ro la au­to­com­pla­cen­cia no lle­va ge­ne­ral­men­te a la me­jo­ra de na­da. Es­tan­ca la evo­lu­ción y en­gran­de­ce las miserias.

    La­men­to es­cri­bir una en­tra­da tan ne­ga­ti­va con una co­sa en lu­gar de ha­ber­la re­dac­ta­do en po­si­ti­vo con otra, pe­ro leer el blog de Plu­tón me lo ha im­pe­di­do. Y la me­jor ma­ne­ra de en­sal­zar las bon­da­des de The Big Bang es ani­ma­ros a ver­la. Me­re­ce la pe­na, aun­que no seáis friquis.

    Yo por mi par­te se­gui­ré mi­li­tan­do ca­da miér­co­les. Qué va­mos a hacer.

    PD. Los que véis TBBT sa­béis de qué va el tí­tu­lo de es­te post. Los que no, ved la se­rie. Si no que­réis es­pe­rar, os lo es­poi­le­ri­zo a continuación.



  • Pronto

    No pue­do esperar…